Durante años, los récords climáticos parecían llegar acompañados de cifras enormes. Esta vez la diferencia fue de apenas una centésima de grado, pero ocurrió sobre una superficie tan descomunal que ha encendido todas las alarmas.
El 22 de agosto, la temperatura media diaria de la superficie de los océanos situados entre los 60 grados norte y los 60 grados sur alcanzó los 21,1 °C. El dato, adelantado por BBC Mundo, superó los 21,09 °C registrados durante tres jornadas de marzo de 2024.
No parece una distancia gigantesca. El problema es cuándo se produjo, qué extensión representa y lo que todavía falta por llegar.
El océano batió su récord fuera de temporada
El Servicio de Cambio Climático de Copernicus confirmó que se trata de la temperatura media diaria más alta de su registro, basado en datos disponibles desde 1979.
La fecha es casi tan importante como la cifra. Los océanos suelen alcanzar su máximo anual durante marzo o abril, al final del verano del hemisferio sur. Allí se concentra una mayor superficie marina que en el hemisferio norte, por lo que sus estaciones tienen más peso sobre el promedio mundial.
Esta vez el máximo apareció en agosto, cuando la curva global debería encontrarse bastante por debajo de su techo. También superó con claridad el anterior récord para este mes, de 20,98 °C, establecido en 2023.
Promediar el planeta esconde enormes diferencias regionales: no significa que todas las playas estén a 21,1 °C. Significa que el conjunto de la superficie oceánica no polar está acumulando una cantidad de calor excepcional.
El Niño todavía no ha enseñado toda su fuerza

El récord coincide con el rápido desarrollo de El Niño, un fenómeno natural que calienta las aguas del Pacífico tropical y altera las lluvias y temperaturas en gran parte del planeta.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos calcula una probabilidad superior al 90% de que el episodio alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno boreales de 2026-2027. Más llamativo todavía: estima un 69% de posibilidades de que supere la intensidad de todos los eventos registrados desde 1950.
La Organización Meteorológica Mundial también espera que continúe fortaleciéndose durante los próximos meses, aumentando la probabilidad de sequías, olas de calor y lluvias intensas. Sus efectos no serán idénticos en todos los países, pero pueden reorganizar los patrones meteorológicos a escala mundial.
El Niño, sin embargo, no explica por sí solo la temperatura alcanzada. Está añadiendo calor sobre unos océanos que llevan décadas calentándose por las emisiones humanas. Según la NASA, el mar ha absorbido aproximadamente el 90% del exceso de calor acumulado por el planeta durante el último siglo.
Un océano más caliente termina afectando también a tierra firme
El agua caliente ocupa más volumen, por lo que contribuye directamente al aumento del nivel del mar. También transfiere más calor y humedad a la atmósfera, aportando combustible para lluvias extremas y algunas tormentas especialmente intensas.
Bajo la superficie, el impacto puede ser devastador. Los corales se blanquean, las especies migran buscando aguas más frías y las cadenas alimentarias comienzan a alterarse. En julio, el 37% del océano mundial ya estaba bajo condiciones de ola de calor marina. NOAA prevé que esa cobertura pueda llegar al 45% durante el invierno boreal, el nivel más alto desde al menos 1991.
El escenario más inquietante está unos meses por delante. Si el océano rompió su récord en agosto, antes de que El Niño alcance su máxima intensidad y muy lejos del pico estacional de marzo o abril, la marca de 21,1 °C podría convertirse rápidamente en otra cifra del pasado.