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Ciencia

En el lugar más parecido a Marte en la Tierra encontraron una bacteria que podría revelar vida en otros planetas. Y todo pasa por aprender a leer su rastro químico

Investigadores del CATA estudiaron una bacteria del desierto de Atacama y demostraron que los gases de su metabolismo podrían detectarse desde grandes distancias. El hallazgo redefine cómo se buscan biofirmas fuera de la Tierra.
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La búsqueda de vida fuera de la Tierra siempre estuvo condicionada por una limitación incómoda: la distancia. A diferencia de lo que ocurre dentro del sistema solar, donde es posible enviar misiones directas, el estudio de exoplanetas depende casi por completo de señales indirectas.

No vemos organismos ni superficies en detalle; lo único que podemos analizar con cierta precisión es la composición de sus atmósferas. En ese marco, la gran pregunta de la astrobiología no es solo si hay vida, sino cómo reconocerla cuando no podemos observarla directamente.

El desierto de Atacama como laboratorio de otros mundos

Para responder a esa pregunta, un equipo del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA) decidió mirar hacia uno de los entornos más extremos del planeta. En el Salar de Llamara, en el desierto de Atacama, aislaron una bacteria del género Roseovarius, un microorganismo capaz de sobrevivir en condiciones de alta salinidad, radiación intensa y escasez casi total de agua. Este tipo de ambientes no solo son hostiles, sino que funcionan como análogos naturales de la Tierra primitiva e incluso de planetas rocosos fuera del sistema solar.

El interés por estos organismos no radica únicamente en su capacidad de supervivencia, sino en lo que representan desde el punto de vista evolutivo. Se trata de formas de vida que operan con mecanismos metabólicos muy antiguos, similares a los que pudieron dominar los primeros ecosistemas terrestres. En otras palabras, estudiar estas bacterias es, en cierto modo, observar cómo pudo haber sido la vida en sus etapas más tempranas.

El verdadero hallazgo está en los gases que produce

En el lugar más parecido a Marte en la Tierra encontraron una bacteria que podría revelar vida en otros planetas. Y todo pasa por aprender a leer su rastro químico
© Valdeci Lima, CC BY-SA.

El núcleo del estudio no se centró en describir la bacteria, sino en analizar su metabolismo desde una perspectiva observable a escala planetaria. El equipo examinó los gases que produce Roseovarius sp. y, sobre todo, las señales espectrales asociadas a esas emisiones utilizando espectroscopía Raman e infrarroja. Estas técnicas permiten identificar cómo interactúan los compuestos químicos con la luz, generando patrones únicos que pueden ser detectados a distancia.

A partir de estos datos, los investigadores compararon las señales obtenidas con modelos de atmósferas planetarias similares a las de la Tierra primitiva. El resultado fue claro: ciertos gases generados por este tipo de microorganismos podrían dejar huellas detectables en la atmósfera de exoplanetas. Entre ellos aparecen compuestos como monóxido de carbono (CO), dióxido de carbono (CO₂), metano (CH₄), amoníaco (NH₃) y formaldehído (CH₂O), que en determinadas combinaciones podrían actuar como biofirmas.

Biofirmas: la forma indirecta de encontrar vida

Este concepto es clave para entender el alcance del trabajo. En astrobiología, una biofirma no es una prueba directa de vida, sino una señal química o física que sugiere actividad biológica. El desafío está en interpretar correctamente esas señales, ya que muchos de estos gases también pueden generarse por procesos geológicos. Por eso, lo relevante no es la presencia aislada de una molécula, sino el contexto en el que aparece y la interacción entre distintos compuestos.

El estudio sugiere que estas combinaciones podrían ser detectables en exoplanetas, especialmente en aquellos que orbitan estrellas enanas tipo M, donde las condiciones de observación favorecen el análisis atmosférico. Instrumentos como el telescopio espacial James Webb ya están comenzando a explorar este tipo de señales, mientras que futuras generaciones de telescopios prometen mejorar significativamente la sensibilidad de estas mediciones.

Un hallazgo que desafía lo que entendíamos por “vida detectable”

En el lugar más parecido a Marte en la Tierra encontraron una bacteria que podría revelar vida en otros planetas. Y todo pasa por aprender a leer su rastro químico
© Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA).

Uno de los puntos más interesantes del trabajo es que cuestiona una idea bastante extendida: que el oxígeno es la principal señal de vida. La bacteria estudiada realiza fotosíntesis anoxigénica, un proceso que no produce oxígeno y que, de hecho, es más antiguo desde el punto de vista evolutivo que la fotosíntesis que domina hoy en la Tierra. Esto implica que un planeta podría albergar vida sin mostrar las señales clásicas que solemos asociar a organismos vivos.

Este cambio de perspectiva obliga a ampliar el catálogo de biofirmas posibles y a replantear los criterios con los que se evalúan los exoplanetas habitables. En lugar de buscar “otra Tierra”, el enfoque empieza a desplazarse hacia la identificación de sistemas biológicos distintos, adaptados a condiciones que pueden ser radicalmente diferentes.

Lo que está en juego también está en la Tierra

Más allá de sus implicaciones astronómicas, el estudio también pone en valor los ecosistemas extremos del norte de Chile como entornos científicos únicos. Estos lugares no solo permiten estudiar organismos adaptados a condiciones límite, sino también comprender la interacción entre biología, mineralogía y química atmosférica en escenarios difíciles de replicar en laboratorio.

Sin embargo, estos ecosistemas están cada vez más expuestos a presiones ambientales, lo que plantea un problema adicional: podrían desaparecer antes de que se termine de comprender su valor científico. La investigación, en ese sentido, no solo abre nuevas preguntas sobre otros planetas, sino que también refuerza la necesidad de proteger estos entornos en la Tierra.

El siguiente paso: aprender a detectar estas señales

En el lugar más parecido a Marte en la Tierra encontraron una bacteria que podría revelar vida en otros planetas. Y todo pasa por aprender a leer su rastro químico
© Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA).

El equipo ahora busca ampliar el estudio hacia otros microorganismos extremófilos para diversificar el catálogo de gases metabólicos que podrían funcionar como biofirmas. Al mismo tiempo, trabajan en mejorar los modelos atmosféricos para adaptarlos a distintos tipos de planetas y estrellas. Uno de los objetivos más concretos es estimar cuántas observaciones (o tránsitos planetarios) serían necesarias para detectar estas señales con instrumentos actuales y futuros.

En el fondo, la investigación apunta a refinar una herramienta: la capacidad de interpretar atmósferas lejanas como si fueran pistas de un proceso biológico invisible. Es un cambio sutil, pero profundo, en la forma de hacer ciencia.

La pregunta sigue siendo la misma, pero ahora sabemos cómo acercarnos

La astrobiología sigue girando en torno a una pregunta que todavía no tiene respuesta definitiva: si estamos solos en el universo. Sin embargo, estudios como este ayudan a redefinir el camino para intentar responderla. En lugar de buscar formas de vida directamente, la estrategia pasa por identificar los efectos que producen en su entorno.

Y en ese giro metodológico, una bacteria que sobrevive en uno de los lugares más áridos del planeta podría terminar siendo clave para interpretar lo que ocurre en mundos que están a años luz de distancia. Porque tal vez nunca veamos a esos organismos. Pero sí, con suficiente precisión, podríamos llegar a reconocer que estuvieron ahí.

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