Hace unos 10.000 años los humanos migraron hacia las montañas de lo que hoy es Noruega. Las empinadas cascadas que había dejado la última Era de Hielo impedían que los peces nadaran río arriba, por lo que para los humanos del Neolítico el pescado no formaba parte del menú. Sin embargo, la evidencia arqueológica parece sugerir algo muy diferente.
En 2022 unos arqueólogos detectaron lo que parecían trampas para peces en el lecho del lago Tesse de Noruega. Al analizar y datar cinco de las trampas excavadas y fragmentos de madera relacionados con ellas, se pudo identificar su antigüedad: entre 5.000 y 7.000 años. Los resultados, que se publicaron hoy en Antiquity, representan la primera evidencia conocida de que los humanos prehistóricos introdujeran peces de agua dulce a lagos y ríos elevados, una antigua hipótesis que la nueva evidencia hoy respalda.
“Durante más de 100 años se supo que los peces que habitan los cursos de agua de las montañas noruegas descendían de especímenes reubicados por humanos”, declaró Axel Mjærum, autor principal del trabajo, arqueólogo de la Universidad de Oslo, Noruega.
No es el hábitat natural
Antes de convertirse en reservorio de una usina, en la década de 1940, el lago Tesse era famoso por su enorme población de truchas marrones, según indica el estudio. La abundancia de peces probablemente hiciera que fuese un lugar elegido para pescar, porque además en la primavera el nivel del agua bajaba y dejaba expuestas áreas con objetos de interés arqueológico que podían verse en el fondo del lago.

Pero los científicos no lograban entender exactamente cómo habían llegado las truchas a este lago hace milenios. Durante el último período glacial (entre 115.000 y 9.700 a.C.) el hielo cubría el área “por lo que para los peces de agua dulce el lugar era inhóspito”, según explican los investigadores en su trabajo. La hipótesis entonces era que ya en 1918 los humanos habían reubicado a las truchas marrones, llevándolas de su hábitat natural a los lagos de montaña.
“Sin embargo, no se sabía hasta ahora cuándo había empezado la reubicación de las truchas a lagos y ríos que originalmente no tenían peces”, dijo Mjærum.
La antigüedad de las trampas
Los últimos resultados ofrecen indicios largamente esperados sobre el momento en que comenzó la migración artificial de las truchas. Con datación por radiocarbono pudieron determinar que la trampa más antigua de las halladas databa del 5000 a.C. aproximadamente, en tanto que la menos antigua era de 2700 a.C. Las trampas estaban sujetas con postes de madera, y las que estaban mejor preservadas exhibían marcas de corte, y señales de que alguien las había fabricado.

Los científicos señalan que en realidad a las truchas les habría llevado varias décadas reproducirse en su nueva ubicación. Es decir que estos humanos prehistóricos parecen haber logrado trasladar a los peces, anticipando este “retorno demorado”. Si es así, es evidencia de que los recolectores-pescadores-cazadores efectivamente gestionaban su entorno para controlar la provisión de alimentos.
“Al introducir la trucha marrón se estableció un vínculo perdurable y sólido entre los humanos y el recurso acuático de las montañas. Son vínculos que siguieron dando forma a las actividades de la región durante el Neolítico… y los resultados de esa gestión del medio ambiente están disponibles hoy a los pescadores deportivos y profesionales de hoy”, indica el equipo en su trabajo.