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Tecnología

El primer cable Ethernet era amarillo brillante por una razón bastante importante: había que perforarlo para conectarse

Antes de los pequeños cables con conector RJ45, Ethernet utilizaba un grueso coaxial amarillo que podía recorrer hasta 500 metros. Rich Seifert, uno de los ingenieros del Ethernet de 10 Mb/s, explicó que el color tenía algo de gusto personal, pero también una razón mucho más importante: seguridad.
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Hoy podemos comprar un cable Ethernet prácticamente de cualquier color y conectarlo a un router en segundos. En los primeros años de esta tecnología, instalar una red era bastante menos elegante.

El Ethernet comercial de 10 Mb/s desarrollado por DEC, Intel y Xerox utilizaba un grueso cable coaxial que terminaría siendo conocido como 10BASE5, Thick Ethernet o simplemente “thicknet”. Podía alcanzar hasta 500 metros por segmento y era rígido, pesado y muy reconocible por otra característica: su intenso color amarillo.

Décadas después, Rich Seifert, uno de los ingenieros originales del sistema en Digital Equipment Corporation, ha contado por qué aquella elección no fue precisamente casual.

El amarillo estaba inspirado en un Corvette de 1968

Durante una charla de 2026 en el Vintage Computer Festival West titulada History of Ethernet – Musings of an Early Networker, Seifert mostró incluso un fragmento del antiguo cable que todavía conservaba.

Según su relato, el tono era el amarillo asociado al Chevrolet Corvette de 1968, conocido como Safari Yellow. Había un componente bastante personal detrás de la elección: Seifert reconoció que el amarillo era su color favorito, que conducía un automóvil amarillo y que hasta tenía muebles de ese color.

Pero convertir uno de sus colores preferidos en la imagen del primer Ethernet comercial tenía además una explicación mucho más práctica.

Para conectarse a Internet había que perforar literalmente el cable

10BASE5 no utilizaba un pequeño conector RJ45 como los actuales.

Para añadir una computadora a la red se recurría a un dispositivo conocido como “vampire tap”, o conexión vampiro. La pieza se fijaba alrededor del coaxial y requería realizar una perforación en el aislamiento exterior para que un contacto alcanzara el conductor central.

Era una solución ingeniosa: permitía incorporar nuevos equipos al cable principal sin tener que cortarlo por completo. Pero también introducía un problema bastante evidente.

Confundirlo con un cable eléctrico podía acabar muy mal

Aquellos gruesos cables recorrían edificios por techos, falsos techos y canalizaciones donde podían encontrarse junto a instalaciones eléctricas.

Y si un técnico tenía que acercarse con una herramienta diseñada para perforar un cable, resultaba conveniente que supiera exactamente cuál debía perforar. Por eso, según Seifert, se buscó un amarillo especialmente llamativo: el cable Ethernet tenía que distinguirse inmediatamente del resto del cableado. La estética terminó funcionando también como una forma básica de seguridad industrial.

Aquel cable movía 10 Mb/s y podía medir 500 metros

El nombre 10BASE5 resume buena parte de sus características. El “10” hacía referencia a sus 10 megabits por segundo, mientras que el “5” estaba relacionado con su alcance aproximado máximo de 500 metros por segmento. El coaxial tenía alrededor de 9,5 milímetros de diámetro, suficiente para ganarse apodos como thicknet o incluso “manguera amarilla congelada”.

La tecnología terminó siendo sustituida primero por el más manejable 10BASE2 y después por 10BASE-T, que introdujo el par trenzado del que derivan los cables Ethernet modernos. Hoy podemos conectar equipos a redes de varios gigabits con un cable fino y flexible.

Pero detrás de ese pequeño conector sobrevive una historia bastante peculiar: hubo una época en la que instalar Ethernet significaba subir al techo, encontrar una enorme manguera amarilla y perforarla físicamente para conectarse a la red.

Fuente: Xataka.

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