Foto: NASA

Este jueves la NASA ha publicado en la revista Science los resultados de un estudio en el que compararon minuciosamente la evolución del astronauta Scott Kelly, de 50 años de edad, quien pasó un año a bordo de la Estación Espacial Internacional en 2015, y la de su hermano gemelo idéntico Mark Kelly, quien se quedó en la Tierra. El objeto del estudio era averiguar qué le ocurre a nuestros cuerpos cuando estamos durante largos periodos en el espacio.

La NASA descubrió que Scott Kelly estaba mental, física y genéticamente tan sano como su hermano durante su estancia en el espacio, y que la gran mayoría de los pequeños cambios detectados en Scott (comparados consigo mismo antes de la misión) volvieron a la normalidad pasados seis meses. Pero las diferencias observadas en Scott durante su estancia en el espacio y después de su regreso podrían proporcionar a la NASA importantes pistas sobre cómo mantener a los astronautas a salvo durante misiones más largas a Marte y más allá.

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“Creo que es tranquilizador saber que cuando vuelvas las cosas volverán a la normalidad”, dijo Michael Synder, uno de los investigadores del estudio y director del Centro de Genómica y Medicina Personalizada de Stanford, en una conferencia de prensa.

Pero en enero de 2018, cuando se publicaron varios de los resultados de este estudio, algunos medios de comunicación tergiversaron los descubrimientos y se armó un gran revuelo. En particular, medios como Newsweek informaron que un “siete por ciento de los genes de Scott Kelly no volvieron a la normalidad después de regresar”. Otros dieron a entender que Scott Kelly se había convertido en una persona diferente de su hermano gemelo.

Los gemelos Kelly
Foto: NASA

Pero los investigadores nunca hablaron de una diferencia del siete por ciento entre los genes de los gemelos. Dijeron que algunos de los genes de Scott Kelly habían cambiado en su expresión génica (la ejecución de instrucciones en el genoma de una célula) durante su etapa en el espacio. Y ese cambio general en la expresión génica todavía estaba presente seis meses después de que regresara a casa.

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De acuerdo con el documento final publicado en Science, el cambio restante en la expresión génica pasados seis meses fue en del 10 por ciento, e involucra cientos de genes individuales relacionados con el sistema inmune y otras partes. Pero como la NASA aclaró durante el revuelo del año pasado, se trataba de un cambio relativamente pequeño en su expresión genética (también conocida como epigenética). Estos cambios epigenéticos y otros en su metabolismo o en su sistema inmune también estuvieron dentro del rango que podríamos esperar en alguien que lidia con una buena cantidad de estrés.

“Dado que la mayoría de las variables biológicas y de salud se mantuvieron estables, o volvieron a sus números iniciales, estos datos sugieren que la salud humana se puede mantener durante un viaje espacial de esta duración”, dijo la NASA en un comunicado.

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De hecho, Mark Kelly también tuvo cambios epigenéticos durante todo el período de estudio, e incluso en un grado un poco mayor que su hermano que estaba en el espacio. Esto no resulta tan sorprendente, porque literalmente todo en nuestro entorno puede moldear nuestra expresión genética. Y aunque el espacio sea una experiencia estresante que pueda desgastar el cuerpo y el sistema inmunológico, Scott Kelly no estaba haciendo otras cosas que afectasen negativamente a su cuerpo y que su hermano sí estaba haciendo en la Tierra, como beber alcohol.

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Sin embargo, los cambios de Scott en relación con su etapa en la Tierra y con su hermano son importantes, ya que nos ayudan a tener una idea de cómo los viajes espaciales a largo plazo afectarán al cuerpo humano. Los ojos de Scott, por ejemplo, desarrollaron un nervio retiniano más grueso después de unos pocos meses, lo que se ya se ha visto en algunos de los otros astronautas que han participado en misiones más largas. Este cambio seguramente sea causado por la microgravedad del espacio. Pero los científicos sospechan que la genética contribuye a que los astronautas sean más vulnerables a ello. Como prueba de esta teoría, ambos gemelos tenían variaciones genéticas relacionadas con el cambio en los ojos, aunque solo Scott las acabó desarrollando.

También sufrieron cambios inesperados los telómeros de Scott Kelly (los extremos de los cromosomas que se cree que predicen nuestra edad celular, ya que se van acortando a lo largo de nuestra vida). Algunos de ellos se hicieron más largos mientras Kelly estaba en el espacio, pero luego se acortaron rápidamente al poco de su regreso, y seis meses después algunos estaban más cortos que antes. Es demasiado pronto para decir lo que realmente significa esto, pero la autora del estudio, Susan Bailey, bióloga de la Universidad Estatal de Colorado, dijo que los viajes espaciales “no son como la fuente de la eterna juventud, espero que la gente no crea que puede vivir más por estar en el espacio”.

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Curiosamente, aunque Scott Kelly no mostró grandes cambios en términos de salud y que todo volvió a la normalidad tras su regreso, su capacidad intelectual (medida por su precisión y rapidez en una serie de pruebas cognitivas) sufrió un bajón notable una vez que regresó, y pasados seis meses todavía era evidente. Sin embargo, no está claro qué porcentaje de este bajón mental puede atribuirse a los peligros del espacio en sí. Esto es lo que piensa el investigador principal Mathias Basner, profesor asociado de sueño y cronobiología de la Escuela de Medicina Perelman:

“Podrían ser los efectos de reexponerse y reajustarse a la gravedad en la Tierra”, le dijo Basner a Gizmodo, señalando que el mismo Kelly tuvo que aprender a caminar de forma normal de nuevo. “Aunque también su calendario posterior a la misión fue muy agitado, con muchos eventos en medios de comunicación”.

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Dicho esto, también existe la posibilidad de que las condiciones del viaje en sí, incluida la duración, contribuyan a la pérdida de la agudeza de Kelly. Y ese es un riesgo importante a tener en cuenta cuando las personas vayan a embarcarse en misiones aún más largas y en soledad.

“Por supuesto, es una clara señal de alarma. Quiero decir, si enviamos un grupo de astronautas a Marte, el viaje allí probablemente dure aproximadamente un año. Y luego tienen que pasar por una parte crítica sobre la superficie del planeta, y necesitamos que actúen de la mejor manera posible”, dijo Basner. “Este estudio puede indicarnos que quizás no sean capaces de hacer eso”.

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Por muy importante que sea este estudio sobre los gemelos Kelly, es solo un comienzo para averiguar más cosas sobre la salud humana en el espacio. Vivir en la EEI no es nada fácil, aunque los astronautas todavía están en gran parte protegidos de la radiación cósmica que bombardearía, por ejemplo, a cualquiera que quiera ir a Marte (la exposición total a la radiación sería al menos cinco veces mayor). Y los gemelos Kelly son solo un tamaño de muestra muy pequeño. Así que necesitamos investigar más y con un número mayor de astronautas. Para ese fin, la NASA está planeando más misiones de diferentes duraciones para obtener más datos sobre los efectos sobre el cuerpo de la vida en el espacio.