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Ciencia

La NASA entrena a sus próximos astronautas como si todo pudiera salir mal: vuelan jets supersónicos, soportan casi el vacío y sobreviven tormentas antes de ser elegibles para la Luna y Marte

Diez candidatos atraviesan casi dos años de preparación para convertirse en astronautas de la NASA. Pilotan supersónicos, estudian geología lunar y practican rescates, averías y emergencias donde equivocarse no es una opción.
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Ser elegido astronauta por la NASA todavía no convierte a nadie en astronauta listo para volar. Para los 10 integrantes de la promoción de 2025, superar un proceso al que se presentaron más de 8.000 personas fue solamente la entrada a casi dos años de entrenamiento donde tan importante es saber pilotar un avión supersónico como identificar una roca, reparar una nave o sobrevivir si el regreso a la Tierra termina muy lejos del lugar previsto.

La clase se encuentra ahora aproximadamente a mitad del programa y debería graduarse en 2027. Solo entonces sus miembros pasarán al cuerpo activo y podrán recibir una misión en órbita baja, la Luna o, eventualmente, participar en la preparación del camino hacia Marte.

La NASA acaba de mostrar cómo fue parte de su verano. Y se parece bastante menos a una escuela convencional que a una preparación sistemática para casi cualquier cosa que pueda salir mal.

Primero tienen que aprender a leer la Tierra para poder trabajar en la Luna

La NASA entrena a sus próximos astronautas como si todo pudiera salir mal: vuelan jets supersónicos, soportan casi el vacío y sobreviven tormentas antes de ser elegibles para la Luna y Marte
© NASA.

Una futura misión Artemis no necesita únicamente pilotos. Si un astronauta baja a la superficie lunar, tendrá que reconocer qué está viendo, decidir qué muestras merecen ser recogidas y ser capaz de describírselas con precisión a los científicos que están a cientos de miles de kilómetros. Por eso la geología ocupa una parte importante del curso.

En mayo, los candidatos pasaron de las aulas del Centro Espacial Johnson al Monumento Nacional Río Grande del Norte, en Nuevo México, donde practicaron observación, navegación y recogida de muestras. En julio, algunos continuaron el entrenamiento en Islandia junto a astronautas y equipos de Artemis, aprovechando terrenos volcánicos que NASA utiliza desde la época de Apollo como análogos de paisajes lunares.

No se trata simplemente de encontrar piedras interesantes. En la Luna deberán ser capaces de tomar decisiones científicas mientras manejan herramientas, siguen una ruta y mantienen comunicación con el resto del equipo.

Después vienen los supersónicos y una cámara que puede acercarse al vacío

La NASA entrena a sus próximos astronautas como si todo pudiera salir mal: vuelan jets supersónicos, soportan casi el vacío y sobreviven tormentas antes de ser elegibles para la Luna y Marte
© NASA.

El otro extremo de la preparación ocurre a cientos de kilómetros por hora. Los candidatos comenzaron a volar los T-38, los jets supersónicos que NASA utiliza desde hace décadas para entrenar coordinación, comunicación y toma de decisiones bajo presión. También realizaron vuelos en los WB-57, tres aeronaves de gran altitud utilizadas para investigación desde los años 60.

Los WB-57 añaden otro elemento: sus ocupantes vuelan con trajes presurizados y deben trabajar dentro de un espacio muy reducido mientras operan sistemas de la aeronave.

En tierra tampoco desaparece la presión. Literalmente.

En las cámaras de altitud de Johnson, NASA puede reducir la presión desde condiciones equivalentes al nivel del mar hasta valores cercanos al vacío. Allí los candidatos practican procedimientos para vuelos de gran altitud y aprenden a reconocer y responder a situaciones fisiológicas peligrosas.

NASA también los prepara para el momento en que la misión ya salió mal

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© NASA.

Un aterrizaje puede terminar lejos de los equipos de recuperación. Por eso existen entrenamientos de supervivencia terrestre y acuática.

En la enorme piscina del Neutral Buoyancy Laboratory, NASA puede incluso recrear condiciones de tormenta. Los candidatos practican balsas, rescates y extracciones mientras aprenden a tomar decisiones como equipo bajo estrés. El mismo complejo también se utiliza para entrenar caminatas espaciales bajo el agua. Y todavía faltan sistemas de naves, robótica, mantenimiento, reparaciones, procedimientos de emergencia, clases intensivas de ruso y formación intercultural.

Ahí está quizá la parte menos evidente de convertirse en astronauta. NASA no está buscando a alguien excepcionalmente bueno en una sola cosa. Está intentando construir personas capaces de pasar de analizar una roca a pilotar un supersónico, reparar una nave y sobrevivir a una emergencia sin saber cuál de esas habilidades será la que termine salvando la misión.

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