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Ciencia

A 12.000 años luz hay un agujero negro lanzando un chorro casi directo hacia la Tierra. Los astrónomos llevaban 30 años buscando algo así

IRAS 18293−0941 estaba escondido detrás de una enorme nube de polvo. Observaciones de radio y un modelo desarrollado con participación de la UNLP revelaron un sistema extremo que podría explicar rayos gamma de energías descomunales.
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Durante unos 30 años, los astrónomos sospecharon que algo así tenía que existir dentro de nuestra galaxia. Habían observado versiones gigantescas en galaxias lejanas, pero faltaba encontrar un equivalente mucho más pequeño y cercano.

Ahora apareció uno prácticamente escondido a plena vista. Se llama IRAS 18293−0941, está situado a unos 12.000 años luz de la Tierra y consiste en una estrella caliente y masiva acompañada por un agujero negro. Ambos completan una órbita cada 11,38 días, mientras el agujero negro roba materia a su compañera y expulsa parte de ella mediante dos enormes chorros.

El detalle extraordinario es hacia dónde apunta uno de ellos: casi directamente hacia nuestra línea de visión. Esa geometría convierte al sistema en el candidato más convincente encontrado hasta ahora a un microblázar de la Vía Láctea.

Un chorro aparece. El otro prácticamente desaparece

A 12.000 años luz hay un agujero negro lanzando un chorro casi directo hacia la Tierra. Los astrónomos llevaban 30 años buscando algo así
© IceCube/NASA.

IRAS 18293−0941 ya había sido catalogado hacía décadas, pero una enorme cantidad de polvo interestelar lo vuelve prácticamente invisible para los telescopios ópticos convencionales. Para atravesar esa cortina, el equipo recurrió a observaciones en radio.

La European VLBI Network, una red de radiotelescopios distribuida por varios países que puede funcionar como una antena virtual gigantesca, reveló una estructura muy particular: un único chorro claramente visible saliendo del sistema. Eso no significa que el agujero negro expulse materia solamente hacia un lado.

Los modelos indican que existen dos chorros opuestos que se desplazan aproximadamente al 75% de la velocidad de la luz. El que apunta hacia nosotros aparece reforzado por efectos relativistas, mientras que el que se aleja queda enormemente debilitado desde nuestra perspectiva.

El fenómeno es el mismo que convierte en objetos deslumbrantes a los blázares, cuyos agujeros negros supermasivos pueden encontrarse a millones o miles de millones de años luz. La diferencia es que aquí estamos ante una versión a escala estelar dentro de nuestra propia galaxia. De ahí el nombre: microblázar.

El chorro invisible dejó una pista a 100 años luz

A 12.000 años luz hay un agujero negro lanzando un chorro casi directo hacia la Tierra. Los astrónomos llevaban 30 años buscando algo así
© Astronomy & Astrophysics (2026).

La historia se vuelve todavía más interesante al mirar en la dirección contraria. Las observaciones del radiotelescopio MeerKAT muestran una enorme burbuja, de alrededor de 100 años luz, siguiendo el recorrido esperado del segundo chorro. En uno de sus extremos aparece además una zona compacta y especialmente brillante: el punto donde ese flujo de partículas podría estar chocando contra una nube molecular. Y exactamente en esa región ya se había detectado algo extraño.

Observatorios como LHAASO, HAWC y H.E.S.S., junto con el telescopio espacial Fermi, registraron una fuente de rayos gamma de ultra-alta energía. Algunos de esos fotones superan los 100 billones de electronvoltios, energías más de diez veces superiores a las que el Gran Colisionador de Hadrones puede impartir a un protón.

Aquí entra buena parte del aporte argentino. Leandro Abaroa y Gustavo Romero, de la Universidad Nacional de La Plata y el Instituto Argentino de Radioastronomía, desarrollaron el modelo teórico utilizado para reconstruir el sistema. Jorge Combi y Federico García participaron además en el análisis de su emisión en rayos X.

Sus cálculos muestran que los chorros podrían acelerar partículas hasta energías extremas y transportarlas hacia esa nube de gas. Allí producirían precisamente la radiación gamma observada. La asociación con la fuente LHAASO J1831−1007u* todavía debe confirmarse, pero encaja dentro del mismo escenario físico.

No significa que haya un “rayo” peligroso apuntándonos

A 12.000 años luz hay un agujero negro lanzando un chorro casi directo hacia la Tierra. Los astrónomos llevaban 30 años buscando algo así
© B. Marcote (JIVE/ASTRON).

La expresión puede sonar bastante más amenazante de lo que realmente es. Que el chorro esté orientado hacia la Tierra describe su geometría respecto de nuestra línea de visión, no una amenaza para el planeta. IRAS 18293−0941 está a unos 12.000 años luz y lo importante científicamente es precisamente esa orientación: permite estudiar efectos relativistas que normalmente vemos en objetos muchísimo más lejanos.

El trabajo, aceptado para su publicación en Astronomy & Astrophysics, todavía utiliza una formulación prudente y describe a IRAS 18293−0941 como un candidato excepcionalmente sólido a microblázar.

Lo llamativo es que los astrónomos llevaban tres décadas convencidos de que la Vía Láctea debía esconder objetos así. Al final, uno de los mejores candidatos no estaba en un rincón desconocido del cielo. Llevaba décadas catalogado, oculto detrás del polvo y disparando uno de sus chorros prácticamente hacia nosotros.

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