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Ciencia

En 1984, la NASA envió unas 3.300 abejas al espacio para ver si podían construir sin gravedad. Al principio chocaban contra las paredes; siete días después habían levantado un panal

La NASA puso una colonia de unas 3.300 abejas dentro del Challenger para descubrir si podían trabajar sin gravedad. Tras un comienzo caótico, construyeron casi 200 cm² de panal y la reina puso 35 huevos.
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En abril de 1984, cinco astronautas despegaron a bordo del transbordador Challenger para reparar un satélite, desplegar un enorme laboratorio orbital y completar una de las misiones más complejas realizadas hasta entonces por la NASA.

En la cubierta intermedia viajaba además una tripulación bastante más numerosa: unas 3.300 abejas melíferas.

La misión STS-41C despegó el 6 de abril y permaneció 6 días, 23 horas y 40 minutos en órbita. Dentro de una caja especialmente construida para ellas, las abejas tenían una tarea aparentemente sencilla: fabricar un panal. El experimento quería descubrir cuánto de esa arquitectura hexagonal dependía de algo que en la Tierra damos por sentado: la gravedad.

Al principio, las abejas no sabían ni cómo volar

En 1984, la NASA envió unas 3.300 abejas al espacio para ver si podían construir sin gravedad. Al principio chocaban contra las paredes; siete días después habían levantado un panal
© NASA.

El experimento había nacido de una propuesta de Dan Poskevich, entonces estudiante, a través del Shuttle Student Involvement Program de la NASA. Su idea era comparar un panal construido en microgravedad con otro elaborado simultáneamente por una colonia de control en la Tierra.

Las abejas viajaban dentro del Bee Enclosure Module, una estructura de metal, plástico y madera equipada con marcos para construir el panal y suministros de agua, polen y néctar. El módulo utilizado en la misión se conserva actualmente en el National Air and Space Museum del Smithsonian.

La adaptación no fue inmediata. Sin una referencia clara de arriba y abajo, el vuelo normal dejó de funcionar y durante las primeras fases muchas abejas flotaban o se desplazaban de una forma torpe. Los informes posteriores registraron, sin embargo, que aprendieron a caminar, flotar y volar dentro del módulo, llegando incluso a formar una cadena de abejas de unos 25 centímetros.

Con el paso de las horas ocurrió algo todavía más interesante: dejaron de limitarse a sobrevivir y comenzaron a trabajar.

Siete días después habían construido casi 200 centímetros cuadrados

En 1984, la NASA envió unas 3.300 abejas al espacio para ver si podían construir sin gravedad. Al principio chocaban contra las paredes; siete días después habían levantado un panal
© NASA.

Cuando Challenger regresó a la Tierra el 13 de abril, las abejas habían construido aproximadamente 30 pulgadas cuadradas de panal, equivalentes a unos 194 centímetros cuadrados. Y no era una masa irregular de cera.

El informe técnico de NASA lo describe como un panal normal, mientras que la colonia de control que había permanecido en la Tierra produjo una estructura considerablemente menor durante el mismo periodo.

El resultado respondía a la gran pregunta del experimento. Las abejas no necesitaban sentir constantemente la gravedad terrestre para organizarse y construir las características estructuras de celdas que utiliza Apis mellifera.

La colonia mantuvo además otras funciones normales. La reina puso 35 huevos durante el vuelo, una señal de que la actividad social y reproductiva tampoco se había detenido simplemente por encontrarse en microgravedad.

Hay, eso sí, una pequeña discrepancia histórica en la cifra exacta de pasajeros. Documentos y páginas actuales de NASA y el Smithsonian hablan de unas 3.300 abejas, mientras que un resumen técnico del experimento menciona una colonia de 3.500. Por eso resulta más prudente hablar de aproximadamente 3.300 que de las 3.301 exactas que aparecen en algunos relatos posteriores.

Un experimento de estudiante terminó respondiendo una pregunta bastante grande

STS-41C es recordada principalmente por otro hito: fue la misión en la que los astronautas capturaron y repararon en órbita el satélite Solar Maximum Mission. También desplegó la Long Duration Exposure Facility y completó 108 vueltas alrededor de la Tierra.

Las abejas ocupaban solo una pequeña parte de aquella misión. Sin embargo, demostraron algo difícil de anticipar desde tierra. La microgravedad alteró inicialmente su manera de moverse, pero no destruyó la organización básica de la colonia ni su capacidad de construir.

Las primeras horas parecían confirmar que las abejas no estaban hechas para el espacio. Una semana después habían hecho lo que llevan millones de años haciendo en la Tierra: adaptarse y ponerse a construir.

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