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Ciencia

El pez más pescado del mundo vive frente a Perú y Chile porque una corriente fría arrastra nutrientes del fondo: la física detrás del mayor banco de anchovetas del planeta

La anchoveta peruana (Engraulis ringens) es el pez más capturado por volumen del mundo, con picos históricos de más de 12 millones de toneladas anuales. Su abundancia no es azar geográfico sino el resultado de un mecanismo oceanográfico preciso: el afloramiento costero generado por la corriente de Humboldt, que arrastra aguas ricas en nutrientes desde las profundidades hasta la superficie. En 1972, la combinación de sobreexplotación y El Niño colapsó el sistema. La ciencia que emergió de ese colapso convirtió a Perú en un referente global de gestión pesquera basada en datos
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El ecosistema marino más productivo del planeta no está en el Mar Mediterráneo ni en el Mar del Norte. Está frente a las costas de Perú y Chile, en una franja del Pacífico fría y aparentemente inhóspita donde la corriente de Humboldt desencadena un mecanismo que genera más biomasa de peces por kilómetro cuadrado que cualquier otro océano del mundo. Esa productividad tiene un nombre concreto: Engraulis ringens, la anchoveta peruana, el pez más capturado por volumen en la historia de la pesca industrial. Y tiene también un caso de estudio que la ciencia pesquera lleva décadas estudiando: el colapso de 1972, cuando la sobrepesca y un evento climático extremo destruyeron en meses lo que tomó millones de años en construirse.

La física del afloramiento: cómo el viento convierte el frío en alimento

Anchoveta Peruana
© Stografi – Shutterstock

La abundancia de anchovetas frente a Perú no es una coincidencia geográfica sino la consecuencia predecible de un mecanismo físico específico. Los vientos alisios que soplan de forma relativamente estable en dirección al ecuador, paralelos a la costa occidental de Sudamérica, arrastran el agua superficial del mar hacia el oeste gracias al efecto Ekman, el mismo fenómeno de deflexión producido por la rotación de la Tierra que también explica el enfriamiento del océano Austral. Cuando el agua superficial se aleja de la costa, tiene que ser reemplazada por algo: aguas más frías y profundas que ascienden desde las profundidades en el proceso conocido como afloramiento o surgencia costera.

Esas aguas profundas están cargadas de nutrientes inorgánicos, principalmente nitratos y fosfatos, que en las profundidades se acumulan gracias a la descomposición de materia orgánica que cae desde la superficie. Cuando ascienden a la zona fótica, donde llega la luz solar, esos nutrientes alimentan una explosión de fitoplancton. El fitoplancton alimenta al zooplancton. El zooplancton alimenta a la anchoveta, que filtra plancton con su boca en cardúmenes densísimos cerca de la costa, dentro de las 60 millas náuticas y a menos de 100 metros de profundidad.

El resultado es que la Región Norte del Sistema de la Corriente de Humboldt, que corresponde principalmente a las costas peruanas, representa aproximadamente el 10% de la captura mundial de peces pese a cubrir apenas el 0,1% de la superficie oceánica del planeta, según datos compilados por el IMARPE y la FAO. La anchoveta es la especie que canaliza prácticamente toda esa productividad hacia los niveles tróficos superiores: es la pieza central de una cadena que alimenta a millones de aves marinas, lobos marinos, atunes, delfines y ballenas que dependen del ecosistema de Humboldt.

El colapso de 1972: cuando la sobrepesca y El Niño llegaron al mismo tiempo

Anchoveta Peruana 2
© By J. H. Richard – Contributions to the fauna of Chile Charles Girard, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15539434

En 1970, la pesquería de anchoveta peruana alcanzó su pico histórico: más de 12 millones de toneladas en un solo año, con 1.300 embarcaciones operando simultáneamente. Perú generaba el 18% de la captura pesquera mundial y producía el 40% de la harina de pescado del planeta. Era, en términos de volumen, la mayor pesquería de una sola especie que el mundo había visto. Y estaba a punto de colapsar.

El problema era doble. Por un lado, la presión de pesca era excesiva: los biólogos del IMARPE ya advertían que se estaba capturando por encima de la capacidad de reposición del stock. Por otro, en 1972-1973 llegó un evento El Niño fuerte. El Niño es el calentamiento periódico del Pacífico ecuatorial que, entre sus efectos regionales, debilita o detiene el afloramiento costero frente a Perú: las aguas cálidas que llegan desde el oeste bloquean la surgencia de las aguas frías y nutritivas, y el sistema de producción que sostiene a la anchoveta se interrumpe. El fitoplancton colapsa, la anchoveta se desplaza, se reproduce menos y se alimenta peor.

La combinación de sobrepesca previa y El Niño fue devastadora. Las capturas cayeron de 12 millones de toneladas en 1970 a menos de 2 millones en 1973. La biomasa de anchoveta se desplomó. Murieron millones de aves guaneras que dependían de ella. La industria pesquera peruana tardó décadas en recuperarse. El evento se estudia todavía hoy como uno de los colapsos pesqueros más documentados de la historia y como caso paradigmático de lo que ocurre cuando la explotación de un recurso natural no respeta los límites que el sistema biológico puede absorber.

La ciencia que emergió del colapso: el IMARPE y la gestión basada en datos

El colapso de 1972 tuvo una consecuencia positiva: convenció al gobierno peruano de que la pesca de anchoveta no podía gestionarse sin ciencia. El Instituto del Mar del Perú (IMARPE), fundado en 1964, pasó a tener un papel central en la determinación de cuotas y temporadas de pesca. Los investigadores del IMARPE desarrollaron metodologías de estimación de biomasa mediante cruceros acústicos, encuestas de huevos y larvas, y modelado poblacional que hoy son referencia a nivel internacional.

El sistema actual, consolidado con el Decreto Legislativo 1084 de 2008, asigna cuotas individuales por embarcación en lugar de una cuota global única: el objetivo es eliminar la carrera por pescar más rápido que el vecino que llevaba a capturas excesivas. El punto de referencia biológico es claro: al inicio de cada temporada debe haber al menos 5 millones de toneladas de anchoveta desovante para garantizar la continuidad del stock. Cuando el IMARPE detecta que la biomasa baja de ese umbral, recomienda la veda. Cuando detecta que la distribución se contrae hacia el sur, alerta sobre condiciones de El Niño emergente.

La FAO reconoció en su evaluación de 2024 que la anchoveta peruana se mantiene dentro de los niveles biológicamente sostenibles, y las universidades de Yale y Columbia, a través del Environmental Performance Index, calificaron a Perú entre los países con mejor gestión pesquera del mundo. Como documenta el análisis publicado por Gestión Perú, el desafío pendiente es integrar en una sola cuota global las capturas de las flotas industriales y artesanales, que actualmente reciben cuotas independientes aunque pescan del mismo stock. Mientras ese vacío existe, la vulnerabilidad frente a eventos extremos como El Niño, que el cambio climático podría hacer más frecuentes e intensos, seguirá siendo el límite más importante que enfrenta el ecosistema más productivo del planeta.

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