Consumimos más allá de nuestros medios.
A lo largo de los años hubo muchos estudios científicos que mostraron un planeta Tierra despojado de recursos naturales, incapaz de lidiar con el apetito de consumo de sus habitantes humanos. El resultado ha estado acelerando el daño ambiental a gran velocidad.
Aunque todos tenemos participación en la trayectoria actual del daño al medio ambiente, no es una responsabilidad que se distribuya de manera uniforme. Según un estudio publicado en Communications Sustainability de Nature el jueves, el 10% de maor consumo de la población mundial causa daño ambiental anual por unos US$5,7 billones. Incluso con los cálculos más conservadores, el cálculo es de US$1,7 billones al año, lo suficiente como para cubrir la cantidad total necesaria para el objetivo de financiación climática 2035 de la Organización de Naciones Unidas, y la financiación de biodiversidad 2030.
De ese top mundial del 10% de consumidores el miembro promedio causa daño ambiental anual por US$7.500, según un estudio de investigadores de la Universidad de Leiden en Países Bajos y la Universidad de Oxford en Reino Unido.
Incluso en la peor de las situaciones posibles, el cálculo es conservador, indican los investigadores, porque solo se está estudiando el consumo directo. Entre los que más dinero ganan en este grupo de grandes contaminadores, las inversiones representan solo la mitad de las emisiones, que no se incluyeron en el análisis.
“Ese top 10% es importante, no solo porque causan la mayor cantidad de daño sino porque además son los que más influencia tienen como para reducirlo”, dijo Paul Behrens, profesor de Oxford y coautor del trabajo de investigación. “El capital que invierten, desde pensiones a infraestructura, decide qué industrias se amplían, qué compañías que dirigen establecen decisiones para todos, y los estilos de vida que muestran cosas que la gente lugo busca como algo normal. Suelen tener capacidad como agentes, no solo individualmente como consumidores sino como inversores, empleadores, creadores de tendencia y de mercados. Su poder para reducir las emisiones es mucho mayor que su participación en éstas”.
Pero en teoría, es difícil decidir cómo se dividiría esa cuenta. Los investigadores encontraron que más de 60% del top 10% de consumidores del mundo viven en EE.UU. o la Unión Europea, y más de la mitad de la población estadounidense cabe en esta categoría.
Pero así como la cuenta del daño ambiental no se distribuye uniformemente entre los países, tampoco se distribuye uniformemente la responsabilidad económica en la población de un país determinado Por ejemplo, aunque más de la mitad d ela población estadounidense consume mucho más que sus contrapartes internacionales, hay un grupo incluso menor de estadounidenses de esa categoría que logran consumir inconmensurablemente más, por lo que su impacto sobre el medio ambiente es mucho mayor. Según el estudio, el top 10% de los consumidores en EE.UU. representa la mayor proporción por persona que la de cualquier otro país que se haya estudiado, causando hasta US$63.000 en daño ambiental cada año. Entre los seis países que se analizaron más, Alemania y China siguen a EE.UU. en tanto que India y Egipto son los que menos daño causan.
Cómo monetizar el medio ambiente
El estudio calcula este gasto por daño viendo lo que se conoce como límites planetarios. Los científicos creen que hay nueve sistemas ambientales fundamentales, cada uno con un límite en la cantidad de presión que pueden soportar. Esos son los límites planetarios. Mientras la humanidad se mantenga dentro de esos límites, por ejemplo limitando el consumo de agua potable o previniendo el cambio climático, en teoría estaríamos en un lugar seguro y habitable para la humanidad. Sin embargo, el cruzar esos límites causa daño perdurable y potencialmente irreversible, probablemente en aumento, para toda la Tierra.
Los cuatro límites planetarios analizados por los científicos en este estudio son el clima, la integridad de la biósfera (incluye la biodiversidad), el agua potable, y el ciclo biogeoquímico de nutrientes esencial para la salud del suelo y los ecosistemas acuáticos. Y para monetizar los cambios en este sistema usaron la Guía de Precios Ambientales, que asigna valor monetario al daño y las pérdidas de bienestar que causa la contaminación ambiental. Combinaron luego eso con la huella ambiental del top 10% de consumidores, usando los datos de un estudio anterior.
Encontraron que el top 10% de los consumidores globales tienen responsabilidad desproporcionada en la presión a la que se someten estos límites, causando cosas como sequías, estrés por calor, degradación de ecosistemas y “sufrimiento humano y animal”.
Los resultados podrían usarse como base para una política climática muy debatida, conocida como impuestos ambientales. En teoría, los impuestos verdes como el impuesto al carbono, no solo harían responsables a los grandes contaminadores imponiendo impuestos mayores a las actividades que más contaminan, sino que podrían limitar la contaminación y las emisiones de carbono al desincentivar las actividades que llevan al daño ambiental.
“Aunque me resulta incómodo ponerle precio al medio ambiente. El valor real de la naturaleza es infinito y mostrar el daño en términos de dinero muestra el alcance de los daños y la responsabilidad de ese top 10% de consumidores”, dijo Inge Schrijver, autora principal del estudio. “El precio del daño es mayor que la suma de dinero necesario internacionalmente para los fondos del clima y la biodiversidad. Si el que contamina paga, y ese dinero va a las soluciones, la diferencia sería enorme”.
Los autores argumentan que en los países de altos ingresos, los impuestos al consumo de lujo serían más justos. En EE.UU. la suma anual del top 10% de consumidores sería el equivalente al 6% de sus ingresos, en los cálculos más conservadores, y hasta del 20% de su ingreso en otras situaciones.
“Financiar la inversión en el clima por medio de un impuesto s la riqueza del top 1% podría disminuir la desigualdad en la riqueza (porque entonces serían dueños de una cuarta parte de la riqueza en 2050) en tanto que se trabajaría en la responsabilidad desigual ante los daños en el clima que afectan a comunidades de menores ingresos”, concluyen los autores del estudio.