El cráter Jezero lleva años mostrando un paisaje reconocible: rocas sedimentarias fracturadas, restos de un delta fósil y depósitos que narran un pasado acuoso. Nada parecía capaz de sorprender a Perseverance… hasta que apareció una roca solitaria, elevada, con un contorno casi esculpido. Una forma que no encajaba con su entorno. Cuando el róver disparó su láser, los resultados apuntaron a algo raro incluso para Marte: la química típica de un meteorito metálico.
Una intrusa en el paisaje marciano

Perseverance la vio el 2 de septiembre de 2024, durante el sol 1612 de la misión. A simple vista ya resultaba extraña: una masa de unos 80 centímetros que sobresalía entre rocas planas y angulosas. Demasiado lisa en algunos puntos. Demasiado afilada en otros. El equipo la bautizó “Phippsaksla”, siguiendo la costumbre de nombrar accidentes marcianos con referentes de Svalbard, en Noruega.
Pero la sorpresa llegó cuando SuperCam analizó su composición. El espectro reveló una concentración muy alta de hierro y níquel. Dos elementos que, combinados de esa manera, rara vez pertenecen al Marte geológicamente conocido. En cambio, sí son la huella química clásica de los meteoritos metálicos: fragmentos de asteroides cuyos núcleos se formaron hace miles de millones de años durante los primeros compases del sistema solar.
Por qué este meteorito es distinto de los demás
Que un meteorito aparezca en Marte no es extraordinario. Curiosity, Spirit y Opportunity encontraron varios. Incluso uno de los más famosos, “Lebanon”, descubierto en 2014, tenía un tamaño similar. Y hace solo un año, el meteorito “Cacao” volvió a despertar interés.
Lo llamativo es que Perseverance nunca había encontrado uno desde su llegada en 2021. Se esperaba que Jezero, con tantos cráteres antiguos y un pasado geológico complejo, acumulara meteoritos de diferentes épocas. Pero la realidad había sido distinta. Hasta ahora.
Phippsaksla resuelve un misterio pequeño pero persistente: por qué el róver no detectaba rocas metálicas a pesar de estar en uno de los entornos marcianos más propicios para ello. La respuesta, según los investigadores, puede ser simplemente azar, erosión o el hecho de que los depósitos sedimentarios del delta hayan enterrado o fragmentado otros posibles meteoritos.
¿Un visitante interplanetario recién descubierto?

La NASA confirmó que la roca fue analizada en septiembre, pero no pudo anunciarse hasta mediados de noviembre debido a un cierre administrativo del Gobierno estadounidense que paralizó temporalmente la comunicación científica.
Phippsaksla podría confirmarse como meteorito mediante instrumentos como PIXL, que permite análisis más detallados a nivel químico. Pero el dictamen definitivo, de existir, llegaría con una futura misión de retorno de muestras. Perseverance es el primer róver capaz de almacenar núcleos de roca para traerlos algún día a la Tierra, aunque la misión Mars Sample Return sigue sin una aprobación final.
Aun así, el hallazgo no cambia la misión del róver, centrada en estudiar sedimentos del antiguo delta y buscar señales de vida pasada. Pero sí añade una pieza inesperada al puzle marciano: un fragmento de otro mundo que cayó sobre Jezero hace quién sabe cuántos milenios, y que ahora vuelve a contarnos una historia.
Una misión que aún puede sorprender
Perseverance avanza sin prisa pero sin pausa. El terreno es irregular, la erosión cambia las paredes del delta y cada curva abre una nueva posibilidad. Si Phippsaksla apareció de repente, cualquier otra roca igual de rara podría estar esperando más adelante.
Y quizá la próxima no solo sea un viajero interplanetario. Quizá traiga pistas sobre episodios antiguos, sobre atmósferas pasadas, o incluso sobre los impactos que moldearon el Marte que hoy vemos. Porque en un planeta donde casi todo está escrito en piedra, cada anomalía puede ser un mensaje.