Los silos de cereal fueron durante décadas un elemento inseparable del paisaje rural español, construidos a mediados del siglo XX para almacenar cosechas a granel. Los cambios en los sistemas de producción dejaron a muchas de estas estructuras en desuso. El proyecto THESILO (Thermal Energy Storage in Silos), cofinanciado por el programa Interreg España-Portugal (POCTEP), investiga ahora cómo transformarlos en baterías térmicas capaces de almacenar energía renovable en forma de calor.
La iniciativa se desarrolla en la Eurorregión EUROACE, formada por Extremadura y las regiones portuguesas de Alentejo y Centro, donde se calcula que existen 1.050 silos actualmente en desuso.
El problema que busca resolver: el excedente solar que se tira
Extremadura se consolidó como uno de los principales referentes nacionales en generación de energía limpia, pero enfrenta un problema cada vez más común en regiones con alto potencial renovable: qué hacer con el excedente de energía solar y eólica cuando la generación supera puntualmente a la demanda o a la capacidad de absorción de la red eléctrica. Cuando eso ocurre, buena parte de esa energía limpia generada se pierde.
La propuesta de THESILO es aprovechar tecnologías conocidas como Power to Heat, que convierten ese excedente eléctrico en energía térmica. Ese calor queda almacenado dentro del silo mediante materiales capaces de mantener altas temperaturas durante largos períodos, y luego se libera cuando existe demanda real, ya sea para procesos industriales o para calefacción de instalaciones cercanas.
Por qué un silo de hormigón es la batería perfecta
Los antiguos silos reúnen características especialmente favorables para esta segunda vida energética. Fueron diseñados para soportar grandes cargas y décadas de uso intensivo; su estructura de hormigón armado ofrece una notable inercia térmica, justo lo que se necesita para conservar el calor durante más tiempo; y muchos se ubican cerca de núcleos rurales, zonas agrícolas o infraestructura eléctrica ya existente. Reutilizarlos evita construir instalaciones nuevas desde cero y le da un nuevo propósito a edificios que en muchos casos llevan tres décadas sin actividad.
El proyecto está coordinado por el Centro Ibérico de Investigación en Almacenamiento Energético (CIIAE), con sede en Cáceres, junto a la Agencia Extremeña de la Energía (AGENEX) y el Instituto Tecnológico de Rocas Ornamentales y Materiales de Construcción (INTROMAC), además de socios portugueses como ADAI, el Instituto Politécnico de Portalegre, ITECONS y AREANATejo.
Torremocha, el pueblo de menos de mil habitantes que se convirtió en laboratorio
THESILO no se queda en el plano teórico: validará el concepto con un piloto experimental en condiciones reales, en el silo de Torremocha, un municipio cacereño cuyo ayuntamiento cede la infraestructura que dejó de almacenar grano hace tres décadas. Sobre esa torre cilíndrica se instalarán resistencias eléctricas, sensores de temperatura y toneladas de arena seca como medio de almacenamiento térmico, lo que permitirá comprobar si la estructura aguanta y cuánto calor es capaz de retener.
Para un pueblo de menos de mil habitantes, el proyecto representa además una oportunidad de revitalización: la recuperación de un edificio en desuso, la llegada de tecnología de punta y, si el piloto funciona, una futura fuente de energía térmica renovable para sus propios vecinos y empresas.
Qué falta para que esto deje de ser un experimento
THESILO cuenta con un presupuesto total de aproximadamente 1,51 millones de euros y se ejecutará hasta el 31 de diciembre de 2028. Todavía es un proyecto de investigación aplicada, no una solución comercial: durante los próximos años evaluará la viabilidad técnica, económica y medioambiental del concepto antes de pensar en una aplicación a mayor escala.
Si el piloto de Torremocha confirma que la idea funciona, la puerta se abre a reutilizar cientos de infraestructuras similares hoy olvidadas en toda la Eurorregión, contribuyendo a estabilizar una red eléctrica cada vez más dependiente de fuentes renovables intermitentes, y generando actividad económica en zonas rurales donde hoy solo quedan muros de hormigón vacíos.