El glaciar del Chalon Sombrero, en la región andina de Ayacucho, Perú, se había derretido por completo años atrás. En 2010, el inventor peruano Eduardo Gold subió junto a un equipo de cuatro trabajadores hasta la cumbre, a 4.756 metros de altura, para empezar a cubrir de blanco las rocas oscuras que habían quedado expuestas. La mezcla que usaron era simple: cal, agua y clara de huevo industrial. En las primeras semanas lograron cubrir unas dos hectáreas, muy lejos todavía de las 70 que Gold se había propuesto pintar entre tres cumbres distintas de la zona.
Un premio del Banco Mundial para una idea poco convencional
La iniciativa, impulsada por la organización Glaciares Perú que el propio Gold había fundado en 2008, fue una de las 26 propuestas financiadas entre más de 1.700 presentadas al concurso Development Marketplace 2009, organizado por el Banco Mundial. El proyecto recibió 200.000 dólares para desarrollar y aplicar la pintura entre 2011 y 2013, según la documentación oficial del Banco Mundial.
La física del albedo, explicada simple
La idea de Gold se apoyaba en un principio físico real y bien conocido: el efecto albedo, la proporción de radiación solar que una superficie refleja en lugar de absorber. La nieve fresca puede llegar a devolver entre el 80% y el 90% de toda la luz que recibe, mientras que la roca oscura absorbe mucha más energía y se calienta con rapidez. Al pintar de blanco las rocas expuestas, la lógica era reducir esa absorción de calor y, con eso, bajar la temperatura local de la superficie.
Por qué enfriar la roca no alcanza
El problema de fondo es que bajar la temperatura de una roca no equivale a crear un glaciar. Para que se forme hielo permanente hace falta, además del frío, que caiga nieve de forma regular y que esa nieve se acumule año tras año en mayor cantidad de la que se derrite durante los meses más cálidos. En su momento, el glaciólogo Thomas Condom reconoció que el recubrimiento sí podía bajar algo la temperatura y frenar el deshielo en el sector pintado, pero advirtió que las precipitaciones seguían siendo un factor imprescindible que la pintura, por sí sola, no podía garantizar.
Sin informe científico que confirme el regreso del glaciar
Revisando la documentación oficial del proyecto (los objetivos, las partidas de dinero, los plazos) no aparece ningún informe científico que confirme que el glaciar del Chalon Sombrero haya vuelto a formarse gracias a este método. El experimento terminó funcionando, sobre todo, como una demostración de los límites de este tipo de soluciones frente a un problema de una escala muchísimo mayor: Perú concentra cerca del 68% de los glaciares tropicales del mundo, y entre 1962 y 2020 el país perdió más del 56% de su superficie helada.
La misma idea, hoy, a otra escala
A pesar de aquel resultado incierto, la lógica de reflejar el sol para proteger el hielo se sigue aplicando en otros lugares del mundo. En Suiza, por ejemplo, distintos glaciares reciben durante el verano coberturas de tela blanca, y los estudios confirman que este tipo de lonas puede reducir el derretimiento hasta en un 60% justo debajo de la manta. El límite vuelve a ser el mismo de siempre, la escala: hoy apenas el 0,02% del hielo glaciar suizo está protegido con este sistema, y cubrir la totalidad de los glaciares del país costaría más de 1.000 millones de francos suizos por año. El principio físico, tanto en Perú como en Suiza, funciona; lo que nunca alcanza es el tamaño de la superficie que hace falta cubrir para que ese efecto realmente le gane la carrera al calentamiento global.