La región de Áncash, en Perú, arrastra una memoria particularmente dura con este tipo de fenómenos. Tras el terremoto de 1970, un desprendimiento de hielo y roca en el nevado Huascarán generó un alud que sepultó al distrito de Yungay, uno de los desastres naturales más letales de la historia sudamericana. Esa tragedia terminó convirtiendo al monitoreo de montaña en una herramienta central para reducir la exposición de las poblaciones ubicadas en valles y quebradas cercanas a glaciares.
Cómo funciona el monitoreo en Perú

El Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM), a través de su Centro Nacional de Monitoreo de Glaciares y Ecosistemas de Montaña (CENMGEM), opera estaciones automáticas que registran variables hidrometeorológicas y transmiten la información de forma remota. En la laguna Gangrajanca, en Huánuco, por ejemplo, una estación mide de manera continua el nivel del agua y las precipitaciones, además de calcular valores procesados como el promedio diario del nivel y la precipitación acumulada.
58 lagunas de riesgo, solo tres bajo vigilancia constante

Las autoridades peruanas identificaron 58 lagunas en condición de alto riesgo en todo el país, pero apenas tres cuentan hoy con sistemas de monitoreo en tiempo real: Palcacocha, en Áncash; Gangrajanca, en Huánuco; y Upiscocha, en Cusco. La vigilancia de estos cuerpos de agua está coordinada entre el INAIGEM y el Instituto Geofísico del Perú (IGP), y busca detectar modificaciones que puedan anticipar un desborde u otro fenómeno asociado a la dinámica glaciar antes de que se convierta en una emergencia.
El seguimiento no se limita a las lagunas en sí. En Áncash, el IGP también desarrolló el Sistema de Monitoreo de Flujos para la Generación de Alertas (MOFLU-IGP), enfocado en cinco quebradas consideradas prioritarias: Cojup, Llaca, Mancos, Tinco y Llanganuco. El objetivo es mejorar la capacidad de respuesta ante posibles movimientos de agua y sedimentos en sectores donde la geografía favorece la formación de aluviones, y su puesta en marcha está prevista para octubre.
El Chaltén se prepara para un sistema similar
Del lado argentino de la cordillera, la localidad santacruceña de El Chaltén, en el entorno del cerro Fitz Roy, avanza con un plan para instalar sensores de alerta temprana ante un eventual desprendimiento de glaciar que afecte al sistema formado por el lago y el río Fitz Roy. El Parque Nacional Los Glaciares, que incluye esta zona norte del parque, concentra glaciares, lagos y grandes macizos rocosos muy transitados por el turismo de montaña, lo que vuelve especialmente relevante contar con herramientas de anticipación. El Inventario Nacional de Glaciares argentino ya incluye sitios de seguimiento en el cerro Chaltén, el área del Lago del Desierto y otros sectores de la Patagonia.
Qué significa realmente una alerta temprana
Vale la pena remarcar algo que suele perderse en la traducción de estos sistemas al público general: que exista un dispositivo de alerta temprana no implica que haya una emergencia declarada, ni que un aluvión sea inminente. Su función es reunir información hidrológica y meteorológica de forma constante para detectar señales de inestabilidad antes de que se conviertan en un peligro real, y así darle a los organismos de gestión de riesgo más tiempo para actuar del que tendrían si solo respondieran después del hecho consumado.