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Ciencia

El secreto genético y evolutivo detrás de la longevidad femenina

Un nuevo estudio del Instituto Max Planck revela que las mujeres viven más que los hombres no solo por su biología, sino también por sus hábitos. La genética ofrece ventaja, pero los comportamientos amplían la brecha. La clave podría estar en los cromosomas… y en aprender a cuidar mejor la salud.
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Una diferencia que empieza al nacer

Las mujeres viven, en promedio, cinco años más que los hombres. Esta diferencia, visible en casi todos los países, comienza incluso antes de hablar o caminar: los recién nacidos varones presentan tasas de mortalidad más altas debido a su mayor vulnerabilidad frente a infecciones y trastornos genéticos.

Con el paso de los años, la brecha se amplía. Los hombres jóvenes suelen exponerse más a la violencia, los accidentes y el consumo de tabaco o alcohol, factores que incrementan el riesgo de enfermedad y muerte prematura.
Pero la ciencia demuestra que los hábitos no explican todo. Hay algo más profundo: la biología.


El peso de la biología en la longevidad femenina

Durante décadas, los científicos sospecharon que las mujeres estaban mejor protegidas frente al envejecimiento gracias a los estrógenos, que favorecen la salud cardiovascular, y a un sistema inmunitario más resistente.
Estos factores hormonales y celulares actúan como una barrera natural contra muchas enfermedades crónicas.

Además, desde una perspectiva evolutiva, las hembras de la mayoría de las especies desarrollaron una predisposición genética a la autopreservación: vivir más tiempo aumenta las probabilidades de que sus crías sobrevivan y se reproduzcan. La longevidad femenina, entonces, sería una forma de estrategia evolutiva para proteger la descendencia.

El secreto genético y evolutivo detrás de la longevidad femenina
© FreePik

La ventaja de los cromosomas idénticos

Un nuevo estudio del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Alemania), publicado en Science Advances, ofrece una pieza clave del rompecabezas.
Analizando los datos genéticos de 1.176 especies —528 mamíferos y 648 aves, anfibios e insectos—, los investigadores encontraron una correlación directa entre longevidad y estructura cromosómica.

En los mamíferos, las hembras (XX) viven, en promedio, un 12 % más que los machos (XY).
En cambio, en las aves ocurre lo opuesto: las hembras (ZW) viven menos que los machos (ZZ).

Esta diferencia encaja con la llamada teoría del sexo heterogamético, que plantea que las especies con dos cromosomas idénticos (como las mujeres con XX o los machos de aves con ZZ) están mejor protegidas frente a mutaciones genéticas.
Un cromosoma puede compensar los defectos del otro, lo que se traduce en una ventaja biológica para resistir enfermedades y prolongar la vida.


Cuando la evolución y el comportamiento se cruzan

Sin embargo, la genética no es el único factor. El estudio descubrió que esta “ventaja cromosómica” solo se mantiene en los mamíferos, mientras que en aves, anfibios o insectos, los comportamientos sociales y reproductivos cambian el resultado.

En las especies polígamas, donde los machos compiten ferozmente por las hembras, los niveles de estrés y las lesiones reducen su esperanza de vida.
En cambio, las especies monógamas, que comparten el cuidado de las crías, presentan diferencias menores o incluso inversas.

En otras palabras, la cooperación prolonga la vida.
Las especies que comparten responsabilidades parentales —y reducen el desgaste físico del macho— tienden a equilibrar la balanza. Esta observación también se aplica, con matices, a los seres humanos.

El secreto genético y evolutivo detrás de la longevidad femenina
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Lo que los hombres pueden aprender de las mujeres

Los científicos del Instituto Max Planck destacan que los comportamientos sociales también moldean la longevidad.
Las mujeres suelen cuidar más su salud, acudir al médico con mayor frecuencia, mantener redes de apoyo emocional y llevar dietas más equilibradas.
Estas diferencias, sumadas a la biología, amplían la brecha de esperanza de vida entre ambos sexos.

Pero la tendencia no es irreversible. Los hombres pueden reducir la distancia adoptando algunos de esos comportamientos protectores: mayor autocuidado, manejo del estrés, vínculos emocionales sólidos y un rol más activo en la crianza.
De hecho, estudios recientes muestran que la paternidad involucrada reduce el riesgo cardiovascular y mejora la salud mental en varones.


Una cuestión de evolución… y de aprendizaje

La superior longevidad femenina no es solo un legado genético, sino también un reflejo de estrategias de supervivencia que evolucionaron a lo largo de millones de años.
En palabras de los investigadores, “vivir más tiempo no fue un accidente evolutivo, sino una necesidad biológica para garantizar la continuidad de la especie”.

Hoy, esa ventaja puede transformarse en una lección práctica: la igualdad no solo es una cuestión social o ética, sino también una estrategia de supervivencia.
Si los hombres adoptan estilos de vida más saludables y equilibrados, la brecha de longevidad podría reducirse, acercándonos a un futuro donde la biología y la cultura trabajen juntas para extender la vida de todos.

Fuente: Meteored.

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