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Ciencia

Microorganismos terrestres podrían sobrevivir durante meses en la Luna y la NASA ya ve un problema

Un estudio publicado en Science Advances señala que algunos hongos y bacterias transportados accidentalmente por astronautas podrían resistir en pequeños refugios del polo sur lunar. El hallazgo no demuestra que exista vida en la Luna, pero plantea un desafío para Artemis y las futuras búsquedas de señales biológicas fuera de la Tierra.
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La Luna parece uno de los lugares menos hospitalarios para la vida: prácticamente no tiene atmósfera, está sometida a una intensa radiación y su superficie experimenta temperaturas extremas. Sin embargo, eso no significa necesariamente que todos los microorganismos terrestres mueran inmediatamente después de llegar allí.

Una investigación liderada por científicos de la NASA sugiere que determinadas bacterias y hongos podrían mantenerse viables durante semanas e incluso meses si alcanzaran pequeños lugares protegidos de la radiación solar en el polo sur lunar.

El estudio, publicado en Science Advances, no encontró vida en nuestro satélite. El problema que plantea es diferente: los propios humanos podrían llevar microorganismos hasta la Luna y algunos conseguirían sobrevivir lo suficiente como para contaminar lugares que los científicos esperan estudiar en las próximas décadas.

Una huella podría crear un pequeño refugio para microorganismos

El equipo encabezado por el científico planetario Prabal Saxena, del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, utilizó simulaciones computacionales junto con observaciones del Lunar Reconnaissance Orbiter.

Microorganismos terrestres podrían sobrevivir durante meses en la Luna y la NASA ya ve un problema
© Magnific

Los investigadores analizaron las condiciones de lugares próximos al polo sur como Nobile Rim, Connecting Ridge y De Gerlache Rim, teniendo en cuenta factores como la temperatura, la radiación solar y las características del terreno. Los resultados apuntan a la existencia de pequeños “nichos de supervivencia” donde las condiciones serían ligeramente menos destructivas para algunos microorganismos.

Y no necesitarían ser enormes.

Según la investigación, determinadas zonas protegidas podrían tener un tamaño comparable incluso al de la huella dejada por un astronauta. Una pequeña depresión o sombra podría reducir suficientemente la exposición directa y aumentar el tiempo durante el cual ciertas formas de vida terrestre permanecen viables.

Un hongo resultó especialmente resistente

Los investigadores evaluaron diferentes microorganismos conocidos por su capacidad para soportar condiciones adversas. Entre ellos estaban Aspergillus niger, Fusarium, Deinococcus radiodurans, Staphylococcus aureus y Bacillus subtilis.

Uno de los resultados más llamativos correspondió a Aspergillus niger, un hongo extremadamente resistente que ya ha sido identificado anteriormente en ambientes espaciales como la Estación Espacial Internacional.

Según las simulaciones, podría conservar su viabilidad incluso bajo determinadas condiciones de exposición solar, convirtiéndose en uno de los candidatos con mayores posibilidades de resistir temporalmente sobre la superficie lunar. Esto no significa que estos organismos pudieran establecer colonias y desarrollarse normalmente en la Luna. Sobrevivir durante cierto tiempo y reproducirse de manera estable son cuestiones muy diferentes.

Artemis tendrá que preocuparse también por lo que llevemos desde la Tierra

El descubrimiento resulta especialmente relevante ante el regreso de astronautas al entorno lunar mediante el programa Artemis.

Cada persona, traje, herramienta o vehículo que llegue al polo sur puede transportar microorganismos procedentes de la Tierra. Si algunos consiguen sobrevivir, podrían terminar presentes en lugares que posteriormente sean analizados científicamente. Esto genera un problema de protección planetaria.

Si en el futuro aparece una señal química o biológica inesperada en una muestra lunar, los investigadores necesitarán determinar si forma parte naturalmente del entorno o si llegó allí junto con una misión humana.

El mismo problema será todavía más importante en Marte, donde una eventual detección de vida tendría consecuencias científicas enormes. Por eso, estudiar cuánto tiempo pueden sobrevivir nuestros microorganismos fuera de la Tierra no consiste únicamente en descubrir qué tan resistentes son.

También supone responder una pregunta que será cada vez más importante a medida que aumente la exploración espacial: ¿cómo buscar vida en otros mundos sin llevar la nuestra primero?

 

 

Fuente: Noticias Ambientales.

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