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Ciencia

Hace 560 millones de años una avalancha submarina sepultó a una criatura sin boca ni órganos. Una roca partida en un campo de ovejas del Ártico acaba de devolver uno de los fósiles animales 3D más antiguos conocidos

Una Charnia quedó enterrada por una avalancha submarina hace unos 560 millones de años. Su extraordinaria conservación en tres dimensiones acaba de revelar detalles anatómicos que los fósiles planos habían ocultado.
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Hace unos 560 millones de años, mucho antes de los dinosaurios, los árboles e incluso de la explosión cámbrica, algo parecido a una enorme hoja permanecía inmóvil sobre el fondo de un antiguo mar. No tenía boca. Tampoco órganos reconocibles, extremidades ni ninguna forma visible de desplazarse. Entonces ocurrió una avalancha submarina.

La criatura quedó arrastrada y sepultada rápidamente bajo sedimentos. Normalmente ese habría sido el final de la historia. Pero el enterramiento ocurrió con tanta rapidez que los sedimentos rellenaron su cuerpo antes de que desapareciera, conservando parte de su estructura tridimensional durante más de medio billón de años. Y el fósil no apareció durante una sofisticada excavación paleontológica.

Una roca cayó de un acantilado, se abrió y dejó al descubierto el ejemplar en un campo donde pastan ovejas en Finnmark, en el Ártico noruego. El hallazgo, dirigido por investigadores de la Universidad de Cambridge y publicado en Palaeontology, constituye además la primera presencia confirmada de Charnia en Escandinavia.

Parece un helecho, pero vivió cientos de millones de años antes de que existieran los helechos

Hace 560 millones de años una avalancha submarina sepultó a una criatura sin boca ni órganos. Una roca partida en un campo de ovejas del Ártico acaba de devolver uno de los fósiles animales 3D más antiguos conocidos
© Yorick P. Veenma et al.

A primera vista, Charnia parece una planta: un organismo con aspecto de fronda formado por numerosas ramas repetidas a ambos lados de un eje central.

Pero estamos hablando del Ediacárico, aproximadamente entre 635 y 539 millones de años atrás. Los ecosistemas modernos todavía no existían y organismos como Charnia pertenecían a una etapa particularmente extraña de la evolución de la vida compleja.

Su posición exacta en el árbol evolutivo sigue siendo objeto de debate. Los investigadores de Cambridge la describen como probablemente uno de los animales más antiguos conocidos, aunque su anatomía no se parece prácticamente a ningún animal actual. Era, en palabras del equipo, algo parecido a una “bolsa llena de sustancia viscosa”, comparable en algunos aspectos a una medusa sedentaria. Precisamente por carecer de partes duras, encontrarla ya es complicado.

Los esqueletos todavía no se habían generalizado y la mayoría de organismos ediacáricos tenían cuerpos blandos. Cuando consiguieron fosilizarse, normalmente quedaron aplastados entre capas sedimentarias, creando impresiones bidimensionales parecidas a una flor prensada dentro de un libro.

El ejemplar noruego tuvo mucha más suerte.

La avalancha que la mató es exactamente lo que permitió verla 560 millones de años después

Hace 560 millones de años una avalancha submarina sepultó a una criatura sin boca ni órganos. Una roca partida en un campo de ovejas del Ártico acaba de devolver uno de los fósiles animales 3D más antiguos conocidos
© Oxford University.

El equipo concluye que una corriente de turbidez (una avalancha submarina de sedimentos) atrapó al organismo y lo enterró rápidamente. Ese proceso impidió que simplemente se descompusiera o quedara completamente aplastado. El sedimento penetró en su cuerpo y conservó su volumen, produciendo una fosilización tridimensional excepcional para un organismo tan antiguo y blando.

La diferencia ya está aportando información nueva. Al examinar el fósil, Yorick Veenma y sus colegas encontraron pequeñas crestas o “quillas” en cada una de las ramas de Charnia, estructuras que no habían sido identificadas claramente en los ejemplares más planos encontrados en otros lugares.

Es un detalle aparentemente pequeño, pero explica por qué un fósil tridimensional resulta tan valioso: permite estudiar cómo estaba construido realmente el organismo, no simplemente la silueta que dejó al ser aplastado.

Y el fósil puede ser solamente la primera criatura extraña que salga de ese campo

El hallazgo tampoco estaba completamente aislado. En esa región de Finnmark ya se habían identificado estructuras que parecían discos de anclaje utilizados por organismos ediacáricos para sujetarse al fondo marino, pero no se habían encontrado los propios organismos asociados a ellos.

Ahora sí.

Y junto a Charnia, los investigadores han identificado más restos pertenecientes al mismo ecosistema. Neil Davies, coautor del trabajo, cree que allí podría permanecer enterrada una comunidad completa todavía desconocida, incluyendo pequeñas estructuras con forma de paraguas y organismos que no encajan bien con especies descritas en otros yacimientos.

Eso convierte al campo de ovejas en algo bastante más importante que el lugar donde apareció un fósil espectacular.

La mayor parte de lo que conocemos sobre la vida ediacárica procede de un puñado de lugares excepcionales repartidos por el planeta. Encontrar un nuevo yacimiento importante en Europa después de décadas abre otra ventana hacia aquella Tierra casi irreconocible. Y comenzó de la manera menos espectacular posible: una roca se desprendió de un acantilado, se partió en medio de un campo del Ártico y dentro apareció una criatura que llevaba 560 millones de años esperando que alguien volviera a verla.

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