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Canadá inundó 11.500 kilómetros cuadrados de bosque para generar energía limpia y terminó provocando una crisis de contaminación por mercurio

En 1971, Canadá puso en marcha uno de sus proyectos hidroeléctricos más ambiciosos, inundando miles de kilómetros cuadrados de bosque en Quebec. Sin embargo, la transformación del paisaje favoreció la formación de una sustancia tóxica que contaminó los peces y aumentó la exposición al mercurio de las comunidades indígenas que dependían de ellos.
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En 1971, Quebec inició la construcción del gigantesco proyecto hidroeléctrico de la bahía de James, una obra destinada a producir electricidad a gran escala mediante el aprovechamiento de los ríos del norte de Canadá.

El desarrollo implicó la inundación de aproximadamente 11.500 kilómetros cuadrados de territorio, una superficie comparable con la de Qatar. Aunque prometía generar enormes cantidades de energía sin quemar combustibles fósiles, también provocó consecuencias ambientales inesperadas.

Una de las más preocupantes fue el aumento de las concentraciones de mercurio en los peces de los embalses, que afectó especialmente a las comunidades indígenas cree, cuya alimentación y cultura están estrechamente relacionadas con la pesca.

Cómo una central hidroeléctrica terminó contaminando los peces con mercurio

El problema no surgió directamente de las turbinas ni de los materiales empleados en la construcción.

El mercurio ya estaba presente de forma natural en los suelos forestales. Cuando enormes extensiones de vegetación quedaron sumergidas, comenzó un proceso de descomposición que modificó las condiciones químicas del entorno.

La actividad de determinados microorganismos favoreció la transformación del mercurio inorgánico en metilmercurio, una sustancia altamente tóxica capaz de acumularse en los organismos vivos. Al ingresar en la cadena alimentaria acuática, el compuesto comenzó a concentrarse especialmente en los peces depredadores.

Especies como el lucio y la trucha de lago registraron niveles elevados, convirtiéndose en una posible fuente de exposición para las personas que los consumían habitualmente.

Los científicos analizaron más de 37.000 peces y encontraron resultados preocupantes

Una investigación que examinó más de 37.000 peces entre 1978 y 2012 permitió comprender cómo evolucionó la contaminación en los embalses del complejo La Grande.

Los investigadores descubrieron que las concentraciones de mercurio aumentaron rápidamente después de las inundaciones.

En especies que no se alimentan de otros peces, los niveles máximos aparecieron entre cuatro y once años después. En los peces depredadores, los valores más elevados se registraron entre nueve y catorce años.

Durante esos períodos, algunas concentraciones fueron hasta ocho veces superiores a las observadas en lagos naturales cercanos.

Las comunidades indígenas fueron especialmente vulnerables

Para los cree de la bahía de James, la pesca representa mucho más que una actividad alimentaria: forma parte de sus prácticas tradicionales y de su relación histórica con el territorio.

Un estudio sanitario publicado en 1998 reveló que, en 1988, el 14,2% de la población cree examinada presentaba concentraciones de mercurio en el cabello superiores a 15 miligramos por kilogramo. Las mayores concentraciones estaban asociadas con factores como la edad, el sexo masculino y las actividades tradicionales de caza y trampeo.

Ante esta situación, las autoridades sanitarias desarrollaron recomendaciones para limitar el consumo de determinadas especies de pescado y reducir la exposición.

Una advertencia para los futuros proyectos de energía renovable

Con el paso de las décadas, las concentraciones de mercurio en muchos peces disminuyeron progresivamente.

Según los investigadores, las especies no depredadoras recuperaron niveles comparables a los de los lagos naturales después de aproximadamente 10 a 20 años. En numerosos peces depredadores, el proceso tardó entre 20 y 31 años.

El caso de Quebec demuestra que una fuente de electricidad de bajas emisiones también puede generar impactos ambientales importantes si modifica profundamente los ecosistemas.

A medida que se desarrollan nuevas centrales hidroeléctricas, comprender estos procesos resulta fundamental para proteger la biodiversidad, evaluar los riesgos sanitarios y evitar que otras comunidades atraviesen situaciones similares.

 

 

Fuente: Xataka.

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