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Tecnología

Anthropic estuvo dispuesta a pagar 7.000 millones por una startup fundada por dos exingenieros de Google. No quería solamente comprar chips: quería comprar los años que cuesta dejar de depender del hardware ajeno

MatX todavía no comercializa su primer acelerador, pero reúne a especialistas que ayudaron a construir las TPU de Google. La adquisición no prosperó, aunque las conversaciones continúan alrededor de una posible alianza.
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Anthropic no estaba intentando comprar únicamente un procesador. Estaba intentando comprar tiempo.

La empresa responsable de Claude exploró la adquisición de MatX por aproximadamente 7.000 millones de dólares, según fuentes consultadas por Reuters. La operación terminó descartándose, pero las conversaciones habrían evolucionado hacia una posible asociación que todavía no está cerrada.

La cifra resulta extraordinaria porque MatX es una startup joven, aún no distribuye masivamente su primer chip y acaba de recaudar 500 millones de dólares. Lo valioso no está solamente en el silicio que espera fabricar durante 2027. Está en sus arquitectos.

Siete mil millones por saltarse varios años de trabajo

Anthropic estuvo dispuesta a pagar 7.000 millones por una startup fundada por dos exingenieros de Google. No quería solamente comprar chips: quería comprar los años que cuesta dejar de depender del hardware ajeno
© Google.

MatX fue fundada por Reiner Pope y Mike Gunter, dos antiguos ingenieros de Google que trabajaron en el desarrollo de sus TPU. Pope se especializó en el software que permitía aprovechar esos procesadores, mientras que Gunter participó en el diseño del hardware.

Esa combinación es difícil de comprar en el mercado laboral. Diseñar un acelerador no consiste únicamente en dibujar millones de transistores: también hace falta crear compiladores, interconexiones, sistemas de memoria y herramientas que permitan ejecutar modelos sin reescribir todo su software.

Su primer producto, MatX One, está diseñado específicamente para grandes modelos de lenguaje. La compañía asegura que podrá utilizarse para entrenamiento, aprendizaje por refuerzo e inferencia, conectando cientos de miles de unidades dentro de un mismo clúster. También promete superar los 2.000 tokens por segundo en determinadas arquitecturas de mezcla de expertos.

Son afirmaciones del fabricante y todavía faltan pruebas independientes sobre hardware producido a escala. MatX prevé recurrir a TSMC para fabricar el chip y comenzar las entregas en 2027.

Anthropic habría pagado, por tanto, por una oportunidad de saltarse varios años de contratación, pruebas, errores de diseño y construcción de software. En la carrera de la IA, llegar una generación tarde puede ser más caro que comprar la empresa completa.

Claude consume una infraestructura cada vez más gigantesca

Anthropic estuvo dispuesta a pagar 7.000 millones por una startup fundada por dos exingenieros de Google. No quería solamente comprar chips: quería comprar los años que cuesta dejar de depender del hardware ajeno
© Shutterstock / IM Imagery.

La búsqueda de un chip propio no significa que Anthropic vaya a dejar de utilizar procesadores externos. Su estrategia actual consiste precisamente en repartir la carga entre Nvidia, las TPU de Google, los aceleradores Trainium de Amazon y hardware de AMD.

En abril, Anthropic anunció un acuerdo para reservar hasta cinco gigavatios de capacidad informática de AWS. La compañía asegura que ya utiliza más de un millón de chips Trainium2 y que comprometerá más de 100.000 millones de dólares durante la próxima década en infraestructura de Amazon.

A esa montaña de capacidad se suma un acuerdo reportado de 45.000 millones de dólares con Nscale, cuyo centro de datos utilizará procesadores Vera Rubin de Nvidia.

El problema, por tanto, no es únicamente la dependencia de Nvidia. Es que cada entrenamiento y cada respuesta de Claude se ejecutan sobre una arquitectura diseñada por otra empresa, con sus precios, disponibilidad, prioridades y márgenes.

Un acelerador propio permitiría eliminar funciones innecesarias, adaptar la memoria al comportamiento de los modelos de Anthropic y optimizar aquellas operaciones que Claude repite miles de millones de veces. Una pequeña mejora en cada consulta puede convertirse en un ahorro gigantesco cuando se multiplica por millones de usuarios.

La compra cayó, pero Anthropic sigue comprando experiencia

La señal más importante apareció fuera de la negociación. Anthropic contrató a Amir Salek, fundador del programa de chips personalizados de Google y responsable de llevar a sus centros de datos las primeras siete generaciones de TPU.

La empresa también confirmó que está formando un equipo interno para codiseñar sus modelos y su futuro hardware, aunque todavía no ha anunciado arquitectura, fabricante o fecha de lanzamiento.

MatX puede terminar como proveedor, socio o competidor. Lo que ya quedó claro es que Anthropic considera que depender eternamente de chips diseñados por otros es demasiado arriesgado.

Los 7.000 millones no eran solo el precio de una startup. Eran el precio estimado de recuperar los años que Anthropic perdió mientras Google, Amazon y Nvidia aprendían a fabricar el hardware que hoy mantiene viva a Claude.

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