Marte podría ser todavía más peligroso para los seres humanos de lo que imaginábamos. El rover Perseverance de la NASA acaba de aportar nuevas pruebas sobre una amenaza que, aunque parece insignificante, podría complicar seriamente los planes de establecer una presencia humana permanente en el planeta rojo: su polvo.
Un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) revela que las partículas marcianas son mucho más pequeñas de lo que habían podido medir directamente las misiones anteriores. Algunas pueden penetrar profundamente en los pulmones y, potencialmente, alcanzar el torrente sanguíneo.
El descubrimiento plantea un desafío para los ingenieros encargados de diseñar los trajes espaciales y los futuros hábitats marcianos.
Un experimento escondido en Perseverance
Cuando Perseverance llegó a Marte en febrero de 2021, llevaba cinco pequeñas muestras de materiales utilizados en trajes espaciales. Su misión consistía en comprobar cómo resistían las condiciones extremas del planeta.
Entre los materiales había policarbonato de viseras, Vectran utilizado en guantes, dos variedades de teflón y Ortho-Fabric, un tejido compuesto por materiales resistentes como Kevlar, Nomex y Gore-Tex.
Durante 1.645 días marcianos, estas muestras permanecieron expuestas al ambiente. Los investigadores utilizaron el instrumento PIXL, un espectrómetro de rayos X instalado en el rover, para estudiar el polvo acumulado sobre distintas superficies.
Los resultados revelaron algo inesperado: aunque los granos marcianos son más redondeados y menos abrasivos que los lunares, algunos presentan dimensiones extraordinariamente pequeñas.

Partículas diminutas capaces de afectar al organismo
El análisis identificó partículas finas de menos de 2,5 micrómetros y otras ultrafinas cercanas a los 100 nanómetros, aproximadamente 700 veces más delgadas que un cabello humano.
Su tamaño es especialmente preocupante porque podrían superar las defensas naturales del sistema respiratorio. Estudios realizados en la Tierra muestran que partículas de estas dimensiones pueden llegar al torrente sanguíneo e incluso alcanzar el cerebro mediante determinadas vías biológicas.
A esto se suma su composición química. El polvo marciano contiene minerales ricos en hierro y azufre, además de sustancias potencialmente peligrosas como los percloratos, capaces de alterar el funcionamiento de la glándula tiroides.
Sin embargo, los científicos aclaran que el riesgo real dependerá de la concentración inhalada y del tiempo de exposición. Todavía no existen datos directos sobre los efectos del polvo marciano en seres humanos.
La electricidad estática agrava el problema
Otro hallazgo importante tiene que ver con la capacidad del polvo para adherirse a los trajes.
Las partículas adquieren cargas eléctricas mediante sus colisiones y pueden quedar atrapadas sobre determinados materiales. Los investigadores comprobaron que las partículas más pequeñas permanecieron adheridas durante años, incluso mientras Perseverance se desplazaba y realizaba perforaciones.
Paradójicamente, materiales como el teflón, empleados por sus propiedades antiadherentes, pueden acumular polvo ultrafino.
Esto significa que un astronauta podría transportar partículas potencialmente peligrosas desde el exterior hasta el interior de una instalación habitada.
We’ve known since the Apollo missions that dust can present challenges for explorers on other worlds.
Now, scientists are using instruments on the Perseverance rover to understand the risks of dust on Mars and find clues about how to protect future crews on the Red Planet. ½ pic.twitter.com/Mhexh7E90g
— NASA Mars (@NASAMars) October 26, 2026
Cómo proteger a los primeros habitantes de Marte
La NASA ya investiga tecnologías capaces de reducir este peligro. Entre ellas se encuentran sistemas electrostáticos para desprender partículas, materiales protectores y esclusas de aire especialmente diseñadas para limitar la entrada de polvo.
Otra posibilidad consiste en utilizar trajes que permanezcan conectados al exterior de los hábitats, evitando introducirlos en los espacios donde viven los astronautas.
El descubrimiento no significa que viajar a Marte sea imposible, pero demuestra que sobrevivir allí exigirá resolver problemas mucho más complejos que conseguir oxígeno, agua o alimentos.
Antes de pensar en ciudades marcianas, habrá que encontrar una manera eficaz de impedir que algo tan pequeño como una partícula de polvo comprometa la salud de sus primeros habitantes.