Los elefantes pueden pasar décadas trabajando en campamentos turísticos, circos u otras instalaciones bajo cuidado humano y, aun así, recuperar gran parte de su comportamiento natural cuando vuelven a un entorno salvaje.
Esta es la principal conclusión de un estudio publicado en PLOS One por investigadores del Elephant Reintegration Trust. El equipo siguió durante cinco años a once elefantes africanos que habían sido liberados en tres reservas cercadas de Sudáfrica y comparó sus respuestas con las de una población salvaje.
Algunos animales habían sido retirados de actividades turísticas por mostrar agresividad hacia sus cuidadores, conflictos con otros elefantes o resistencia a continuar siendo manejados. Otros fueron liberados por motivos relacionados con su bienestar. Sus historias, edades y tiempos en cautiverio eran muy diferentes.

Cinco años observando cada movimiento
Entre marzo de 2019 y julio de 2024, los investigadores realizaron entre cinco y ocho campañas de observación en cada reserva. Las sesiones duraban normalmente unos 21 días, durante los cuales los elefantes eran vigilados entre cuatro y ocho horas diarias.
El equipo reunió 275 grabaciones de comportamiento de diez minutos y analizó 264 muestras fecales. Prestó atención a cuatro grupos de conductas: vigilancia, exploración del entorno, conflictos y contactos autodirigidos, como tocarse la cara, balancear una pata o retorcer la trompa.
Los científicos esperaban encontrar más enfrentamientos, señales de incomodidad y comportamientos relacionados con su antigua vida en cautiverio. Sin embargo, en casi todas las categorías, los animales reintroducidos actuaron con una frecuencia similar a la de sus congéneres salvajes.
Una diferencia en la forma de explorar el entorno
La principal excepción apareció en los comportamientos definidos como “atentos”. Los machos adultos y las hembras subadultas reintroducidas olfateaban, se detenían a escuchar o exploraban su entorno con menos frecuencia que los elefantes salvajes.
Los investigadores creen que algunos podrían haber desarrollado menos estas habilidades durante el cautiverio porque dependían de cuidadores que supervisaban el entorno y les proporcionaban alimento y agua. También es posible que dentro de cada manada un ejemplar más experimentado asumiera gran parte de la vigilancia.
Las respuestas tampoco fueron iguales en todos los individuos. Algunos permanecían especialmente atentos, mientras otros reaccionaban menos a los estímulos. El equipo considera que la personalidad, las experiencias anteriores y las relaciones sociales podrían determinar cómo afronta cada elefante la transición.

Las hormonas muestran una imagen más compleja
Las muestras fecales permitieron medir metabolitos de glucocorticoides, utilizados como indicadores de la actividad fisiológica asociada al estrés. Las hembras adultas y subadultas reintroducidas presentaron concentraciones superiores a las de las hembras salvajes utilizadas como referencia.
La diferencia llegó aproximadamente al 52% entre las hembras adultas y al 45% entre las subadultas. Sin embargo, todos los valores permanecieron dentro de los rangos previamente registrados en elefantes salvajes, por lo que no constituyen por sí solos una prueba de estrés crónico. Entre los machos no se encontró una diferencia estadísticamente significativa.
No todos los elefantes pueden ser liberados
Los autores reconocen que la muestra es pequeña, aunque representa más de la mitad de los aproximadamente veinte elefantes que habían sido reintroducidos en Sudáfrica. Tampoco pudieron recopilar la misma cantidad de observaciones de cada animal ni compararlos siempre con individuos salvajes concretos.
La reintegración tampoco es una solución aplicable automáticamente a cualquier elefante. Requiere terrenos adecuados, seguimiento prolongado, grupos sociales compatibles y zonas con pocos conflictos entre animales y comunidades humanas. Algunos ejemplares pueden no estar física o conductualmente preparados para regresar.
Aun con estas limitaciones, el estudio aporta una señal esperanzadora: incluso después de décadas bajo control humano, los elefantes conservan una enorme capacidad para aprender, formar nuevas relaciones y recuperar la autonomía necesaria para comportarse nuevamente como animales salvajes.