Un elefante toro que asalta cultivos busca comida en un basurero en Sri Lanka.
Durante décadas, miles de personas aseguraron escuchar un sonido grave que nadie más podía identificar. Ahora, un estudio científico podría haber resuelto uno de los enigmas acústicos más extraños.
Una melodía, una sirena o determinados sonidos sostenidos pueden terminar con el perro levantando el hocico y aullando. La ciencia no dice que esté “cantando”, pero sí que esa vocalización conserva una conexión sorprendentemente profunda con el sistema de comunicación de sus antepasados.
Charles Darwin la documentó en 1835, durante su famoso viaje a bordo del Beagle. Después, silencio total: ni un canto, ni un avistamiento, ni una sola grabación durante 190 años, ni siquiera cuando un investigador recorrió 150 puntos de la isla específicamente para buscarla. La explicación de por qué reapareció ahora tiene menos que ver con magia y más con gatos, ratas y una campaña de erradicación bien ejecutada
Son diminutos, viven pegados a las costas y carecen de una fase larvaria capaz de recorrer grandes distancias. Aun así, algunos de sus antepasados consiguieron atravesar el océano Austral. Un nuevo estudio cree haber encontrado el vehículo: enormes macroalgas arrancadas por las tormentas que funcionaron como balsas naturales
La expedición de 2019 no consiguió localizar el Endurance de Ernest Shackleton, pero sus cámaras descubrieron algo inesperado entre 290 y 411 metros de profundidad: una enorme zona de reproducción de peces antárticos organizada en seis patrones geométricos diferentes.
El gigantesco parque fotovoltaico de Talatan, en Qinghai, nació para aprovechar uno de los lugares más soleados y áridos de China. Más de diez años después, los paneles también han cambiado el microclima del suelo: frenan el viento, reducen la evaporación y han favorecido el regreso de la vegetación.