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Ciencia

El rastro oculto en nuestro ADN que podría cambiar lo que sabemos sobre el origen de la vida

Un grupo de científicos ha encontrado en el genoma moderno una pista inesperada que podría remontarse a un tiempo anterior al último ancestro común de todos los seres vivos. Estos genes, presentes en cada organismo actual, podrían estar revelando secretos de una etapa que creíamos inalcanzable.
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Cuando intentamos reconstruir el origen de la vida, siempre chocamos con el mismo límite: un ancestro común del que desciende todo lo que hoy respira, crece o se reproduce. Sin embargo, una nueva investigación sugiere que en nuestro propio ADN podría existir una señal más antigua todavía. Una huella genética que apunta hacia un capítulo previo, casi borrado por el tiempo, pero no del todo perdido.

El límite que impone LUCA

En biología evolutiva existe un punto al que inevitablemente conducen todas las reconstrucciones del pasado: LUCA, el último ancestro común universal. Este organismo hipotético sería el origen compartido de bacterias, arqueas, protistas, plantas, hongos y animales. Cada vez que los científicos rastrean la historia de los genes actuales, terminan reconstruyendo algo parecido a él.

El problema es que más allá de LUCA el rastro se vuelve difuso. No contamos con fósiles moleculares claros ni con registros directos que nos permitan observar qué ocurrió antes. Sin embargo, muchos investigadores sospechan que gran parte de las características básicas de la vida ya existían incluso antes de ese ancestro común.

En aquella etapa primitiva, a veces descrita como una “sopa” química en constante transformación, podrían haber surgido membranas rudimentarias, moléculas capaces de almacenar información genética y proteínas sencillas. También es posible que hubiera linajes celulares que no prosperaron y desaparecieron sin dejar descendencia directa. La gran pregunta es cómo acceder a ese pasado sin registros evidentes.

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© Unsplash – digitale.de.

Una pista inesperada en los genes duplicados

Un equipo formado por Aaron Goldman, Greg Fournier y Betül Kaçar propuso una estrategia diferente. En lugar de intentar ir más atrás en el tiempo de forma directa, decidieron examinar un tipo especial de genes conocidos como parálogos universales.

Para entender su importancia, primero hay que comprender qué es un gen parálogo. Se trata de genes que comparten un origen común dentro de un mismo genoma debido a un evento de duplicación. Un ejemplo claro en humanos son las globinas, proteínas responsables del transporte de oxígeno. Existen varias versiones de estos genes porque, en algún momento remoto, uno original se duplicó y cada copia evolucionó por su cuenta.

Ahora bien, los parálogos universales son un caso particular. Se trata de genes que aparecen duplicados en todos los grandes linajes de la vida actual. Esto implica que la duplicación no ocurrió de manera independiente en cada grupo, sino que probablemente ya estaba presente en su ancestro común. Y si LUCA ya poseía esas copias duplicadas, el evento de duplicación debió producirse antes de su existencia.

Ahí es donde la historia se vuelve fascinante: estos genes podrían contener información procedente de un periodo anterior al propio LUCA.

Genes que hablan del equilibrio interior

Los investigadores identificaron que muchos de estos parálogos universales están relacionados con funciones esenciales, como la producción de proteínas o el transporte de moléculas a través de la membrana celular. Son procesos fundamentales para cualquier forma de vida.

Si imaginamos la célula como una casa, estos genes serían los encargados de fabricar los materiales básicos y de gestionar lo que entra y sale. Esa capacidad de mantener una diferencia clara entre interior y exterior es clave para la vida. Sin ella no existiría la homeostasis, el equilibrio interno que permite que las reacciones químicas ocurran de manera controlada.

El hecho de que estos genes estén tan profundamente conservados sugiere que surgieron en una etapa muy temprana. Probablemente fueron esenciales para que las primeras células lograran estabilizar su entorno interno y diferenciarse del medio que las rodeaba.

Reconstruir proteínas del pasado

El trabajo no se quedó en el análisis teórico. En investigaciones previas, el laboratorio de Goldman logró recrear una proteína ancestral utilizando herramientas de biología computacional y sintética. A partir de las secuencias modernas, reconstruyeron una versión primitiva que resultó ser más simple que sus descendientes actuales.

A pesar de su simplicidad, esta proteína era funcional: podía asociarse a membranas celulares y participar en la producción y movimiento de otras proteínas. Estos experimentos muestran que no solo es posible inferir cómo eran los componentes de la vida temprana, sino también ponerlos a prueba en el laboratorio.

Según los investigadores, los parálogos universales representan una oportunidad única para conectar los primeros pasos de la vida con las herramientas científicas actuales. Son, en cierto modo, archivos vivientes que han sobrevivido miles de millones de años dentro de los genomas modernos.

Una ventana hacia un pasado casi inaccesible

Explorar estos genes no garantiza respuestas inmediatas, pero abre una vía prometedora. Si se logra reconstruir con mayor precisión la historia de estas duplicaciones antiguas, podríamos acercarnos a comprender cómo eran las primeras entidades celulares y qué mecanismos les permitieron sobrevivir.

Después de miles de millones de años de evolución, puede que las huellas de aquellos precursores sigan presentes en cada célula viva. No como fósiles visibles, sino como secuencias que todavía cumplen funciones esenciales.

La investigación continúa, y cada nuevo análisis podría revelar detalles adicionales de esa etapa previa al ancestro común universal. Quizá el mayor misterio de la biología no esté enterrado en rocas antiguas, sino escondido en el interior de nuestro propio ADN, esperando a ser descifrado.

 

[Fuente: National Geographic]

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