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Es posible que hayas escuchado la apasionante historia del origen del vibrador para las mujeres, una herramienta que naci√≥ para curar la ‚Äúenfermedad de la histeria femenina‚ÄĚ en la medicina occidental del siglo XIX. De hecho, es una de las entradas m√°s vistas en la Wikipedia, y un mito.

Así queda reflejado en un reciente estudio que contradice el trabajo de la historiadora Rachel Maines que terminó en el libro The Technology of Orgasm en 1999.

Retrocediendo en el tiempo, una vez se crey√≥ que el placer sexual era una cura para la histeria femenina, una enfermedad fabricada para explicar los desmayos, la ansiedad, el insomnio y la ‚Äútendencia de una mujer a causar problemas‚ÄĚ. Se supone que de esto no hace tanto, poco m√°s de 100 a√Īos, y era una pr√°ctica de rutina para los m√©dicos en la √©poca victoriana llevar a sus pacientes al orgasmo para tratar esta ‚Äúenfermedad‚ÄĚ.

Siguiendo esta versión de los hechos, al principio los médicos usaron sus manos, pero después de una creciente epidemia, los expertos se dieron cuenta de la necesidad de una alternativa más rápida y más eficiente, por lo que se concibió el vibrador femenino.

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En un momento dado de la historia, el relato se diversific√≥ tanto que pas√≥ a ser parte de la cultura popular y de obras acad√©micas, siendo finalmente reconocido como un hecho hist√≥rico. El problema es que no existe absolutamente ninguna evidencia de ello seg√ļn un nuevo estudio. Al igual que tampoco existe evidencia de que los orgasmos femeninos se usaban para tratar la histeria.

Como dec√≠amos antes, esta idea fue presentada por primera vez por la historiadora Rachel Maines en su libro de 1999, The Technology of Orgasm. El mismo ten√≠a dos argumentos principales: en primer lugar, que el ‚Äúmasaje hasta el orgasmo‚ÄĚ fue un elemento b√°sico de la pr√°ctica m√©dica entre los m√©dicos occidentales durante miles de a√Īos; y en segundo lugar, que los vibradores aumentaron el n√ļmero de pacientes que los m√©dicos victorianos podr√≠an tratar por histeria.

En el libro, Maines sosten√≠a que los m√©dicos victorianos no consideraban el uso rutinario de vibradores como sexuales porque no hab√≠a ‚Äúpenetraci√≥n‚ÄĚ, y los m√©dicos se refer√≠an a los orgasmos posteriores como ‚Äúparoxismos‚ÄĚ. Protegida por eufemismos, la pr√°ctica herramienta encontr√≥ su camino en el mercado y en los cajones de las mujeres de medio planeta.

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Image: Un anuncio de 1918 con muchos modelos de vibradores. (Wikimedia Commons)

Gran historia, aunque el nuevo estudio llevado a cabo por dos historiadores de Georgia Tech demuestra que no es más que ficción. En su estudio, los investigadores no encontraron pruebas para corroborar las afirmaciones de Maines y demostraron que muchas de sus fuentes no respaldan sus puntos.

La investigaci√≥n muestra que si bien existe cierta evidencia circunstancial de que el masaje genital se practicaba antes del siglo XX, no pudieron encontrar ninguna prueba de que este fuera alguna vez un ‚Äúelemento b√°sico de la pr√°ctica m√©dica‚ÄĚ. El segundo argumento de Maines es igualmente discutible. Seg√ļn el estudio:

Maines no cita una sola fuente que describa abiertamente el uso del vibrador para masajear el √°rea del cl√≠toris. Ninguna de sus fuentes en ingl√©s menciona la producci√≥n de ‚Äėparoxismos‚Äô mediante masajes o cualquier otra cosa que pueda sugerir remotamente un orgasmo. De hecho, la mayor√≠a de las fuentes sobre la histeria que menciona Maines dejan de mencionar los vibradores.

Adem√°s, una de las pocas fuentes que se aplica a los vibradores no se refiere a las herramientas como un tratamiento para la histeria. En cambio, el m√©dico victoriano cit√≥ defensores del uso de vibradores en ‚Äúlos intestinos, los ri√Īones, los pulmones y la piel‚ÄĚ. No se menciona su uso en los genitales.

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Image: Paciente femenina ‚Äúcon histeria‚ÄĚ (Wikimedia Commons)

Visto as√≠, tal vez lo m√°s sorprendente es el hecho de que los argumentos en el libro de Maines se han mantenido durante 19 a√Īos sin una gran refutaci√≥n de una publicaci√≥n acad√©mica hasta el d√≠a de hoy. Se trata del primer documento que desacredita los argumentos centrales de Maines publicados en una revista revisada por pares.

¬ŅY qu√© dice Maines a todo esto? La historiadora ha respondido ahora que su libro era solo una teor√≠a, y dice que le sorprende que haya pasado veinte a√Īos para que alguien lo descubra. Seg√ļn explic√≥ a The Atlantic:¬†

Nunca dije tener pruebas de que este fuera realmente el caso. Lo que dije fue que esta era una hip√≥tesis interesante, y como [ahora se√Īalan -correctamente, creo- la gente se enamor√≥ de ella. Estaba lista para convertirse en mitolog√≠a de alguna manera. No pretend√≠a que fuera as√≠, pero chico, la gente lo tom√≥, y acab√≥ en eso.

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El problema, seg√ļn los investigadores del nuevo estudio, es que tal y como Maines escribi√≥ su libro, no da pie a pensar que se trata de una teor√≠a, sino de hechos.

M√°s all√° de tirar por tierra una historia que ahora se revela como falsa, el trabajo tambi√©n ha puesto de relieve el fracaso en el control de calidad acad√©mica, donde los libros no son verificados por los editores, llegando a situaciones como la de la Asociaci√≥n Hist√≥rica Estadounidense, que otorg√≥ a Maines el premio Herbert Feis por ‚Äúdistinguidas contribuciones a la historia‚ÄĚ.

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Como ellos mismos zanjan en el trabajo, ‚Äúel √©xito del libro sugiere que los acad√©micos rara vez revisan los hechos de los dem√°s con cuidado, especialmente cuando repiten historias que quieren ser verdad‚ÄĚ. [The Atlantic, ScienceAlert]