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En la Edad de Hierro y de los vikingos los escandinavos guardaban los huesos de sus víctimas en sus casas

Entre los macabros descubrimientos estaba el cráneo de un niño plantado entre los pisos sobre los que caminó la gente durante años.
Por Gayoung Lee Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Las prácticas fúnebres han evolucionado mucho a lo largo de la historia humana, pero la idea siempre fue que hay que honrar a los muertos. Sin embargo, siempre hay excepciones, y a menudo constituyen historias inquietantes del pasado lejano.

Durante la Edad de Hierro y de ellos vikingos, los humanos que vivían en lo que hoy es Escandinavia tenían la mala fama que les daba su ideología de guerreros, según un trabajo reciente que se publicó en el Journal of Archaeological Method and Theory. Sin embargo los hallazgos en los cementerios que datan de esa época no mostraban necesariamente grandes traumas físicos, y el equipo que llevó a cabo este trabajo quiso indagar sobre esa discrepancia. En su estudio analizaron lo que llaman un conjunto de datos “poco estudiados” de huesos hallados en lugares domésticos y sus alrededores.

En comparación con otros hallazgos de la época, lo que encontraron los investigadores fue niveles inusualmente elevados de trauma, antes o cerca del momento de la muerte, lo que da una imagen de violencia lenta y estructurada contra grupos marginalizados. El análisis dio indicios de historias gravemente dramáticas, como la de un niño pequeño con varios traumas provocados con fuerza con algo afilado como una espada, o una herramienta. Luego pusieron sus huesos entre dos capas del piso de una casa, lo que significa que los habitantes de la vivienda “caminaban rutinariamente sobre el piso, con pedazos del cráneo del niño bajo sus pies”, según los investigadores.

“Eso significa que día tras día caminaban sobre el cráneo del niño”, declaró Marianne Hem Eriksen, autora principal del trabajo y arqueóloga del Museo Nacional de Dinamarca. “Estos vistazos de cómo vivían en el pasado nos muestran que las ideas respecto de la vida y la muerte eran muy diferentes”.

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© Eriksen et al., 2026

Un relato incompleto

Según el trabajo, los estudios arqueológicos de la violencia interpersonal en el pasado suelen depender de muestras recogidas en grandes cementerios para asegurar “pruebas estadísticas”. En el caso de las prácticas de los vikingos las investigaciones arqueológicas se han centrado principalmente en sepulturas de la élite o en montículos levantados como monumentos fúnebres, añadieron los investigadores. Si bien es un ángulo razonable, el equipo señala que inevitablemente se producen discrepancias y brechas en lo que aprendemos sobre la vida de los vikingos.

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© Eriksen et al., 2026

Los datos hablan por sí mismos. Aunque las investigaciones modernas e históricas caracterizan a los vikingos como un pueblo con “hegemonía de la violencia”, solamente entre el 0,7% y el 6% de la población de los cementerios vikingos brinda evidencia de trauma físico. La evidencia mortuoria ha servido como información para un discurso histórico sobre la violencia vikinga, pero el registro histórico de los cementerios muestra una parte, tal vez pequeña, de una imagen más completa, según este equipo.

No hay descanso para ellos

El objetivo de este nuevo trabajo era “pasar el foco de los protagonistas conocidos del pasado a ponerlo en las personas que quedaron preservadas en fragmentos”. El estudio analizó 192 restos depositados en viviendas, pozos, hoyos de postes y antiguas fogatas, o en sus cercanías, en la Escandinavia de la Edad de Hierro, entre 500 a.C. Y 800 d.C. y la era vikinga, que duró hasta 1050 d.C. De las muestras eligieron a 12 individuos con trauma notable, y analizaron ocho de ellos porque los cuatro restantes ya se habían estudiado.

Los investigadores identificaron 19 lesiones infligidas antes o después de la muerte. Con una sola excepción, se trataba de adultos y el equipo logró identificar el sexo de la mitad (cuatro hombres, dos mujeres, y tal vez tres hombres más). Seis individuos exhibían trauma en la cabeza, y cuatro sufrieron golpes violentos con objetos afilados o romos en la cabeza, y fracturas en sus esqueletos.

En algunos casos parecía que los huesos se habían integrado a parte de la casa u otra estructura. Quizá los huesos provinieran de sacrificios o ejecuciones, o probablemente haya dejado que se pudrieran los restos para luego incorporarlos y que formaran parte de la vivienda.

Una historia perdida

Hay que señalar que en total la tasa de trauma era de 6,25%, que se condice con el máximo de los cálculos de la violencia en la era vikinga según trabajos anteriores Pero la historia cambia si consideramos las muestras por comunidad. Los 12 individuos eran de aproximadamente el 12% de los sitios donde se sabe que se depositaron restos humanos en asentamientos, lo que implica que la “frecuencia total de los traumas probablemente era mayor a la evidencia de la que hoy disponemos para identificarla”, argumentan los investigadores.

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© Eriksen et al., 2026

Sin embargo, el equipo admite que algunas de esas fracturas podrían corresponder a accidentes. Dicho esto, la mala nutrición y las interacciones violentas aumentan el riesgo de fracturas, lo mismo que la intensa actividad física reiterada. Es decir que no es ilógico pensar que estas personas no tuvieran una vida fácil.

“Se abre un nuevo panorama en lo que entendemos de la sociedad de la Edad de Hierro, de los sucesos de violencia y de la gestión de los muertos”, dijo Eriksen. “Los resultados muestran una complejidad mucho mayor en la vida cotidiana y en el mundo de la imaginación en la época, más de lo que a menudo suponemos sobre los pueblos de la Edad de Hierro”.

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