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Ciencia

El sorprendente motivo por el que el agua pura casi no conduce electricidad, aunque contiene partículas cargadas

Aunque siempre nos enseñaron que el agua y la electricidad son una combinación peligrosa, la ciencia revela una realidad inesperada: el agua químicamente pura es un conductor extremadamente deficiente. La explicación está en un fenómeno microscópico conocido como autoionización.
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Desde pequeños aprendemos una regla fundamental de seguridad: nunca debemos acercar aparatos eléctricos al agua. Sin embargo, existe una curiosidad científica que parece contradecir esta advertencia: el agua completamente pura apenas conduce la electricidad.

La explicación no está en que sus moléculas sean incapaces de transportar cargas eléctricas. De hecho, el agua experimenta constantemente un proceso químico que genera partículas con carga positiva y negativa.

Entonces, ¿por qué el agua pura funciona casi como un aislante mientras que el agua del grifo o del mar puede conducir corriente eléctrica con facilidad?

La respuesta depende de la cantidad de partículas cargadas presentes y de cómo se desplazan entre las moléculas.

El fenómeno invisible que ocurre dentro del agua

A nivel microscópico, las moléculas de agua están en constante movimiento e interactúan continuamente unas con otras.

Durante estas interacciones puede producirse un fenómeno llamado autoionización, mediante el cual una molécula de agua transfiere un protón a otra. Como resultado, aparecen dos especies químicas con cargas opuestas: el ion hidronio, de carga positiva, y el ion hidróxido, de carga negativa.

Estas partículas permiten el transporte de corriente eléctrica porque pueden desplazarse bajo la influencia de un campo eléctrico.

Sin embargo, existe un detalle fundamental: la autoionización ocurre en una proporción extraordinariamente pequeña.

Solo una de cada 555 millones de moléculas

A una temperatura de 25 grados Celsius, el equilibrio químico del agua pura favorece ampliamente la presencia de moléculas eléctricamente neutras.

Aproximadamente una de cada 555 millones de moléculas de agua se encuentra convertida en ion hidronio en un momento determinado, acompañada por una cantidad equivalente de iones hidróxido. Esto significa que, aunque existen partículas capaces de transportar electricidad, son demasiado escasas para producir una corriente importante.

Por eso, el agua ultrapura presenta una conductividad de apenas 0,055 microsiemens por centímetro a 25 grados Celsius, un valor extraordinariamente bajo.

Los protones pueden desplazarse de una manera sorprendente

Uno de los aspectos más interesantes es que las cargas positivas pueden transportarse rápidamente por el agua. Este mecanismo, conocido como mecanismo de Grotthuss, permite que los protones se transfieran entre moléculas vecinas mediante reorganizaciones sucesivas de los enlaces de hidrógeno.

En lugar de necesitar que una misma partícula recorra toda la distancia, la carga puede propagarse a través de una cadena de transferencias.

Sin embargo, esta movilidad excepcional no consigue compensar la escasa concentración de iones presentes. Aunque las cargas se transporten rápidamente, su pequeño número limita la conductividad total del líquido.

Por qué el agua del grifo sí puede ser peligrosa

La situación cambia cuando el agua contiene minerales y sales disueltas.

El agua de los ríos, las piscinas y los hogares incorpora sustancias que liberan iones de sodio, calcio, magnesio y cloruro, entre otros. Estas partículas adicionales aumentan considerablemente la cantidad de portadores de carga disponibles y facilitan el paso de la corriente.

El agua marina, debido a su elevada concentración de sales, presenta una conductividad mucho mayor que el agua dulce.

Por eso, incluso pequeñas cantidades de sustancias disueltas pueden transformar el comportamiento eléctrico del líquido.

Un descubrimiento con aplicaciones tecnológicas

Comprender estas propiedades es fundamental para industrias que necesitan controlar las impurezas presentes en el agua. En la fabricación de semiconductores, los laboratorios científicos y determinadas instalaciones tecnológicas se utiliza agua ultrapura para evitar contaminaciones y alteraciones en los procesos.

Sin embargo, su baja conductividad no significa que sea seguro manipular electricidad cerca de ella: puede contaminarse rápidamente al entrar en contacto con el ambiente.

La paradoja demuestra que una propiedad tan familiar como la capacidad del agua para conducir electricidad depende de procesos químicos que ocurren a escalas prácticamente invisibles.

 

 

Fuente: Noticias de la Ciencia y la Tecnologia.

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