Una de las decisiones más ambiciosas y misteriosas que puede tomar un país es construir una nueva capital desde cero. Eso es exactamente lo que está ocurriendo en un rincón de África donde el español aún resuena con fuerza. Esta ciudad en construcción esconde secretos, visiones futuristas y una sorprendente mezcla de intereses internacionales.
Una ciudad nueva en el corazón de la selva
Inspirándose en casos como el de Brasilia en Brasil, Guinea Ecuatorial —antiguo territorio español y uno de los pocos países africanos donde se habla español— ha decidido levantar su nueva capital en plena selva tropical. Con el objetivo de reducir tensiones entre Malabo, su actual capital insular, y Bata, la ciudad continental más poblada, el gobierno inició en 2012 la construcción de una nueva metrópoli llamada Ciudad de la Paz.

Ubicada cerca del asentamiento de Oyala, también conocida como Djibloho, esta ciudad ha sido planeada para convertirse en un símbolo de modernidad, sostenibilidad y centralización administrativa. Aunque en un principio se pensó en el nombre «Oyala-Ciudad de la Paz», finalmente se adoptó el título actual desde 2017, año en que comenzaron a trasladarse las primeras instituciones oficiales.
La elección de este remoto lugar responde a su clima benigno y fácil acceso, pero también guarda un componente simbólico: fundar una ciudad en un terreno virgen y denso, donde la naturaleza aún domina. A día de hoy, en la futura capital apenas residen unas 2.000 personas, la mayoría involucradas en las obras o funcionarios públicos.
Diseño futurista con raíces portuguesas
La visión arquitectónica de esta nueva ciudad fue confiada al estudio portugués Future Architecture Thinking (FAT). La planificación abarca 8.150 hectáreas, donde se levantarán instalaciones como el Parlamento, villas presidenciales, un distrito financiero, áreas residenciales, universidades y hasta un campo de golf.
El diseño apuesta por una capital totalmente alimentada por energías renovables, gracias en parte a una central hidroeléctrica en Evinayong. Esta apuesta verde surgió tras la intervención de la Cámara de Comercio Portuguesa (AICEP), que propuso crear una ciudad que se convierta en referente mundial en sostenibilidad energética.

Aunque la inauguración oficial sigue sin fecha, lo construido hasta ahora incluye un lujoso hotel, una universidad y una autopista de seis carriles. Tres grandes puentes conectarán los principales sectores de la urbe y ya se ha establecido una vía directa al aeropuerto de Mengomeyén, cerca de una de las residencias del presidente Obiang.
Intereses extranjeros y ausencia española
Pese a que Guinea Ecuatorial tiene un fuerte vínculo histórico con España, la participación de empresas españolas en la construcción de la Ciudad de la Paz ha sido casi nula. Por el contrario, el proyecto está liderado por compañías extranjeras, principalmente francesas y chinas, que han establecido convenios de colaboración con el gobierno.
La francesa Vinci, junto con Egis Route, se encarga de la red de carreteras. Los puentes están siendo levantados por empresas como Bouygues, Besix y General Works. El Parlamento ha sido confiado a Summa, la universidad a Unicon y el palacio presidencial a Seguibat. Piccini, una firma italiana, participa en diversos edificios administrativos.
El apoyo más llamativo, sin embargo, proviene de China. A través de su grupo estatal de construcción, el país asiático ha jugado un papel crucial en el desarrollo de la nueva capital. También han colaborado, en menor medida, empresas de Polonia, Brasil y Corea del Norte, importando todos los materiales necesarios.
Un proyecto polémico y ambicioso
Aunque el gobierno promociona la Ciudad de la Paz como un símbolo de progreso y sostenibilidad, las críticas internas no han cesado. La oposición señala que, mientras se destinan millones a levantar una ciudad futurista, gran parte de la población vive en condiciones precarias. Esta paradoja ha desatado tensiones y cuestionamientos éticos sobre las prioridades del régimen de Teodoro Obiang, presidente del país desde hace décadas.
Aun así, la Ciudad de la Paz sigue avanzando, piedra a piedra, puente a puente, en medio de una selva que antes solo conocía el paso de elefantes y gorilas. En su esencia, este ambicioso proyecto es más que urbanismo: es una apuesta por reinventar el poder, la imagen y el futuro de un país pequeño, pero con grandes aspiraciones.
¿Será la Ciudad de la Paz un ejemplo de transformación sostenible o quedará como un capricho monumental en medio de la selva? El tiempo y la historia darán su veredicto. Pero lo cierto es que este experimento arquitectónico, político y económico ya ha captado la atención del mundo.
[Fuente: El Economista]