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Ciencia

El pariente vivo más cercano de la ballena azul es el hipopótamo: cómo un mamífero del tamaño de una cabra se convirtió en el animal más grande de la Tierra en 10 millones de años

Las ballenas descienden de mamíferos terrestres de cuatro patas que vivían en las orillas de ríos de lo que hoy es Pakistán e India hace unos 50 millones de años. En apenas 10 millones de años, uno de los linajes evolutivos más documentados del registro fósil transformó por completo su anatomía, su forma de moverse y su relación con el agua, en lo que los paleontólogos consideran una de las transiciones más rápidas de la historia evolutiva
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Darwin pensaba que las ballenas podían descender de osos que aprendieron a nadar. Estaba equivocado, pero la lógica no era tan descabellada: si las ballenas evolucionaron de mamíferos terrestres, en algún punto debió existir algo intermedio, un animal que viviera entre dos mundos. La paleontología terminó dándole la razón en lo esencial y la razón específica al mismo tiempo: no eran osos, sino algo mucho más sorprendente.

El análisis de ADN confirmó hace décadas que el pariente vivo más cercano de las ballenas no es ningún carnívoro ni ningún roedor, sino el hipopótamo. Ambos descienden de un grupo de mamíferos con pezuñas de número par llamados artiodáctilos, el mismo grupo al que pertenecen cerdos, ciervos y vacas. La relación entre la ballena azul, el animal más grande que ha existido en la historia del planeta, y el hipopótamo, que pasa el día sumergido en ríos africanos, es más cercana de lo que parece a simple vista.

Pakicetus: la cabra que se convirtió en ballena

Pakicetus
© Erman Gunes – Shutterstock

Hace aproximadamente 50 millones de años, en los territorios que hoy corresponden a Pakistán e India, vivía un mamífero del tamaño de una cabra llamado Pakicetus. Tenía cuatro patas, vivía en las orillas de ríos y lagos, y se alimentaba de pequeños animales terrestres y peces de agua dulce. No tenía nada visualmente parecido a una ballena.

Lo que lo delató como ancestro cetáceo no fue su forma general sino un detalle anatómico muy específico: los huesos del oído medio. Pakicetus tenía el hueso timpánico denso y robusto, una característica que hoy solo se observa en las ballenas y que en el registro fósil funciona como una firma inequívoca del linaje. También podía escuchar bajo el agua, según detalla el Museo de Historia Natural de Londres en su cobertura de la evolución cetácea. Sus huesos de tobillo, además, eran casi idénticos a los de los artiodáctilos actuales, lo que confirmaba la conexión con los mamíferos de pezuña.

Ambulocetus: la ballena que todavía caminaba

Ambulocetus
© Danny Ye – Shutterstock

Entre 50 y 48 millones de años atrás, los descendientes de Pakicetus comenzaron a pasar más tiempo en el agua. El resultado fue Ambulocetus (cuyo nombre significa literalmente «ballena que camina»), un animal que vivía en estuarios y zonas costeras. Sus patas eran más cortas que las de su ancestro y sus pies tenían forma de aleta, pero todavía podía moverse en tierra. Usaba la cola para nadar y su columna vertebral era flexible, lo que le permitía un estilo de natación parecido al de las nutrias o las focas actuales.

El análisis isotópico de sus huesos reveló que Ambulocetus podía beber agua dulce y salada, lo que indica una vida en zonas de transición entre ríos y costas. Sus narinas aún estaban en la punta del hocico, no en la parte superior del cráneo como el espiráculo de las ballenas modernas. La posición de las narinas iría cambiando en los descendientes posteriores, moviéndose progresivamente hacia arriba a lo largo de millones de años.

Dorudon: la primera ballena verdaderamente marina

Dorudon
© By Othenio Abel – Abel, O. (1919). Die Stämme der Wirbeltiere., Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=156328615

Hace entre 40 y 33 millones de años apareció Dorudon, un cetáceo de unos cinco metros de longitud que ya no tenía nada que hacer en tierra. Tenía aletas completamente desarrolladas, patas traseras reducidas a vestigios casi inútiles, y vivía y paraba enteramente en el mar. Sus vértebras caudales tenían la forma característica de las ballenas actuales, lo que indica que ya poseía aleta caudal horizontal para impulsarse. Dorudon daba a luz a sus crías bajo el agua, como hacen todas las ballenas modernas.

Desde la aparición de Pakicetus hasta Dorudon transcurrieron apenas diez millones de años, un período que los paleontólogos consideran extraordinariamente breve en términos evolutivos. Para poner ese número en perspectiva: los dinosaurios dominaron la Tierra durante más de 150 millones de años antes de extinguirse. En una fracción de ese tiempo, un mamífero terrestre se transformó en un nadador pelágico perfectamente adaptado al océano.

Dos linajes, dos estrategias: dientes y barbas

Los descendientes de Dorudon continuaron divergiendo hasta dar origen a los dos grandes grupos de cetáceos que existen hoy. Hace unos 34 millones de años, un linaje desarrolló un sistema de alimentación radicalmente distinto: en lugar de dientes, barbas filtradoras y cráneos más planos, lo que les permitía consumir enormes cantidades de krill y peces pequeños de una sola pasada. De ese linaje surgieron las ballenas barbadas: la ballena azul, la jorobada, la de aleta y la franca, entre otras.

El otro linaje conservó los dientes y se diversificó en la mayor parte de los cetáceos actuales: delfines, marsopas, orcas, cachalotes y belugas. Ambos grupos comparten el mismo ancestro común, los mismos huesos del oído que delatan su origen, y el mismo patrón de nado mediante oscilación vertical de la aleta caudal, que los distingue de los peces (que oscilan horizontalmente). Como documenta la Universidad de California Berkeley en su evograma de los cetáceos, el registro fósil de la evolución de las ballenas es uno de los más completos y detallados de toda la paleontología de vertebrados, y sigue creciendo con cada nueva excavación.

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