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Ciencia

El ruido rosa podría cambiar lo que ocurre en el cerebro mientras duermes

Un experimento del MIT encontró que un sonido casi imperceptible, aplicado en el instante adecuado, puede modificar una función cerebral relacionada con el descanso.
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Dormir no significa que el cerebro entre en pausa. Mientras el cuerpo permanece inmóvil, en su interior continúan una serie de procesos coordinados que acompañan las distintas etapas del sueño. Algunos de ellos están relacionados con la actividad eléctrica cerebral y con el movimiento del líquido cefalorraquídeo, que circula alrededor del cerebro y la médula espinal.

En los últimos años, los sonidos utilizados para dormir despertaron especial interés. El ruido blanco, por ejemplo, se emplea para enmascarar sonidos ambientales y crear un fondo acústico constante. El ruido rosa es parecido, aunque distribuye su energía de manera diferente y da mayor protagonismo a las frecuencias graves. Por eso suele asociarse con sonidos naturales como la lluvia o una cascada.

Ahora, un experimento realizado por investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) exploró una posibilidad mucho más específica: utilizar pequeñas ráfagas de ruido rosa para acompañar determinados momentos de la actividad cerebral durante el sueño.

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©New Africa – ShutterStock

Un sonido de apenas 50 milisegundos

El estudio, publicado en Science Translational Medicine, se centró en las llamadas ondas lentas, características del sueño no REM y especialmente presentes durante las fases más profundas del descanso. Investigaciones anteriores ya habían encontrado una relación entre estas ondas eléctricas y los cambios en el movimiento del líquido cefalorraquídeo.

El equipo dirigido por Laura Lewis, profesora asociada de Ingeniería Eléctrica e Informática del MIT, quiso comprobar si era posible reforzar ese proceso mediante un estímulo auditivo extremadamente breve.

Para hacerlo, los investigadores trabajaron con 14 adultos sanos, que se quedaron dormidos durante sesiones de siesta dentro de un escáner de resonancia magnética. Al mismo tiempo, los científicos registraron su actividad cerebral mediante electroencefalografía y observaron el movimiento del líquido cefalorraquídeo mediante las imágenes obtenidas durante el experimento.

El sistema desarrollado por el equipo tenía una característica fundamental: no reproducía ruido rosa de manera continua. En cambio, un algoritmo identificaba cuándo se aproximaba el máximo de una onda lenta.

En ese instante, el dispositivo emitía una ráfaga de apenas 50 milisegundos. El estímulo era lo suficientemente breve como para no despertar a los participantes, pero aparentemente podía interactuar con el ritmo de la actividad cerebral.

Los resultados mostraron que las ráfagas sincronizadas aumentaban la amplitud de las ondas lentas. Pero el efecto observado no terminaba allí.

El líquido cefalorraquídeo también respondió

Las imágenes obtenidas durante las sesiones mostraron un incremento en la amplitud de las ondas de líquido cefalorraquídeo después de los estímulos sonoros. Los investigadores también observaron una relación entre la actividad eléctrica cerebral, los cambios en el diámetro de los vasos sanguíneos y el desplazamiento de este líquido.

El líquido cefalorraquídeo rodea y protege el sistema nervioso central y participa en procesos relacionados con la eliminación de productos de desecho. Por eso, los resultados abren una línea de investigación que conecta la actividad cerebral durante el sueño con los mecanismos que regulan el movimiento de este fluido.

El hallazgo, sin embargo, necesita ser interpretado con cuidado. El experimento demostró que los estímulos auditivos sincronizados podían aumentar determinadas ondas durante el sueño, pero no demostró que escuchar ruido rosa mejore la memoria, las capacidades cognitivas o la calidad del descanso en la vida cotidiana.

Tampoco significa que reproducir una pista de ruido rosa durante toda la noche produzca el mismo efecto. La intervención del MIT fue mucho más precisa: los sonidos se emitieron únicamente cuando el sistema detectaba una fase concreta de la actividad cerebral.

Esta diferencia es especialmente importante porque otras investigaciones han encontrado resultados diferentes cuando el ruido rosa se utiliza de manera continua.

No todo ruido rosa produce el mismo efecto

Un estudio realizado por investigadores de Penn Medicine analizó qué ocurría cuando las personas dormían expuestas de manera continua a ruido rosa y a ruido de aviones. En ese caso, los investigadores observaron que una exposición al ruido rosa de 50 decibeles se asociaba con una reducción de casi 19 minutos de sueño REM respecto de las noches sin exposición sonora.

Los participantes también informaron una peor percepción subjetiva de su descanso después de determinadas exposiciones sonoras. El trabajo mostró, además, que el uso de tapones para los oídos podía reducir algunos de los efectos provocados por el ruido de los aviones.

Los resultados de ambos estudios no son necesariamente contradictorios. Analizan situaciones muy diferentes. Mientras el experimento del MIT utilizó ráfagas de solo 50 milisegundos sincronizadas con las ondas lentas de cada participante, el estudio de Penn Medicine examinó una exposición continua a una determinada intensidad de ruido.

La diferencia deja una conclusión relevante: no basta con decir que el ruido rosa es beneficioso o perjudicial para dormir sin especificar cómo, cuándo y durante cuánto tiempo se utiliza.

La investigación del MIT aporta una pista sobre cómo determinados estímulos podrían interactuar con los procesos cerebrales del sueño, pero todavía quedan muchas preguntas abiertas. Será necesario comprobar si estos cambios pueden reproducirse en grupos más amplios y, sobre todo, si tienen consecuencias concretas para la memoria, la salud cerebral o la calidad del descanso.

Por ahora, el resultado más llamativo no está en escuchar más sonido mientras dormimos, sino en descubrir que un estímulo de una fracción de segundo, aplicado exactamente en el momento adecuado, puede influir en una actividad que el cerebro desarrolla mientras permanecemos completamente dormidos.

 

[Fuente: Infobae]

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