El espacio puede alcanzar temperaturas extraordinariamente bajas, pero uno de los lugares más fríos que conocemos acaba de aparecer dentro de una estación espacial construida por seres humanos. Científicos chinos han conseguido enfriar una nube de átomos hasta un nivel tan extremo que supera los récords anteriores de gases cuánticos ultrafríos. Y lo más sorprendente es que lo hicieron a cientos de kilómetros sobre la Tierra, dentro del laboratorio orbital Tiangong.
El experimento alcanzó una temperatura equivalente de 9,7 picokelvin, apenas 0,0000000000097 grados por encima del cero absoluto en la escala Kelvin. Para comprender su magnitud, basta recordar que el cero absoluto corresponde a −273,15 °C, el límite inferior de temperatura establecido por la termodinámica.
Los resultados se publicaron el 5 de noviembre de 2026 en Science, y la Academia China de Ciencias anunció el récord al día siguiente. La investigación establece una nueva marca para un gas cuántico ultrafrío y podría permitir mediciones físicas con una precisión hasta ahora difícil de alcanzar.
Un laboratorio espacial consiguió enfriar miles de átomos hasta que comenzaron a comportarse como una sola entidad cuántica

El experimento se realizó en el módulo Mengtian de Tiangong, donde China instaló un laboratorio de átomos ultrafríos desarrollado por la Universidad de Pekín y el Instituto de Óptica y Mecánica Fina de Shanghái.
El equipo trabajó con aproximadamente 20.000 átomos de rubidio, un elemento metálico utilizado habitualmente en experimentos de física cuántica. Mediante una combinación de láseres y técnicas de enfriamiento evaporativo, los investigadores redujeron progresivamente la energía del gas hasta formar un condensado de Bose-Einstein.
En ese estado, una gran cantidad de átomos comparte propiedades cuánticas colectivas que normalmente resultan difíciles de observar a escala macroscópica. Pero el desafío más complicado estaba en conseguir que el gas siguiera enfriándose. Para ello, los científicos utilizaron trampas ópticas que mantienen los átomos confinados mediante luz láser y modificaron cuidadosamente sus condiciones para permitir una expansión extremadamente lenta.
La clave fue la microgravedad. En la Tierra, la caída de los átomos limita cuánto tiempo pueden observarse y obliga a utilizar sistemas de confinamiento más intensos. En órbita, en cambio, los científicos pudieron observar la expansión de la nube durante unos siete segundos. Según explica la Universidad de Pekín, el equipo superó una marca anterior de 38 picokelvin, alcanzando una temperatura equivalente casi cuatro veces menor.
El récord podría ayudar a estudiar la materia oscura y comprobar las leyes de Einstein

El resultado tiene una importancia que va mucho más allá de conseguir temperaturas extraordinariamente bajas. Cuando los átomos se mueven tan lentamente, los científicos pueden estudiar fenómenos cuánticos con menos interferencias y durante periodos más prolongados.
Una aplicación especialmente interesante son los interferómetros atómicos, instrumentos que utilizan el comportamiento ondulatorio de la materia para medir pequeñas variaciones de aceleración y gravedad.
Esta precisión podría permitir crear sensores gravitatorios más sensibles, mejorar los sistemas de navegación espacial y realizar nuevas comprobaciones del principio de equivalencia de Einstein, según el cual los cuerpos caen de la misma manera bajo la acción de la gravedad cuando se consideran las condiciones apropiadas.
También podría ayudar a investigar modelos de materia oscura ultraligera, aunque por ahora no se ha detectado ninguna partícula de materia oscura mediante este experimento.

La Academia China de Ciencias destaca que el resultado culmina aproximadamente quince años de desarrollo tecnológico. Los ingenieros consiguieron integrar un sistema experimental que inicialmente requería instalaciones terrestres de gran tamaño en un laboratorio espacial de aproximadamente medio metro cúbico de volumen.
Hay, además, una precisión fundamental: no significa que toda la estación Tiangong estuviera a esa temperatura. Los 9,7 picokelvin corresponden a la temperatura equivalente del movimiento de los átomos durante su expansión, no al ambiente que rodea a los astronautas.
El descubrimiento demuestra que el espacio no solo permite observar el universo desde una posición privilegiada. También puede convertirse en un laboratorio donde reproducir condiciones físicas prácticamente imposibles de mantener durante tanto tiempo en la Tierra.
China acaba de demostrar que podemos acercarnos al cero absoluto utilizando átomos suspendidos en el espacio. Y cuanto más lentamente se muevan esas partículas, más oportunidades tendrán los científicos de investigar algunos de los fenómenos más difíciles de medir del universo.