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Ciencia

El truco para aprovechar el CO₂ con energía renovable consiste en dejar el reactor casi dormido

Investigadores desarrollaron una estrategia para evitar que los catalizadores de cobre se deterioren cuando cambia el suministro de electricidad renovable. En vez de apagar por completo el sistema, mantienen una corriente mínima que protege el material, permite ajustar la producción al precio energético y reduciría los costos operativos cerca de un 25%.
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Convertir emisiones en materias primas útiles

Una de las grandes promesas de la química sostenible consiste en aprovechar el dióxido de carbono en lugar de liberarlo directamente a la atmósfera. Mediante procesos electroquímicos, el CO₂ puede transformarse primero en monóxido de carbono y, después, en compuestos de mayor valor comercial, como acetato, etileno, etanol y otros productos utilizados por la industria.

El problema es que estos sistemas fueron diseñados para trabajar con un suministro eléctrico continuo. Esa condición resulta difícil de mantener cuando la electricidad procede de fuentes renovables como la solar, cuya producción cambia con la luz disponible, o la hidroeléctrica, que también puede variar según la demanda y las condiciones operativas.

Un equipo liderado por la Escuela McKelvey de Ingeniería de la Universidad de Washington en San Luis desarrolló una solución para adaptar estos procesos a una energía intermitente. Su propuesta, publicada en Nature Catalysis, consiste en sustituir los apagados completos por una especie de modo de espera electroquímico.

Apagar completamente el sistema dañaba el cobre

El estudio se concentró en la electrólisis de monóxido de carbono, una etapa que puede integrarse después de convertir previamente el CO₂. Dentro del reactor, un cátodo de cobre facilita las reacciones necesarias para producir moléculas con varios átomos de carbono.

Los investigadores observaron que encender y apagar repetidamente el equipo deterioraba ese electrodo. Cuando el cobre permanecía expuesto al monóxido de carbono sin recibir la corriente adecuada, se acumulaba carbonato de cobre sobre su superficie. Cuando el gas se sustituía por argón durante la pausa, el metal terminaba oxidándose.

Ambos procesos modificaban la estructura y la composición de la superficie catalítica, reduciendo progresivamente su capacidad para dirigir las reacciones químicas. En otras palabras, intentar ahorrar energía apagando el reactor podía acortar la vida útil de uno de sus componentes más importantes.

El “apagado controlado” nunca desconecta todo

La solución fue mantener el cátodo funcionando con menos del 1% de la densidad de corriente utilizada durante la producción normal. Este consumo residual es suficiente para conservar las condiciones electroquímicas que impiden la formación de carbonatos y la oxidación del cobre.

El sistema no queda completamente apagado, pero tampoco continúa produciendo a pleno rendimiento. Funciona como un modo de espera que protege el catalizador hasta que vuelve a disponer de energía abundante o económicamente conveniente.

Con esta estrategia, el equipo mantuvo el proceso durante un máximo de 750 horas sin detectar pérdidas de rendimiento. Para comprobar lo que sucedía sobre el cobre, los investigadores utilizaron espectroscopía Raman in situ, una técnica que permite seguir los cambios químicos de la superficie mientras el reactor está funcionando.

Producir más cuando la electricidad es barata

El “apagado controlado” también introduce una ventaja económica. Una planta podría elevar su producción cuando existe abundante electricidad renovable y los precios son bajos. Cuando aumenta el costo energético, reduciría la actividad hasta ese nivel mínimo de protección sin deteriorar el catalizador.

Según el análisis del equipo, esta operación dinámica podría disminuir aproximadamente un 25% los costos. La tecnología permitiría aprovechar mejor los momentos de exceso de generación renovable, en lugar de exigir que el reactor trabaje permanentemente o dependa de costosos sistemas de almacenamiento energético.

El hallazgo todavía debe trasladarse desde las pruebas experimentales hasta instalaciones industriales mucho más grandes. Los próximos pasos incluyen desarrollar catalizadores todavía más resistentes y diseñar sistemas capaces de aplicar automáticamente este protocolo según la disponibilidad y el precio de la electricidad.

La clave no está solamente en convertir CO₂ en productos comerciales, sino en hacerlo siguiendo el ritmo irregular de las energías renovables. A veces, para que una tecnología pueda funcionar durante más tiempo, la mejor solución no es apagarla por completo, sino enseñarle a quedarse casi dormida.

 

 

Fuente: Infobae.

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