La forma de Chile en el mapa parece un capricho cartográfico: una franja de 4.300 kilómetros de largo y apenas 200 de ancho en promedio, comprimida entre el Pacífico y los Andes. Pero esa geometría no es aleatoria, es el resultado directo de la tectónica de placas, y explica por qué en un mismo país conviven el lugar más seco del mundo, uno de los arcos volcánicos más activos del planeta y una isla donde la biología tomó un camino evolutivo completamente propio.
La corriente que enfrió el Pacífico y creó el desierto más árido del mundo

El desierto de Atacama no es árido simplemente porque está lejos del mar. Está a metros del mar, y eso es precisamente parte del problema. La corriente de Humboldt, una corriente marina fría que sube desde la Antártida a lo largo de la costa occidental de Sudamérica, enfría el aire que hay sobre el Pacífico hasta el punto de reducir su capacidad de evaporación. El aire frío y seco que llega a la costa no tiene humedad suficiente para formar nubes de lluvia, y lo que el océano podría dar, se lo niega.
A eso se suma un segundo mecanismo: los Andes actúan como una barrera que bloquea la humedad que llega del Atlántico y de la cuenca amazónica desde el este, generando lo que los geólogos llaman un efecto de doble sombra de lluvia. El resultado es que el núcleo del Atacama es el lugar más árido de la Tierra fuera de los polos. Según Wikipedia, la precipitación media anual en la mayor parte del desierto ronda los 15 milímetros, y algunas estaciones meteorológicas nunca han registrado lluvia. Un estudio reciente del geólogo Benedikt Ritter-Prinz de la Universidad de Colonia, basado en muestras de cuarzo del núcleo del desierto, sugiere que las condiciones hiperáridas podrían tener más de 150 millones de años, lo que haría al Atacama uno de los desiertos más antiguos del planeta.
Paradójicamente, esa aridez extrema ha convertido al Atacama en un lugar de enorme valor científico. La ausencia casi total de humedad y luz artificial lo ha hecho el sitio preferido del mundo para la astronomía: alberga el Atacama Large Millimeter Array (ALMA), el Very Large Telescope (VLT) del ESO y el futuro Extremely Large Telescope (ELT), entre otros observatorios de clase mundial.
La subducción que fabrica volcanes y terremotos

La razón por la que los Andes están ahí en primer lugar es la misma que genera los volcanes, los terremotos y la forma del propio Chile: la placa de Nazca, una placa oceánica del Pacífico, se hunde bajo la placa Sudamericana en un proceso llamado subducción. Cuando la placa oceánica desciende hacia el manto terrestre, la presión y la temperatura la funden parcialmente, y ese magma asciende a la superficie creando un arco volcánico continental a lo largo de los Andes.
El resultado es que Chile alberga más de 90 volcanes activos, uno de los arcos volcánicos más extensos del planeta. La misma subducción también genera la sismicidad más intensa del mundo: el terremoto de Valdivia de 1960 fue el más poderoso jamás registrado, con una magnitud de 9,5. Chile forma parte del llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, la zona donde se concentra el 90% de los terremotos del planeta y el 75% de sus volcanes activos, según National Geographic, aunque los especialistas del Smithsonian Global Volcanism Program señalan que el término es descriptivo y no refleja una estructura geológica única.
Rapa Nui: un laboratorio evolutivo en el Pacífico sur

A unos 3.700 kilómetros al oeste de las costas continentales de Chile, la Isla de Pascua o Rapa Nui representa uno de los experimentos naturales más extremos en biogeografía y evolución. Es uno de los lugares habitados más aislados del planeta, a más de 1.800 kilómetros del archipiélago de Pitcairn, su vecino más cercano, y a casi 4.000 kilómetros de las Galápagos.
Ese aislamiento ha tenido consecuencias biológicas medibles. En sus aguas coralinas, estudios publicados en el Journal of Biogeography han documentado que casi el 22% de las especies de peces arrecifales son endémicas, es decir, no existen en ningún otro lugar del mundo. Los modelos de biogeografía histórica indican que la especiación por efecto fundador, el proceso por el cual una pequeña población colonizadora queda aislada y diverge genéticamente del grupo original, es el mecanismo dominante detrás de ese endemismo.
En tierra, el patrón se repite: investigaciones sobre artrópodos terrestres en las cuevas de la isla han descrito múltiples especies endémicas de colémbolos e isópodos que no aparecen en ninguna otra parte de Polinesia, organismos que probablemente sobrevivieron a la perturbación humana del paisaje refugiándose en el sistema de cuevas volcánicas. Esa combinación de endemismo marino, terrestre y subterráneo, generada por el mismo aislamiento que hizo famosas a sus estatuas de piedra, convierte a Rapa Nui en un sitio de interés científico que va más allá de su arqueología.
Como señaló Pablo Guerrero, botánico de la Universidad de Concepción y del Instituto de Ecología y Biodiversidad de Chile, en declaraciones a History, el Atacama «desafía la imagen popular de un desierto» al contener una diversidad de hábitats y zonas climáticas dentro de sus propios límites. En ese sentido, el caso chileno en su conjunto es el de un país donde las fuerzas físicas más extremas del planeta, la tectónica, las corrientes oceánicas y el aislamiento geográfico, han producido una variedad natural que difícilmente se encuentra concentrada en un territorio tan estrecho.