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Ciencia

“Es un experimento de geoingeniería sin ensayos previos”, advierten los científicos sobre la industria de los satélites

Los continuos lanzamientos de numerosos satélites contaminan la atmósfera
Por Ellyn Lapointe Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Se lanzan más satélites al espacio que en toda la historia y las compañías de la industria no tienen intención de retroceder. SpaceX, propietaria y operadora de la constelación de satélites más grande del mundo, acaba de solicitar permiso para lanzar 1 millón de Starlinks que se sumarían a los 10.000 que ya tiene en órbita.

Los científicos que han analizado a Starlink y a otras megaconstelaciones buscaron los aspectos negativos, además de su peligrosa superpoblación en la órbita terrestre y la interferencia con las observaciones astronómicas. Hallaron en su estudio que podrían estar interfiriendo en el clima también. Publicaron su trabajo el 14 de mayo en Earth’s Future, y mostraron que la contaminación del aire – en particular el carbono negro u hollín – relacionada con el despliegue de las megaconstelaciones, será la causa de casi la mitad del impacto en el clima a partir de la contaminación del espacio para finales de la década.

Eloise Marais, profesora de química atmosférica y calidad del aire del University College London, encabezó el proyecto. Comparó la contaminación que causa la industria espacial con “un experimento de geoingeniería con muchas consecuencias no buscadas”. Y eso, porque las partículas de carbono negro que se liberan en las capas de la atmósfera a unos 10 a 12 kilómetros de altura, bloquean el ingreso de la luz solar y enfrían las capas inferiores de la atmósfera.

“La cantidad de carbono negro que hoy liberan los lanzamientos de los cohetes es mucho menos que la de las ideas de geoingeniería, pero eso podría cambiar si no se regula su incremento”, le dijo Marais a Gizmodo en un e-mail.

Un impacto de rápido crecimiento

El despliegue de los satélites es el mayor impulsor del boom  de los lanzamientos comerciales. El informe número 29 que cada año se emite sobre la Industria Satelital, y que publicó la semana pasada la Asociación de la Industria de los Satélites, halló que los ingresos de la industria satelital comercial constituyen el 71% de los negocios espaciales en 2025 en todo el mundo. Señalan además la rapidez de su crecimiento, con 296 lanzamientos que han enviado una cantidad récord de 4.434 satélites a la órbita terrestre, 65% más que en 2024.

 A medida que crece explosivamente esta industria, crece también la urgente necesidad de evaluar mejor su creciente impacto ambiental. Por eso Marais y sus colegas hicieron la proyección de las emisiones hasta 2029, utilizando datos de un inventario global de contaminación del aire por la creación de estas megaconstelaciones, tomando las tasas de crecimiento entre 2020 y 2022. Ingresaron estos datos en un modelo químico atmosférico en 3D para determinar de qué manera impactan las megaconstelaciones en la capa de ozono y el clima, proyectándolo hasta el final de la década.

El análisis reveló que en 2020 las megaconstelaciones explicaban alrededor del 35% del impacto total sobre el clima, pero que la cifra aumentaría al 42% para 2029.

“Lo ideal sería tener más datos de más años para mejorar la confiabilidad de la predicción. Sin embargo, el estudio avanzó unos dos años más con la tasa utilizada para la investigación y pudimos evaluar nuestras predicciones con los datos reales de 2023-2024”, dijo Marais.

Eso indica que su cálculo del impacto para 2029 era conservador, ya que la creciente cantidad de lanzamientos y el propelente que se quema en realidad superan a las tasas de crecimiento de 2020 y 2022.

Cómo es que la contaminación de los satélites afecta al clima

Marais y sus colegas analizaron varios contaminantes del aire que se emiten al lanzar cohetes y en la combustión en el reingreso de los cohetes, satélites y basura espacial que reingresan a la atmósfera. Hallaron que el carbono negro que proviene de los lanzamientos de cohetes con combustible de queroseno es el que tiene el mayor impacto ambiental, que queda en la atmósfera durante mucho más tiempo que el hollín que emiten otras fuentes basadas en la Tierra. El efecto de enfriamiento producido por el carbono generado por los lanzamientos es mayor en unas 500 veces, pero sigue siendo mínimo en comparación con el aumento de la temperatura global causado por el efecto invernadero.

Sin embargo, el hollín de la formación de estas megaconstelaciones podría causar problemas. Para combatir la crisis climática, los ingenieros propusieron una solución de geoingeniería conocida como inyección de aerosol estratosférico, que emitiría un aerosol de partículas reflectivas (como el carbono negro) en la estratósfera para contrarrestar el efecto invernadero, aunque la ciencia advierte que esa estrategia conlleva riesgo grave para todo el planeta.

“Son consecuencias no buscadas que constituyen la principal razón por la que no se ha adoptado en escala la geoingeniería de inyección de aerosol estratosférico”, dijo Marais.

Su equipo también investigó si la contaminación de las megaconstelaciones podría acabar con la capa de ozono que protege a la superficie de la Tierra de la radiación UV. El impacto calculado fue menor, porque la mayoría de los cohetes que lanzan megaconstelaciones no emiten compuestos clorados fuertes que destruyen el ozono, pero eso podría cambiar ya que hay compañías de satélites que planean utilizar propelentes que emiten clorados, según explicó Marais.

El trabajo de investigación brinda un punto de partida, pero “hay mucho por hacer, observando y midiendo la contaminación y el impacto ambiental de los cohetes”, afirmó. Su equipo está creando un monitor en línea de las emisiones por lanzamientos y reingresos, junto a técnicas que permitan observar la contaminación por lanzamiento de cohetes utilizando instrumentos satelitales que observan el suelo más que el aire.

“Esperamos que quienes diseñan las políticas vean las señales que estamos ofreciendo y las que brindan otros estudios para que haya regulaciones que prevengan el daño al ambiente de modo que no les quede a las futuras generaciones el peso de tener que reparar los daños”, afirmó Marais.

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