Un joven zorro rojo se toma un momento para estudiar la musaraña que acaba de arrancar del suelo y lanzar al aire.
El gigantesco parque fotovoltaico de Talatan, en Qinghai, nació para aprovechar uno de los lugares más soleados y áridos de China. Más de diez años después, los paneles también han cambiado el microclima del suelo: frenan el viento, reducen la evaporación y han favorecido el regreso de la vegetación.
Nadie construyó estas turbinas pensando en la vida marina. Pero apenas unos años después de instaladas, sus estructuras de acero, pensadas únicamente para generar electricidad, ya funcionaban como arrecife artificial para miles de estrellas de mar, mejillones, gusanos tubícolas y, en un cable entre dos turbinas, algo que ni los propios biólogos esperaban encontrar tan al norte
El nuevo mapa del Joint Research Centre sitúa a España como el país de la UE con mayor proporción de terreno bajo condiciones de desertificación. Y hay un dato todavía más inquietante: más de un millón de kilómetros cuadrados europeos que hoy no son necesariamente zonas áridas están en riesgo de serlo.
Mientras estamos sentados, dormimos o caminamos por la calle, el planeta se desplaza alrededor del Sol a unos 30 kilómetros por segundo. Su velocidad cambia a lo largo del año y la razón por la que no notamos semejante movimiento está en una de las ideas fundamentales de la física: la velocidad solo tiene sentido respecto a algo.
Se creía perdida para siempre desde mediados del siglo XIX, probablemente porque balleneros la usaban como provisión viva antes de sus largos viajes. Pero parte de su sangre seguía circulando, escondida durante generaciones en otro volcán a kilómetros de distancia. Encontrar esa conexión genética tardó más de dos décadas de investigación, y esta semana finalmente se tradujo en 158 tortugas caminando de nuevo por la isla que Charles Darwin visitó en persona
Helicóptero, avión comercial y camión refrigerado: un bloque de hielo de 1.133 kilos recorrió miles de kilómetros desde Alaska hasta una universidad estadounidense. Detrás de aquella extravagante operación había un proyecto mucho mayor: remolcar icebergs enteros hasta el desierto y convertirlos en agua potable.