El descubrimiento no se resume en una estatua monumental ni en un sarcófago cubierto de oro. Lo verdaderamente valioso apareció escrito y pintado sobre las paredes: un nombre que llevaba cerca de tres milenios esperando a ser leído nuevamente.
Una misión arqueológica neerlandesa dirigida por Carina van den Hoven, investigadora vinculada a la Universidad de Leiden y al Instituto Neerlandés para Oriente Próximo, ha sacado a la luz una tumba hasta ahora desconocida en la zona baja de Sheikh Abd el-Qurna, dentro de la enorme necrópolis tebana situada frente a la actual ciudad de Luxor.
Las inscripciones conservadas en el interior identifican al propietario como un hombre llamado Paser. El estilo de las pinturas y los jeroglíficos apunta al periodo ramésida, correspondiente a las dinastías XIX o XX del Imperio Nuevo, aunque los arqueólogos todavía deberán estudiar el monumento con mayor profundidad antes de establecer una datación más precisa.
Un nombre escrito junto a una tumba ya conocida

La nueva sepultura se encuentra al este de la tumba tebana TT45, uno de los monumentos que el equipo de Van den Hoven estudia desde 2018 en colaboración con el Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto.
La excavación forma parte de un proyecto mucho más amplio que no solo busca localizar estructuras funerarias. Desde 2025, los investigadores trabajan en una extensa área de la parte inferior de Sheikh Abd el-Qurna que incluye las tumbas TT45, TT133, TT136 y TT137, además de varias construcciones que todavía no han podido ser identificadas completamente.
Según explicó Hisham el-Leithy, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, los textos visibles dentro del nuevo hipogeo repiten el nombre de Paser y permiten asociarlo directamente con la tumba. Sin embargo, las autoridades egipcias todavía no han anunciado qué cargo ocupó, para quién trabajó o qué posición exacta tuvo dentro de la sociedad tebana.
Esto obliga a ser prudentes con algunas de las primeras interpretaciones. Por ahora, la información oficial no confirma que Paser fuera un alto funcionario, un sacerdote o un miembro específico de la administración real. Tampoco establece que el recinto permaneciera completamente sellado o intacto. Lo que sí confirma es que se trata de una tumba desconocida hasta esta campaña y que sus decoraciones probablemente pertenecen al periodo ramésida.
Una tumba excavada en la roca con forma de T

La arquitectura ofrece otra pista sobre el estatus de sus ocupantes. El monumento sigue la distribución habitual de muchas tumbas privadas construidas para integrantes de la élite tebana durante el Imperio Nuevo.
El conjunto comienza con un patio abierto y continúa con una capilla excavada directamente en la roca. Vista desde arriba, esta estancia adopta la característica forma de una T invertida. Bajo el nivel del suelo se extienden las cámaras funerarias destinadas a albergar los cuerpos, los ataúdes y los objetos depositados junto a los difuntos.
En el patio, los arqueólogos encontraron varios elementos arquitectónicos relativamente bien conservados. Entre ellos destaca una estructura de adobe con una cavidad central preparada para sostener una estela funeraria. Una escalera flanqueada por rampas conduce hasta la entrada de la tumba, conectando el espacio exterior con la capilla interior.
La presencia de una estructura compleja, decoraciones policromadas y cámaras subterráneas sugiere que Paser contó con recursos suficientes para encargar un monumento funerario elaborado. No obstante, la arquitectura por sí sola no permite determinar su profesión ni relacionarlo con alguno de los numerosos personajes homónimos documentados en el antiguo Egipto.
Las pinturas muestran a Paser junto a su esposa
Las escenas conservadas en las paredes ofrecen una primera aproximación a la identidad del propietario. Algunas representan a Paser adorando a diferentes divinidades, cada una situada dentro de su correspondiente capilla o santuario.
Otras pinturas muestran al difunto acompañado por su esposa frente a una mesa cubierta de ofrendas. Este tipo de composición era habitual en el arte funerario egipcio: los alimentos, las bebidas, las flores y los objetos representados no eran simples elementos decorativos, sino una forma simbólica de garantizar que el fallecido continuara recibiendo sustento en el más allá.
Parte de la decoración permanece oculta bajo una fina capa de tierra y sedimentos acumulados. Los arqueólogos no pueden retirarla de manera apresurada: cualquier limpieza inadecuada podría eliminar pigmentos, alterar las inscripciones o destruir detalles esenciales para interpretar las escenas.
Por eso, el trabajo inicial estará centrado en fotografiar, dibujar, cartografiar y documentar el interior antes de comenzar una restauración profunda. Las próximas campañas podrían revelar títulos, relaciones familiares, nombres adicionales o textos religiosos capaces de reconstruir una parte mucho más completa de la biografía de Paser.
El gran misterio no es la tumba, sino sus ocupantes

Los investigadores todavía deben determinar cuántas personas fueron enterradas dentro del complejo. Aunque las pinturas identifican a Paser y representan a su esposa, esto no significa necesariamente que ambos fueran los únicos ocupantes de las cámaras subterráneas.
Muchas tumbas tebanas fueron reutilizadas durante generaciones o adaptadas por propietarios posteriores. Los restos humanos, fragmentos de ataúdes, cerámicas, inscripciones secundarias y modificaciones arquitectónicas podrían revelar diferentes fases de uso.
El equipo pretende reconstruir las identidades de quienes fueron depositados en el monumento y comprender cómo se relacionaba esta tumba con las sepulturas vecinas. El objetivo final no es estudiar el hipogeo como una estructura aislada, sino integrarlo dentro de la evolución histórica de toda la zona baja de Sheikh Abd el-Qurna.
Una excavación que también intenta salvar la necrópolis
El lugar donde apareció la tumba presenta un problema adicional. Al encontrarse en la parte baja de la montaña, los monumentos de este sector son especialmente vulnerables a las inundaciones repentinas. El agua puede dañar las pinturas, erosionar los muros y comprometer la estabilidad de las cámaras excavadas en materiales frágiles.
El proyecto de Leiden combina por ese motivo la investigación arqueológica con programas de conservación preventiva, gestión de riesgos, creación de vías de drenaje y documentación digital no invasiva. La intención es conocer el pasado sin poner en peligro aquello que acaba de salir a la luz.
Van den Hoven adelantó que las próximas temporadas incluirán trabajos de estabilización estructural, conservación y restauración de las pinturas. Solo después de limpiar y estudiar todas las inscripciones será posible saber quién fue realmente Paser y por qué recibió una tumba tan elaborada.
Por ahora, el descubrimiento ha devuelto un nombre a la historia. El resto de su vida continúa oculto bajo el polvo de Luxor, escrito sobre unos muros que los arqueólogos apenas han comenzado a leer.