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Ciencia

La famosa ‘Roca Génesis’ fue solo una pieza de los 382 kilos que las misiones Apolo trajeron de la Luna. Medio siglo después, otras muestras han revelado cómo un magma imposible consiguió llegar a la superficie

La roca encontrada por el Apolo 15 era un fragmento de la corteza lunar primitiva. El nuevo enigma estaba en unas lavas ricas en titanio cuyo origen no encajaba con los modelos: eran demasiado densas para ascender desde el interior de la Luna.
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El 1 de agosto de 1971, el comandante del Apolo 15, David Scott, vio una roca clara sobre la superficie lunar y comprendió inmediatamente que podía ser especial. “Creo que encontramos aquello que vinimos a buscar”, comunicó a Houston.

La muestra 15415 terminó siendo conocida como la Roca Génesis. Era una anortosita de aproximadamente 4.000 millones de años, formada durante las primeras etapas de la corteza lunar, según la historia publicada por la NASA.

Sin embargo, aquella roca era solamente una pieza de una colección mucho mayor. Las seis misiones Apolo que alunizaron regresaron con 2.196 muestras que, juntas, pesaban 382 kilos. Dentro de esas cajas también había antiguas lavas solidificadas cuya composición desconcertaría a los geólogos durante medio siglo.

La Luna tenía un magma que, en teoría, no podía salir

La famosa ‘Roca Génesis’ fue solo una pieza de los 382 kilos que las misiones Apolo trajeron de la Luna. Medio siglo después, otras muestras han revelado cómo un magma imposible consiguió llegar a la superficie
© Chris Gunn.

Las protagonistas de la nueva investigación son unas rocas volcánicas con concentraciones extraordinariamente altas de titanio. Algunas contienen hasta cien veces más titanio que determinados basaltos lunares y se encuentran ampliamente distribuidas por la cara visible del satélite.

Los científicos sospechaban que su origen estaba en materiales ricos en ilmenita (un mineral con hierro y titanio) formados cuando el gran océano de magma de la Luna comenzó a enfriarse.

El problema era físico. Cuando esos materiales se fundían, producían un magma muy rico en hierro y extremadamente denso. En lugar de ascender como la lava de un volcán, debería haberse hundido todavía más en el interior lunar. Tampoco presentaba exactamente la misma composición que los basaltos recuperados por los astronautas.

Pero las rocas estaban sobre la superficie. Alguien debía explicar cómo habían llegado hasta allí hace aproximadamente 3.500 millones de años.

Recrearon el interior de la Luna dentro de un laboratorio

La famosa ‘Roca Génesis’ fue solo una pieza de los 382 kilos que las misiones Apolo trajeron de la Luna. Medio siglo después, otras muestras han revelado cómo un magma imposible consiguió llegar a la superficie
© Chris Gunn.

Investigadores de las universidades de Bristol y Münster combinaron el análisis de 14 muestras del programa Apolo con experimentos realizados a temperaturas y presiones extremas.

El equipo fabricó un material fundido semejante al que habría surgido de las capas ricas en ilmenita. Después lo colocó en contacto con olivino y ortopiroxeno, dos minerales que habrían dominado amplias regiones del antiguo manto lunar.

Los experimentos se realizaron a unos 1.370 °C y 1,5 gigapascales (cerca de 15.000 veces la presión atmosférica terrestre), de acuerdo con el estudio publicado en Nature Geoscience.

Entonces apareció la pieza que faltaba. Mientras el magma atravesaba aquellas rocas, comenzó a intercambiar elementos con ellas: ganó magnesio y perdió parte del hierro, calcio y titanio. La reacción modificó su composición y, sobre todo, redujo su densidad lo suficiente para permitir que continuara ascendiendo.

En otras palabras, el magma que salió a la superficie no era idéntico al que se había formado inicialmente. El propio viaje a través del manto lunar lo había transformado.

Los átomos conservaron la huella del viaje

Reproducir la reacción no era suficiente. Los investigadores necesitaban demostrar que algo parecido había ocurrido realmente dentro de la Luna.

La prueba apareció en los isótopos del magnesio. Las muestras presentan una proporción inusualmente elevada de isótopos ligeros, exactamente el tipo de huella que debería dejar el intercambio entre el magma y los minerales sólidos. La misma explicación encaja además con los isótopos de hierro, calcio y titanio.

Los resultados del laboratorio y la señal conservada en las rocas apuntan, por tanto, al mismo proceso. La Universidad de Bristol lo describe como el mecanismo que conecta los materiales ricos en titanio del interior lunar con las lavas encontradas por las misiones Apolo.

La Roca Génesis mostró que los astronautas habían alcanzado restos de la corteza primitiva. Estas otras muestras han permitido reconstruir algo igualmente extraordinario: un viaje de miles de kilómetros en el que el magma cambió su química hasta volverse capaz de escapar.

Por eso la NASA continúa reservando material lunar para instrumentos futuros. Más de medio siglo después, aquellos 382 kilos siguen funcionando como una misión activa: cada nueva tecnología permite formular preguntas que los científicos de 1971 ni siquiera podían medir.

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