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Ciencia

Una leyenda alemana decía que un caballero secuestraba barqueros desde esta fortaleza del siglo VII. Los arqueólogos excavaron por primera vez y bajo ella aparecieron rastros del Neolítico y la Edad del Hierro

Pilatsch era conocido como un antiguo fuerte eslavo junto al río Havel. Su primera excavación reveló algo mucho más antiguo: distintas comunidades eligieron el mismo lugar durante miles de años.
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Desde el aire cuesta imaginar que esta pequeña elevación junto al río Havel esconda una historia que se extiende durante miles de años. Mucho menos que, según una vieja leyenda de Brandeburgo, allí vivió un caballero llamado Pilatus que atacaba barcos, secuestraba a sus tripulantes y exigía un rescate para liberarlos.

La arqueología acaba de encontrar una historia todavía más interesante bajo esa leyenda.

Por primera vez, investigadores de las universidades de Leipzig y Tubinga, el Centro Helmholtz de Investigación Ambiental y el organismo de patrimonio de Brandeburgo excavaron directamente en Pilatsch, un antiguo burgwall o recinto fortificado eslavo próximo a Gülpe. Y debajo de la ocupación medieval aparecieron materiales de la Edad del Hierro prerromana y del Neolítico, demostrando que aquel montículo atraía seres humanos miles de años antes de que se levantara la fortaleza.

Los eslavos llegaron en la Edad Media. Alguien llevaba utilizando el lugar miles de años

Una leyenda alemana decía que un caballero secuestraba barqueros desde esta fortaleza del siglo VII. Los arqueólogos excavaron por primera vez y bajo ella aparecieron rastros del Neolítico y la Edad del Hierro
© T. Martens / Universidad de Leipzig.

El Pilatsch se levanta apenas tres o cuatro metros por encima del terreno circundante y forma una especie de isla natural dentro de una llanura modelada continuamente por el Havel. El antiguo recinto tiene aproximadamente 80 por 140 metros y conserva rastros de varios sistemas de fosos. Las evidencias conocidas sitúan su transformación en una fortificación eslava importante hacia los siglos VII y VIII.

Lo inesperado apareció cuando el equipo abrió una pequeña sección del monumento durante una campaña de unas dos semanas. Además de los restos asociados a la ocupación eslava, recuperaron evidencias correspondientes a la Edad del Hierro prerromana y al Neolítico.

No significa necesariamente que hubiese una misma población ocupando continuamente el montículo durante milenios. Lo que sí demuestra es que comunidades separadas por enormes intervalos de tiempo volvieron a elegir el mismo punto del paisaje. Y esa coincidencia es ahora una de las preguntas centrales de la investigación.

Antes de excavar utilizaron radares para mirar bajo tierra

Una leyenda alemana decía que un caballero secuestraba barqueros desde esta fortaleza del siglo VII. Los arqueólogos excavaron por primera vez y bajo ella aparecieron rastros del Neolítico y la Edad del Hierro
© C. Zielhofer / Universidad de Leipzig.

Los arqueólogos tampoco llegaron al terreno a ciegas. Desde 2025, Pilatsch había sido estudiado mediante georradar, geomagnetismo, tomografía de resistencia eléctrica, inducción electromagnética y diferentes tipos de sondeos. Las técnicas permitieron detectar estructuras enterradas sin tener que desmontar previamente el yacimiento.

La excavación sirve ahora para comprobar si aquellas anomalías detectadas desde la superficie corresponden realmente a muros, fosos, áreas habitadas u otras modificaciones humanas.

Entre lo recuperado hay fragmentos de cerámica, escorias y huesos animales. El material excavado está siendo tamizado y lavado para localizar incluso restos demasiado pequeños para reconocerse durante el trabajo de campo. Esos fragmentos pueden terminar revelando qué comían sus habitantes, qué actividades realizaban o cuánto duró cada etapa de ocupación.

El verdadero misterio puede estar en el río

Hay una razón por la que el proyecto no se limita a estudiar quién vivió allí. Los científicos quieren averiguar por qué tantas personas escogieron exactamente ese lugar.

El Havel ha transformado continuamente la región mediante inundaciones, acumulación de sedimentos y cambios en sus cauces. Por eso el equipo también tomó muestras para análisis sedimentológicos, geoquímicos y paleoecológicos, intentando separar las capas creadas naturalmente por el río de aquellas alteradas por los seres humanos.

Tal vez esa pequeña elevación ofreciera protección frente a las inundaciones. Tal vez facilitara controlar el río, desplazarse por él o explotar sus recursos. Las nuevas excavaciones todavía no permiten responderlo.

Pero sí han cambiado la historia del lugar. Pilatsch ya no es únicamente una fortaleza eslava envuelta en una leyenda medieval. Es un punto al que distintas sociedades regresaron una y otra vez durante miles de años, y ahora la pregunta es qué tenía ese pequeño montículo junto al Havel para que nadie pareciera olvidarlo.

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