Durante décadas, el estudio de fósiles se centró en huesos, cráneos y dientes. Pero a veces, lo que queda atrás no son restos materiales, sino movimientos. Un conjunto de huellas fosilizadas halladas en una antigua llanura revela ahora algo mucho más complejo: cómo vivían, se movían y se organizaban socialmente mamíferos que desaparecieron hace millones de años.
Una imagen en movimiento desde el Mioceno

Un equipo de paleontólogos ha logrado capturar la primera “instantánea” de una manada de mamíferos extintos, a partir del análisis detallado de pisadas fosilizadas con más de 10 millones de años de antigüedad. El descubrimiento tuvo lugar en una antigua planicie del Mioceno, donde las condiciones geológicas conservaron de manera excepcional las marcas de paso de estos animales.
Los investigadores identificaron a los responsables de las huellas como mamíferos artiodáctilos, ungulados de aspecto similar a pequeños ciervos, con el tamaño de un perro mediano. Pero más allá de su morfología, lo revelador fue el patrón de desplazamiento colectivo que dejaron grabado en el sedimento.
Las pisadas, alineadas y distribuidas en grupos, sugieren que estos animales no vivían de forma solitaria, sino en manadas organizadas. Por primera vez, la ciencia no solo puede decir cómo eran, sino también cómo se comportaban.
Rastro fósil de una vida social compleja

El análisis de la profundidad, orientación y distancia entre las huellas permitió reconstruir trayectorias, velocidades y relaciones espaciales entre los individuos. Esto llevó a una conclusión clara: los mamíferos se movían en coordinación grupal, algo inédito en registros fósiles de esta antigüedad para especies no identificadas con comportamientos gregarios.

Este tipo de evidencia, conocido como icnología, se convierte así en una herramienta para explorar dimensiones sociales de especies ya extintas. Lo que antes eran simples marcas en el barro, ahora son pruebas de organización, jerarquía y cooperación.
La investigación no solo amplía el conocimiento sobre los artiodáctilos del Mioceno, sino que abre nuevas preguntas sobre la evolución del comportamiento social en los mamíferos. Y recuerda que, a veces, los rastros más sutiles cuentan las historias más grandes.