El humo de los incendios forestales puede recorrer cientos o incluso miles de kilómetros y deteriorar la calidad del aire en ciudades muy alejadas del foco original. Hasta hace poco, seguir estos cambios a lo largo del día era complicado porque los satélites disponibles ofrecían solo una o dos observaciones diarias.
TEMPO, siglas de Tropospheric Emissions: Monitoring of Pollution, cambió esa situación. Desarrollado por la NASA y el Observatorio Astrofísico Smithsoniano, el instrumento permite observar con una frecuencia mucho mayor cómo aparecen, se desplazan y desaparecen distintos contaminantes sobre América del Norte.
Una imagen de la contaminación casi cada hora
Desde septiembre de 2025, TEMPO registra la evolución de la contaminación atmosférica con una resolución temporal que permite estudiar cambios dentro de una misma jornada.
Esto resulta especialmente importante porque la calidad del aire puede variar de forma considerable en cuestión de horas. El tráfico, la actividad industrial, las condiciones meteorológicas y los incendios forestales pueden modificar rápidamente la concentración de determinados gases.
El instrumento utiliza un espectrómetro para estimar niveles de dióxido de nitrógeno (NO2), formaldehído, aerosoles y ozono cerca de la superficie.
Sus datos complementan las estaciones terrestres, que ofrecen mediciones muy precisas pero no están distribuidas de manera uniforme por todo el territorio.

Seguir el humo de los incendios a través del continente
Una de las aplicaciones más importantes de TEMPO es el seguimiento del humo procedente de incendios forestales.
Durante el verano de 2026, ciudades como Portland, Nueva York, Denver, Chicago y Toledo experimentaron episodios importantes de contaminación asociados al humo.
Estas columnas no transportan únicamente partículas visibles. También contienen compuestos como formaldehído y óxidos de nitrógeno que pueden participar en reacciones químicas capaces de producir contaminantes secundarios, entre ellos el ozono y las partículas PM2,5.
Gracias a las observaciones frecuentes, los investigadores pueden seguir el recorrido de estas masas contaminantes y analizar cómo evolucionan mientras atraviesan diferentes regiones.
El tráfico también deja una huella visible desde el espacio
TEMPO no solo permite analizar incendios.
En Maryland, investigadores utilizaron sus datos para estudiar episodios en los que las concentraciones de ozono superaron los límites establecidos.
Al comparar las mediciones de NO2 durante distintas mañanas calurosas, identificaron patrones relacionados con fuentes industriales y con el corredor de la Interestatal 95, una de las rutas con mayor tráfico de la región.
La ventaja es que las observaciones permiten ver cómo esas concentraciones cambian durante el día, algo mucho más difícil de reconstruir con una única imagen diaria.

La contaminación y las visitas a urgencias
Los datos también empiezan a utilizarse en investigaciones relacionadas con la salud. En Ciudad de México, científicos observaron que las concentraciones de NO2 alcanzaban sus valores máximos durante la hora pico de la mañana.
Al comparar esos datos con registros sanitarios, encontraron que las visitas a servicios de urgencias aumentaban durante los momentos de mayor concentración de este contaminante.
Este tipo de información permite estudiar con mayor precisión no solo cuánto contaminante existe en una ciudad, sino también cuándo ocurre la mayor exposición.
Una nueva forma de observar la calidad del aire
La resolución horaria de TEMPO puede ayudar a autoridades e investigadores a detectar zonas especialmente afectadas, seguir la contaminación transportada desde otras regiones y determinar en qué momentos del día existe un mayor riesgo.
Estos datos podrían utilizarse, por ejemplo, para recomendar que determinadas actividades escolares se realicen en interiores durante episodios de contaminación o para emitir advertencias más precisas a la población.
La principal diferencia respecto de generaciones anteriores de satélites está en la frecuencia de las observaciones. En lugar de ofrecer una fotografía aislada de la atmósfera, TEMPO permite seguir su evolución.
Así, la contaminación deja de verse como una imagen estática y comienza a observarse como un fenómeno que cambia constantemente a lo largo del día.