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Ciencia

En 1961 la URSS quiso fabricar una nueva pesquería en el Ártico y soltó 1,5 millones de larvas y más de 12.000 cangrejos del Pacífico. 65 años después, Noruega permite pescarlos sin cuota en parte de su costa para impedir que sigan avanzando

La URSS trasladó deliberadamente el cangrejo real del Pacífico al mar de Barents para crear una pesquería. La apuesta funcionó demasiado bien: hoy es un negocio millonario y una especie invasora capaz de modificar el fondo marino.
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En 1961, científicos soviéticos hicieron algo que hoy probablemente provocaría una discusión ambiental bastante seria: transportaron una especie gigantesca de cangrejo desde el Pacífico hasta el Ártico europeo y la soltaron deliberadamente.

No fue un accidente. Querían fabricar una nueva pesquería.

Ese primer intento liberó cerca de 1,5 millones de larvas de cangrejo real rojo (Paralithodes camtschaticus) en los alrededores de Murmansk. Durante los años siguientes siguieron llegando ejemplares: hasta 1969 se introdujeron aproximadamente 10.000 juveniles y 2.609 adultos procedentes de su área natural en el Pacífico Norte. El Instituto de Investigación Marina de Noruega señala que el objetivo era crear una pesquería sostenible que mejorase las condiciones económicas de la población local.

La idea funcionó. Quizá demasiado bien.

Diez años después ya se reproducían solos. Después empezaron a avanzar

En 1961 la URSS quiso fabricar una nueva pesquería en el Ártico y soltó 1,5 millones de larvas y más de 12.000 cangrejos del Pacífico. 65 años después, Noruega permite pescarlos sin cuota en parte de su costa para impedir que sigan avanzando
© NOAA Photo Library.

El cangrejo real procede de aguas del Pacífico Norte, desde Kamchatka y el mar de Bering hasta Alaska y Japón. Puede alcanzar varios kilos de peso, desplazarse grandes distancias y, sobre todo, comer casi cualquier cosa que encuentre sobre el fondo.

Aproximadamente una década después de las introducciones soviéticas ya había una población reproductora estable en el mar de Barents. El primer ejemplar documentado en aguas noruegas apareció en Varangerfjord en 1976. Desde entonces, la especie avanzó por el sur del mar de Barents y a lo largo de la costa septentrional de Noruega.

Tenía varias ventajas. Ocupa hábitats muy distintos a lo largo de su vida, se mueve con facilidad, tiene una dieta generalista y durante sus primeras décadas encontró relativamente pocos parásitos y una presión pesquera limitada. Una revisión científica publicada en ICES Journal of Marine Science identificó precisamente esa combinación como una de las razones de su espectacular establecimiento.

El resultado fue un depredador enorme entrando en comunidades que habían evolucionado sin él.

El problema no es que coma mucho. Es lo que desaparece cuando lleva años comiendo en el mismo sitio

En 1961 la URSS quiso fabricar una nueva pesquería en el Ártico y soltó 1,5 millones de larvas y más de 12.000 cangrejos del Pacífico. 65 años después, Noruega permite pescarlos sin cuota en parte de su costa para impedir que sigan avanzando
© Atlanterhavsparken 2026.

El cangrejo real consume moluscos, gusanos poliquetos, equinodermos, otros crustáceos y numerosos organismos bentónicos. En algunas zonas de Varangerfjord donde las densidades se mantuvieron elevadas durante años, los investigadores encontraron reducciones importantes de animales grandes que viven en el fondo, incluidos bivalvos y equinodermos. El Instituto de Investigación Marina noruego señala incluso que determinados organismos fueron prácticamente eliminados localmente.

Eso provoca una reacción en cadena. Muchos de esos animales remueven el sedimento y transportan oxígeno hacia capas inferiores. Cuando desaparecen, también puede deteriorarse la calidad del fondo y reducirse su actividad biológica.

Hay efectos particularmente llamativos. Algunos cálculos estimaron que los cangrejos podían consumir anualmente entre el 10% y el 30% de los erizos de mar presentes en determinadas áreas invadidas.

Eso no significa que el cangrejo haya destruido uniformemente todo el ecosistema del mar de Barents. Los efectos varían según lugar, densidad y comunidad, y algunos estudios han encontrado impactos menores de lo esperado. Pero las autoridades noruegas consideran probado que densidades altas mantenidas durante mucho tiempo alteran significativamente los ecosistemas del fondo.

Noruega terminó inventando una solución extraña: conservarlo en un sitio y perseguirlo en otro

Y acá aparece la paradoja perfecta. El experimento soviético logró exactamente aquello para lo que fue diseñado: el cangrejo real es hoy un recurso pesquero extremadamente valioso para Rusia y Noruega. Así que eliminarlo tampoco interesa.

Noruega ha dividido su costa en dos. Al este de aproximadamente 26° E, cerca de Nordkapp, existe una zona regulada donde la población se mantiene como recurso comercial y la captura está sometida a cuotas. Para 2026 sigue existiendo un régimen específico de explotación. Al oeste ocurre prácticamente lo contrario.

No hay límite de cuota para los barcos comerciales, porque el objetivo oficial es reducir su densidad e impedir que continúe expandiéndose por la costa. Las autoridades incluso prohíben devolver vivos al mar los ejemplares capturados en esa zona. Es difícil encontrar un resumen mejor de las consecuencias de aquel experimento de los años 60.

La URSS soltó cangrejos en el Ártico porque quería crear una industria donde no existía. Sesenta y cinco años después consiguió algo bastante más extraño: un animal que Noruega protege como negocio a un lado de una línea imaginaria y quiere sacar del mar lo más rápido posible al otro.

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