Los lobos, coyotes y muchos perros actuales están construidos para correr. Sus extremidades relativamente largas, sus articulaciones estabilizadas y su postura sobre los dedos permiten recorrer grandes distancias persiguiendo presas.
Pero uno de sus antiguos parientes era muy diferente.
Un estudio publicado en Journal of Paleontology describe por primera vez el esqueleto prácticamente completo de Mesocyon coryphaeus, un cánido del Oligoceno que habitó el actual noroeste de Estados Unidos hace aproximadamente 30 millones de años.
Tenía aproximadamente el tamaño de un coyote, pero sus patas cortas y robustas y sus articulaciones sorprendentemente móviles revelan un animal mucho menos especializado para correr.
Pós-crânio e função locomotora de Mesocyon coryphaeus (Canidae, Carnivora) do Arikareeano da América do Norte https://t.co/OqGF86Zmfz pic.twitter.com/qM7p5yHgAf
— PaleoGalli (@TwitiGalli) May 29, 2026
Un cánido que cazaba escondido entre la vegetación
El ejemplar, catalogado como JODA 3366, conserva el cráneo completo con la mandíbula, gran parte de la columna vertebral, todos los huesos largos y numerosos elementos de las manos y los pies. Incluso conserva el báculo, lo que permitió identificarlo como un macho.
Su anatomía muestra una combinación que no existe entre los cánidos modernos.
El codo permitía una mayor movilidad y sus extremidades eran más compactas. Además, la estructura de sus patas indica que mantenía una postura entre plantígrada y semidigitígrada: podía apoyar una parte mayor del pie que lobos, zorros o coyotes, que caminan prácticamente sobre los dedos.
Estas características habrían reducido su eficiencia durante carreras prolongadas, pero podían resultar útiles para moverse entre vegetación, realizar aceleraciones cortas y sujetar presas.
Los autores lo interpretan como un depredador terrestre de emboscada, más parecido en su locomoción a grandes mustélidos —e incluso en su estrategia a ciertos felinos— que a los perros actuales. Probablemente cazaba pequeños mamíferos, incluidos roedores y antiguos ungulados conocidos como hipertragúlidos.
Los primeros perros no nacieron preparados para correr
La familia Canidae apareció en Norteamérica durante el Eoceno. Con el paso de millones de años, los ambientes boscosos fueron dando lugar a paisajes cada vez más abiertos y muchas líneas evolutivas desarrollaron cuerpos mejor preparados para desplazarse a gran velocidad.
Las adaptaciones claramente cursoriales se hicieron especialmente frecuentes durante los últimos 15 millones de años, cuando las praderas comenzaron a extenderse.
Mesocyon demuestra que esa transformación no ocurrió inmediatamente.
Aunque ya era más grande y más carnívoro que algunos cánidos anteriores, todavía conservaba una anatomía primitiva. En el Oligoceno seguía existiendo suficiente vegetación para ocultarse, acercarse a las presas y atacar a corta distancia.
CÁNIDO PREHISTÓRICO
Identifican un cánido que vivió hace entre 31 y 29 millones de años en Norteamérica📰https://t.co/EinKuaZISM
vía @muyinteresante#Oligoceno #Mamiferos pic.twitter.com/6Kw2gQCjg8— CRCpaleos (@CRCpaleos) August 5, 2026
El fósil necesitó décadas para revelar lo que escondía
La historia del ejemplar también es extraordinaria.
Personal del John Day Fossil Beds National Monument lo encontró a finales de la década de 1980. Inicialmente permaneció dentro de un gran bloque de roca y su preparación se realizó de forma intermitente durante décadas.
Los primeros trabajos comenzaron en los años noventa. La preparación se retomó en 2010 y finalmente, en 2022, los paleontólogos decidieron retirar todos los huesos de la matriz para poder estudiarlos individualmente.
En conjunto fueron necesarias más de 500 horas de trabajo para liberar completamente el esqueleto.
El esfuerzo resolvió un vacío que llevaba casi 150 años abierto. Mesocyon coryphaeus era conocido desde finales del siglo XIX y sus cráneos aparecen con relativa frecuencia en la formación John Day, pero hasta ahora su cuerpo prácticamente no había sido descrito.
El resultado modifica la imagen de los primeros cánidos. Antes de que algunos de sus descendientes evolucionaran hasta convertirse en perseguidores capaces de recorrer kilómetros detrás de una presa, existieron perros primitivos con otra estrategia completamente diferente: esperar ocultos y atacar desde cerca.