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Ciencia

En 1963, unos pobladores se abrieron paso por la selva peruana y encontraron una ciudad de piedra. 60 años después, sabemos que apenas habían visto una parte

Gran Pajatén permaneció durante siglos escondido entre el bosque nuboso de los Andes peruanos. Nuevos estudios con LiDAR revelaron que el complejo chachapoya es mucho mayor de lo que mostraban sus primeras ruinas.
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En 1963, un grupo de pobladores de la provincia peruana de Pataz encabezado por Carlos Tomás Torrealva atravesó un territorio de montañas abruptas y bosque casi impenetrable hasta encontrarse con algo extraordinario.

Entre árboles, raíces y vegetación aparecieron muros de piedra, escaleras y construcciones circulares cubiertas por elaborados mosaicos. Era Gran Pajatén, uno de los complejos arqueológicos más espectaculares asociados con la cultura Chachapoya.

Durante décadas se creyó que el sitio comprendía unas pocas decenas de edificios. Ahora sabemos que aquello era solo lo que la selva permitía ver.

Investigaciones realizadas entre 2023 y 2025 utilizando drones y tecnología LiDAR, capaz de reconstruir el terreno debajo de la vegetación, identificaron más de 100 estructuras. El hallazgo está cambiando la imagen que los arqueólogos tenían del lugar.

La selva escondió mucho más de lo que los arqueólogos podían ver

En 1963, unos pobladores se abrieron paso por la selva peruana y encontraron una ciudad de piedra. 60 años después, sabemos que apenas habían visto una parte
© ANDINA / Editora Perú.

Gran Pajatén se encuentra dentro del Parque Nacional Río Abiseo, en la región de San Martín, sobre la vertiente oriental de los Andes y a casi 2.900 metros sobre el nivel del mar. No es exactamente el paisaje que solemos asociar con la Amazonía.

Se trata de un bosque nuboso montañoso, húmedo y escarpado, donde la vegetación puede cubrir rápidamente cualquier estructura abandonada. Esa combinación ayudó a proteger las ruinas durante siglos, pero también convirtió su investigación en una pesadilla logística.

Las construcciones visibles son particularmente llamativas. Los Chachapoya levantaron edificios principalmente circulares, utilizando piedra y decorando algunas fachadas con frisos geométricos, representaciones humanas y figuras de aves. Algunos relieves muestran personajes con grandes tocados y composiciones difíciles de encontrar en otros complejos andinos.

Una investigación de 1985 había contabilizado alrededor de 26 estructuras. El LiDAR cambió esa cifra radicalmente. Al enviar pulsos láser desde el aire y filtrar digitalmente el bosque, los investigadores pudieron detectar terrazas, plataformas y construcciones que permanecían ocultas bajo el dosel. El resultado superó el centenar de edificios.

No era un pequeño enclave perdido

En 1963, unos pobladores se abrieron paso por la selva peruana y encontraron una ciudad de piedra. 60 años después, sabemos que apenas habían visto una parte
© ANDINA / Editora Perú.

Eso cambia también la pregunta sobre qué era Gran Pajatén. Más de cien estructuras implican planificación, mano de obra y una inversión considerable de recursos. Los investigadores ven ahora un asentamiento mucho más complejo de lo que sugerían las primeras excavaciones. Y no estaba aislado.

El Parque Nacional Río Abiseo conserva numerosos sitios arqueológicos distribuidos entre aproximadamente 2.500 y 4.000 metros de altitud. La UNESCO señala que las investigaciones desarrolladas desde los años 80 han identificado decenas de enclaves preincaicos, entre ellos Los Pinchudos, Cerro Central, Las Papayas y Gran Pajatén.

Todo apunta a una ocupación extensa de un territorio que, visto desde el presente, parece extremadamente difícil para establecer grandes comunidades.

Gran Pajatén se convirtió así en una pieza fundamental para entender cómo los Chachapoya adaptaron arquitectura, agricultura y redes de intercambio a los bosques montañosos del norte de Perú. La importancia es doble: el Parque Nacional Río Abiseo está reconocido por la UNESCO tanto por sus valores naturales como culturales, una categoría mixta excepcional.

Y precisamente por eso casi nadie puede visitarlo

En 1963, unos pobladores se abrieron paso por la selva peruana y encontraron una ciudad de piedra. 60 años después, sabemos que apenas habían visto una parte
© ANDINA / Editora Perú.

La paradoja de Gran Pajatén es que el mismo aislamiento que lo conservó ahora dificulta mostrarlo al mundo. El acceso turístico continúa fuertemente restringido. No existen todavía las infraestructuras necesarias para recibir visitantes de forma masiva y retirar vegetación sin criterios estrictos puede ser peligroso: las raíces forman parte del equilibrio actual de muros que llevan siglos sometidos a humedad, lluvias y crecimiento vegetal.

La propia UNESCO destaca que la lejanía y el terreno accidentado han contribuido a conservar la autenticidad de los sitios arqueológicos del parque. Por eso Gran Pajatén sigue siendo algo extraño dentro del enorme patrimonio arqueológico peruano.

Machu Picchu recibe visitantes de todo el planeta. Kuélap cuenta con accesos turísticos. Gran Pajatén continúa prácticamente escondido en el mismo bosque que lo ocultó durante siglos. Y ahora sabemos que, incluso cuando finalmente apareció ante los arqueólogos, la selva todavía se había guardado buena parte de él.

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