Elon Musk no solo construye cohetes, también ciudades. En un giro tan ambicioso como polémico, SpaceX ha formalizado el nacimiento de Starbase, su enclave urbano en la costa texana. Pero con el desarrollo llega la advertencia: algunos residentes podrían ver restringido su derecho a vivir allí. Entre lanzamientos espaciales, decisiones políticas y una creciente tensión local, Musk vuelve a desafiar los límites… esta vez en el mapa.
Starbase: la ciudad que nació con cohetes

Starbase ya no es solo el nombre del centro de lanzamientos de SpaceX: ahora es también una ciudad reconocida, creada con el propósito de facilitar el crecimiento urbanístico bajo control privado. En una reciente votación, más de 200 ciudadanos —la mayoría empleados de SpaceX— aprobaron su constitución legal como ciudad. De los 500 residentes, más de la mitad trabajan para la empresa. Incluso el alcalde está en la nómina de Musk.
La propuesta busca combinar espacios residenciales, comerciales y de servicios. Según el administrador Kent Myers, ya se inició una audiencia que podría revocar el uso actual de propiedades para algunos vecinos. El memorando distribuido entre los habitantes asegura que el plan de zonificación “protegerá los espacios verdes y garantizará la seguridad”, pero lo que más ha resonado es la frase que advierte que los propietarios “podrían perder el derecho a continuar usando su propiedad”.
Musk ya ha replicado este modelo en otras zonas rurales de bajo costo y escasa regulación, como parte de su estrategia para controlar entornos logísticos y legales.
Más lanzamientos, más conflictos

La expansión de Starbase coincide con el visto bueno de la FAA para aumentar el número de lanzamientos de SpaceX de cinco a 25 por año. Todos se realizan en la playa de Boca Chica, un área natural que ahora también entra en disputa. El último lanzamiento no fue precisamente un éxito: un cohete perdió el control y cayó en el océano Índico.
Para facilitar las operaciones, el senador republicano Adam Hinojosa presentó una ley que permitiría cerrar la playa entre semana y dejar su apertura a discreción los fines de semana. Esto ha provocado las primeras críticas locales: algunos vecinos ven con alarma cómo su acceso al mar está siendo limitado por una empresa privada.
Lo que empezó como una apuesta por el espacio ahora se mezcla con zonificación, propiedad privada y decisiones políticas. En Texas, Elon Musk no solo lanza cohetes… también reconfigura territorios.