El plan era bastante mundano: levantar un nuevo edificio de viviendas en Ligornetto, una localidad del cantón suizo de Ticino, prácticamente pegada a Italia. Pero antes de que aparecieran los cimientos modernos, los arqueólogos comenzaron a encontrar otros mucho más antiguos.
Desde junio, el Servicio de Arqueología de la Oficina de Bienes Culturales de Ticino excava un terreno de unos 500 metros cuadrados en la zona de Stramonte. Lo que ha emergido es un edificio romano levantado entre los siglos II y III d.C., con seis espacios identificados, un pórtico y restos de una actividad que aparentemente no tenía demasiado que ver con dormir, comer o criar una familia.
De hecho, una de las pistas más importantes es precisamente lo que no apareció allí: hogares y otras estructuras asociadas a una vivienda. Lo que sí encontraron los investigadores fue una cantidad excepcional de escorias de hierro y residuos procedentes del trabajo del bronce. La hipótesis que empieza a dibujarse es bastante más interesante: aquel edificio pudo formar parte de un pequeño centro de producción metalúrgica hace alrededor de 1.800 años.
Donde hoy iban a vivir familias, los romanos probablemente trabajaban hierro y bronce

El edificio conocido hasta ahora mide aproximadamente ocho metros de ancho por al menos 11 de largo, aunque continúa hacia el oeste más allá de los límites del solar, así que sus verdaderas dimensiones siguen sin conocerse. En su cara sur tenía un pórtico de unos tres metros de ancho orientado hacia una pequeña vía. Al otro lado se extendía un espacio abierto destinado a actividades artesanales y agrícolas, donde han aparecido agujeros de postes, pequeñas estructuras y un camino construido reutilizando ladrillos.
Todo encaja bastante bien con un espacio de trabajo. Las capas arqueológicas de los siglos II y III concentran abundantes residuos ferrosos y restos de producción de bronce. Los responsables de la excavación son prudentes: todavía no han definido exactamente para qué servía cada habitación ni si toda la metalurgia se realizaba dentro del edificio. Lo que sí consideran claro es que en sus inmediaciones existió una actividad metalúrgica significativa.
El sitio incluso ha dejado pequeños rastros de vida cotidiana entre tanta industria. Una de las piezas descubiertas es un broche zoomorfo de bronce de los siglos II-III que probablemente representa un pavo real. Otra tegula conserva algo todavía más cotidiano: la huella de la pata de un perro, marcada en la arcilla antes de que la pieza terminara formando parte de una construcción romana.
La “fábrica” terminó de golpe

La arqueología también conserva bastante bien el momento en que aquel lugar dejó de funcionar. Durante el siglo III, un violento incendio destruyó el complejo. El techo de ladrillos se desplomó y los arqueólogos todavía encuentran capas de carbón, tegulas caídas y superficies ennegrecidas por las llamas. No se conoce qué provocó el fuego, pero sí parece haber supuesto un final abrupto para el edificio.
Y apareció justo al lado de uno de los grandes centros romanos de la zona

El hallazgo tampoco está aislado. Stramonte conserva evidencias de ocupación desde la Edad del Hierro hasta la Alta Edad Media, mientras que Ligornetto se encontraba en época romana bajo la influencia económica y política de Como y Milán.
A menos de un kilómetro se encuentra además la villa romana de San Pietro di Stabio, y en la región ya habían aparecido necrópolis, inscripciones, lugares de culto y tumbas longobardas. Eso convierte al nuevo edificio en otra pieza de un paisaje mucho más complejo de lo que podía sugerir el tranquilo solar destinado a viviendas.
Las excavaciones continuarán durante el otoño de 2026 y el edificio todavía se extiende fuera del área investigada. Es decir, los arqueólogos ya saben que allí los romanos no estaban simplemente viviendo. Ahora queda averiguar hasta dónde llegaba realmente aquella pequeña zona industrial enterrada bajo la Suiza moderna.