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Ciencia

Hallaron un punto de África donde la corteza terrestre mide apenas 13 kilómetros, un tercio de lo normal: ahí es exactamente donde el continente se va a partir en dos

No hace falta esperar a que ocurra de golpe. El proceso ya está en marcha, avanza unos pocos milímetros por año, y los científicos acaban de descubrir que va mucho más adelantado de lo que pensaban
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Un equipo liderado por Christian Rowan, del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, analizó datos sísmicos de alta resolución del Rift de Turkana, un tramo de 500 kilómetros que atraviesa Kenia y Etiopía dentro del Sistema del Rift de África Oriental, la enorme falla geológica donde la placa africana se separa de la placa somalí. El estudio, publicado en Nature Communications, concluyó que el proceso de fractura en esta zona está mucho más avanzado de lo que se creía.

Trece kilómetros contra treinta y cinco

Científicos observan como nunca antes el momento en que el fondo del océano se abre y crea nueva corteza terrestre
© StudyIQ UPSC CSE – Youtube.

El hallazgo central tiene que ver con el grosor de la corteza terrestre. En el centro del rift, los investigadores midieron apenas unos 13 kilómetros de espesor, frente a más de 35 kilómetros en zonas alejadas de la falla. Cuando la corteza de una zona de rift cae por debajo de los 15 kilómetros de espesor, entra en una fase conocida como «necking» (estrechamiento): el mismo fenómeno que ocurre en un caramelo blando cuando se estira desde ambos extremos hasta que el centro queda cada vez más fino. «Encontramos que el proceso de fractura en esta zona está más avanzado, y la corteza es más delgada, de lo que nadie había reconocido antes», explicó Rowan. «El este de África avanzó más en el proceso de ruptura de lo que se pensaba.»

Una grieta que avanza 4,7 milímetros por año

Depresion De Afar
© Por Jacques Descloitres, MODIS Land Rapid Response Team, NASA/GSFC – http://visibleearth.nasa.gov/view_rec.php?id=3187, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=308298

Las placas africana y somalí se separan a un ritmo de unos 4,7 milímetros anuales, una velocidad que puede sonar insignificante pero que se viene acumulando durante decenas de millones de años. Cuanto más delgada se vuelve la corteza, más débil resulta, lo que facilita que el proceso de fractura continúe y se retroalimente a sí mismo.

Una vez que la corteza termina esa fase de adelgazamiento extremo, entra en una etapa posterior llamada oceanización: la corteza se estira tanto que el magma llega a brotar desde el interior de la Tierra, se acumula y se enfría hasta formar el lecho de un nuevo fondo oceánico, momento en el que el agua empieza a ingresar y a inundar la cuenca recién formada. Ese proceso ya arrancó en la Depresión de Afar, en el noreste de África, cerca del mar Rojo, la región que los geólogos consideran más avanzada de todo el sistema. Según los cálculos del equipo, harán falta todavía varios millones de años para que la ruptura se complete y una nueva masa de agua, probablemente conectada al océano Índico, termine separando a Somalia y a buena parte de la costa oriental africana del resto del continente.

Qué tiene que ver esto con el origen humano

El Rift de Turkana no es solo un caso de estudio geológico: es también una de las regiones que más fósiles de homínidos aportó a la paleoantropología, en gran parte gracias al trabajo pionero del Turkana Basin Institute, fundado por el fallecido investigador Richard Leakey. Los propios autores del estudio sugieren que entender mejor la dinámica geológica de la zona podría ayudar a explicar, al menos en parte, por qué esta región concentró semejante riqueza de restos fósiles humanos: la actividad tectónica y volcánica sostenida durante millones de años pudo haber generado las condiciones sedimentarias que favorecieron una preservación excepcional.

Una escala de tiempo tranquilizadora

Vale la pena poner el hallazgo en perspectiva: aunque el proceso de fractura está más avanzado de lo previsto, sigue tratándose de una escala de tiempo geológica, no humana. Los propios investigadores calculan que faltan varios millones de años para que la separación se complete, así que nadie va a ver nacer un nuevo océano en el este de África dentro de su vida ni la de sus descendientes. Lo que el hallazgo sí cambia es la comprensión científica de cómo se fracturan los continentes, un proceso que hasta ahora se pensaba mucho más lento y gradual de lo que muestran estos nuevos datos sísmicos.

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