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Ciencia

La chatarra industrial podría convertirse en un asfalto más resistente y ayudar a reducir miles de muertes

Un residuo habitual de la industria siderúrgica podría tener una segunda vida en las carreteras. Una investigación propone aprovecharlo para mejorar el pavimento y reducir la contaminación.
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Gran parte de los residuos que genera la actividad industrial termina convertida en un problema ambiental. Sin embargo, algunos de esos materiales podrían esconder una utilidad inesperada: ayudar a construir infraestructuras más duraderas y menos contaminantes. Una investigación científica explora precisamente esa posibilidad y plantea un cambio en la forma de fabricar las carreteras, con beneficios potenciales que van mucho más allá del reciclaje.

La propuesta busca aprovechar un subproducto de la producción de acero para desarrollar un pavimento capaz de resistir mejor el desgaste. Si sus ventajas se confirman a gran escala, la iniciativa podría reducir las reparaciones viales, disminuir las emisiones asociadas al tráfico y contribuir a mejorar la calidad del aire. Los investigadores incluso estimaron cuántas vidas podrían salvarse gracias a una menor exposición a determinados contaminantes.

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©johanna la bambina – Pexels

El residuo industrial que podría cambiar la forma de construir carreteras

El crecimiento de la producción industrial y del consumo tecnológico plantea un desafío cada vez más difícil de ignorar: qué hacer con los materiales que se descartan después de cumplir su función. Aunque el reciclaje permite recuperar una parte de esos recursos, numerosos residuos siguen representando una carga para el medio ambiente.

El problema también afecta a los dispositivos electrónicos. Según cifras de Naciones Unidas citadas en el artículo original, el mundo generó alrededor de 62 millones de toneladas de basura electrónica en 2022, de las cuales solo una fracción fue recogida y reciclada adecuadamente. Las proyecciones apuntan a que el volumen podría aumentar hasta los 82 millones de toneladas anuales para 2030.

En este contexto, un estudio publicado en la revista científica Communications Earth & Environment analiza una alternativa para aprovechar ciertos residuos industriales en la construcción vial. El trabajo fue desarrollado por investigadores de la Southeast University, en China, y se centra en un material que suele quedar como sobrante durante la fabricación del acero.

Se trata de la escoria de acero, conocida en inglés como steel slag. Este subproducto se genera durante los procesos de producción y contiene una combinación de compuestos minerales, entre ellos dióxido de silicio y óxidos metálicos.

En lugar de tratarlo únicamente como un desecho que necesita gestión, los científicos estudiaron cómo incorporarlo a una mezcla destinada a pavimentar carreteras. La idea es transformar un material residual en un recurso útil, reducir la necesidad de materias primas convencionales y desarrollar superficies capaces de soportar mejor las exigencias del tráfico.

Una mezcla asfáltica diseñada para durar más

La propuesta no consiste simplemente en esparcir residuos sobre el suelo. Los investigadores desarrollaron una mezcla denominada SEAM, que combina escoria de acero con un ligante modificado con resina epoxi.

Esta formulación busca mejorar el comportamiento del pavimento frente a dos problemas habituales de las carreteras: la deformación provocada por el paso constante de vehículos y el deterioro progresivo de la superficie. Ambos factores pueden obligar a realizar trabajos de mantenimiento con frecuencia, especialmente en vías sometidas a un tráfico intenso.

Un asfalto más resistente podría prolongar la vida útil de la infraestructura y reducir la cantidad de intervenciones necesarias. Esto supondría un cambio importante en la gestión de las carreteras, porque las reparaciones no solo requieren materiales, maquinaria y trabajadores, sino que también alteran la circulación durante las obras.

Además, reutilizar un subproducto industrial permitiría darle una nueva función a un material que, de otro modo, necesitaría un tratamiento específico o terminaría acumulado como residuo.

Sin embargo, el potencial de esta tecnología debe interpretarse con cautela. Que una mezcla presente propiedades favorables en una investigación no significa que pueda reemplazar de inmediato al asfalto convencional en todas las condiciones. Su rendimiento a largo plazo, los costes de fabricación y los posibles impactos ambientales deben evaluarse antes de extender su utilización.

Menos reparaciones, menos atascos y una mejor calidad del aire

La principal ventaja de un pavimento más duradero podría encontrarse en sus efectos indirectos. Cuando una carretera necesita reparaciones frecuentes, las obras reducen la capacidad de circulación, generan desvíos y provocan retenciones que incrementan el tiempo que los vehículos permanecen en la vía.

Esos atascos tienen consecuencias ambientales. Los automóviles que circulan lentamente o permanecen detenidos con el motor encendido pueden emitir contaminantes, dependiendo del tipo de vehículo y de las condiciones del tráfico. Si una infraestructura necesita menos intervenciones, también podrían disminuir algunas de las emisiones vinculadas a las obras y a las congestiones que estas provocan.

El estado del pavimento también influye en la conducción y en el consumo energético de los vehículos. Una superficie deteriorada puede aumentar la resistencia al desplazamiento y generar condiciones menos eficientes, aunque el efecto concreto depende de múltiples factores.
Por eso, los beneficios planteados por los investigadores no se limitan al aprovechamiento de la escoria de acero. La propuesta conecta la gestión de residuos con la durabilidad de las infraestructuras, la movilidad urbana y la contaminación atmosférica.

La posibilidad de reducir el uso de materiales nuevos y espaciar las tareas de mantenimiento también podría representar ventajas económicas. Para comprobarlo, no obstante, sería necesario comparar el coste total de esta alternativa con el de los pavimentos tradicionales durante toda su vida útil.

La estimación que relaciona el pavimento con miles de vidas

El aspecto más llamativo del estudio aparece al analizar las posibles consecuencias sanitarias de reducir la contaminación del aire. Según las estimaciones recogidas en la investigación, una adopción de los métodos propuestos podría evitar entre 31.802 y 128.980 muertes prematuras gracias a la disminución de la exposición a partículas finas conocidas como PM2.5.

Estas partículas tienen un diámetro muy pequeño y pueden penetrar profundamente en el sistema respiratorio. La exposición prolongada a concentraciones elevadas se relaciona con enfermedades cardiovasculares y respiratorias, además de un mayor riesgo de muerte prematura.
Las cifras, sin embargo, no representan vidas salvadas que ya hayan sido contabilizadas ni constituyen una predicción exacta de lo que ocurriría en cada ciudad. Son resultados estimados mediante modelos que relacionan los posibles cambios en la contaminación con los conocimientos científicos existentes sobre los efectos de las PM2.5 en la salud.

El impacto real dependerá de factores como la extensión de la tecnología, las características de cada carretera, las condiciones del tráfico y la magnitud efectiva de la reducción de emisiones.

Aun con esas limitaciones, la investigación plantea una perspectiva interesante: algunos residuos industriales podrían convertirse en parte de la solución a problemas que afectan tanto al medio ambiente como a la salud pública. Antes de llegar a ese escenario, será fundamental comprobar su viabilidad técnica y ambiental a largo plazo.

La idea resume un principio cada vez más relevante para la economía circular: un material descartado no siempre tiene que ser el final de un proceso. En ocasiones, puede convertirse en el punto de partida de una infraestructura más eficiente.

 

[Fuente: TN]

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