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Ciencia

Un santuario neolítico en República Checa calculaba los solsticios 1000 años antes de que se levantara la primera piedra de Stonehenge

Doce entradas repartidas sin ningún patrón visible a simple vista, en un recinto circular de 230 metros de diámetro rodeado por un foso de más de dos metros y medio de profundidad. Durante mucho tiempo pareció solo una anomalía arqueológica en un rincón de Bohemia Central. Cuando los investigadores analizaron esas entradas en detalle, encontraron que su disposición no era casual: apuntaban a los momentos más importantes del ciclo solar y lunar
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El sitio está cerca de Chleby, en la región de Nymburk, a poca distancia al este de Praga. Un equipo liderado por arqueólogos de la Universidad de Bohemia Occidental (UWB), en Pilsen, lo identificó como uno de los monumentos más antiguos de Europa Central: tiene más de 6500 años, lo que lo ubica más de un milenio antes de que se construyera Stonehenge, en el sur de Inglaterra.

Un recinto circular que no debería estar ahí

Según informó Radio Praga Internacional, los recintos circulares de este tipo son prácticamente desconocidos en la región durante ese período, lo que ya volvía excepcional al sitio antes incluso de analizar su función. “Los recintos circulares son completamente desconocidos en nuestra región para esta época, lo que ya vuelve excepcional al sitio”, explicó Petr Krištuf, de la Universidad de Bohemia Occidental, quien lidera la investigación.

Fue al estudiar la posición de las doce entradas del recinto que el equipo notó el patrón: “cuando empezamos a analizar en detalle la posición de las entradas, quedó claro que su disposición no era aleatoria. Su geometría crea un sistema que permitía observar los momentos más significativos de los ciclos solar y lunar”, agregó Krištuf.

Dos puntos de observación, un mismo principio que Stonehenge

Stonehenge
© By Mavratti – Own work, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=30273250

Los investigadores identificaron dos puntos de observación principales dentro del recinto. Uno permite seguir la salida y la puesta de la Luna en sus posiciones extremas sobre el horizonte, un fenómeno vinculado a un ciclo lunar de aproximadamente 18 años. El otro conecta la salida del sol en el solsticio de verano con su puesta en el solsticio de invierno, el mismo tipo de alineación que caracteriza al eje principal de Stonehenge.

“Para las comunidades agrícolas prehistóricas, la conexión entre el amanecer y el solsticio de verano simbolizaba un comienzo, mientras que el atardecer y el solsticio de invierno representaban un final. El mismo principio puede verse a lo largo del eje principal de Stonehenge. Ahora podemos ver que el santuario de Chleby fue diseñado de forma similar, aunque más de mil años antes, según establecimos a partir de la datación del material orgánico”, señaló Krištuf.

Toros, huesos y un uso que cambió con el tiempo

Más allá de su función astronómica, el santuario también funcionó como un espacio ritual. Los arqueólogos recuperaron cráneos y cuernos de toro cerca de los accesos al recinto. “Suponemos que originalmente pudieron decorar los portales monumentales de madera que daban acceso al recinto. El culto al toro fue un símbolo religioso importante entre los primeros agricultores y se conoce en muchas partes de Europa de esa época”, explicó el arqueólogo Jan Turek, de la Universidad Carolina, otro de los investigadores del proyecto.

El uso del sitio no se detuvo en el Neolítico. Investigaciones previas ya habían documentado, dentro del mismo foso, un enterramiento de la cultura de Únětice correspondiente a la Edad del Bronce, con los restos de unas 18 personas depositadas de forma gradual a lo largo del tiempo. Los investigadores plantean que hacia la Edad del Hierro el rol del sitio volvió a transformarse, lo que sugiere que este punto del paisaje conservó relevancia simbólica durante milenios, mucho después de que se abandonara su función original como observatorio.

Qué dice este hallazgo sobre la astronomía neolítica europea

El caso de Chleby se suma a un conjunto más amplio de yacimientos neolíticos con recintos circulares (conocidos en la literatura arqueológica centroeuropea como rondels) que en las últimas décadas revelaron un interés sistemático de las primeras sociedades agrícolas por marcar los ciclos del cielo. Lo distintivo de Chleby es la combinación de edad y precisión geométrica: la evidencia sugiere que la capacidad de calcular con exactitud los puntos extremos del recorrido solar y lunar apareció en Europa Central mucho antes de lo que documentaba el registro arqueológico disponible hasta ahora.

El equipo de la Universidad de Bohemia Occidental sigue analizando muestras de suelo del recinto y de los terrenos circundantes, con el objetivo de reconstruir con más detalle cómo se usaron las distintas zonas del sitio a lo largo del tiempo. Cada nueva campaña de excavación, según remarcan los propios investigadores, obliga a revisar un poco más los mapas de distribución de los grandes santuarios prehistóricos del continente.

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