Si pudiéramos viajar varios miles de millones de años al pasado, Marte sería prácticamente irreconocible.
Donde hoy encontramos polvo, temperaturas extremas y una atmósfera muy tenue, alguna vez existieron ríos, lagos y grandes cantidades de agua líquida. Los antiguos valles fotografiados desde la órbita y los sedimentos examinados por rovers como Curiosity y Perseverance han convertido aquella imagen de un Marte húmedo en algo difícil de discutir.
Lo que todavía resulta mucho más complicado es responder otra pregunta: ¿de dónde salió toda esa agua?
La explicación probablemente no tenga una única respuesta.
Parte del agua ya estaba dentro de Marte
Marte se formó hace unos 4.500 millones de años, cuando polvo y pequeños cuerpos del disco que rodeaba al joven Sol comenzaron a acumularse hasta formar los planetas.
Muchos de aquellos materiales contenían hidrógeno y otros compuestos volátiles. Parte del agua pudo quedar así incorporada desde el principio dentro de los minerales que terminaron formando el manto marciano.
Los meteoritos procedentes de Marte conservan pistas isotópicas de estos antiguos reservorios.
Cuando el planeta era joven y geológicamente mucho más activo, los volcanes liberaron vapor de agua, dióxido de carbono y otros gases desde su interior. Ese proceso de desgasificación contribuyó a construir una atmósfera mucho más densa que la actual y pudo proporcionar parte del agua que posteriormente se condensó sobre la superficie.

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Los asteroides también pudieron llevar agua
Marte tampoco evolucionó aislado.
Durante los primeros cientos de millones de años del sistema solar sufrió numerosos impactos de asteroides y otros pequeños cuerpos. Algunos estaban formados por materiales ricos en agua y minerales hidratados.
Cada impacto podía aportar nuevos compuestos volátiles al planeta.
Por eso, los investigadores consideran probable que el agua marciana tenga un origen mixto: una fracción habría estado presente desde la formación del planeta y otra habría llegado posteriormente mediante impactos.
Las proporciones entre hidrógeno y su isótopo más pesado, el deuterio, son una de las herramientas utilizadas para reconstruir esa compleja historia.
Un Marte volcánico pudo mantener un ciclo del agua
La enorme montaña de Olympus Mons recuerda que Marte tuvo una actividad volcánica extraordinaria.
Los gases expulsados desde el interior ayudaron a modificar su atmósfera y podrían haber creado episodios en los que las temperaturas permitieran mantener agua líquida. El resultado quedó grabado en el terreno. Existen redes de antiguos ríos, depósitos lacustres e incluso deltas como el del cráter Jezero, precisamente el lugar donde trabaja Perseverance.
Sin embargo, todavía se debate hasta qué punto el Marte primitivo fue cálido de manera permanente o alternó largos periodos fríos con episodios temporales de deshielo.

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Entonces, ¿dónde terminó toda esa agua?
Marte tenía una desventaja importante frente a la Tierra: es mucho más pequeño. Su interior se enfrió progresivamente y el planeta perdió el campo magnético global que ayudaba a proteger su atmósfera. Sin esa barrera, el viento solar contribuyó durante miles de millones de años a erosionarla.
Parte del agua llegó a las capas altas de la atmósfera, donde sus moléculas podían romperse. El hidrógeno, extremadamente ligero, terminó escapando hacia el espacio. Pero Marte no perdió toda su agua.
Grandes cantidades siguen congeladas en los casquetes polares y bajo el suelo, mientras otra parte permanece atrapada químicamente dentro de minerales hidratados.
El agua puede revelar si Marte alguna vez estuvo vivo
Reconstruir su procedencia no es únicamente una cuestión geológica.
Si Marte tuvo agua líquida durante periodos suficientemente prolongados, también tuvo uno de los ingredientes esenciales para que aparezca la vida tal como la conocemos. Por eso Perseverance explora antiguos sedimentos del cráter Jezero y almacena muestras marcianas para un posible estudio futuro.
Marte sigue siendo un desierto. Pero cada antiguo cauce que encontramos cuenta una historia muy diferente: alguna vez tuvo un mundo de agua, y descubrir de dónde salió puede ayudarnos a entender si también llegó a tener vida.