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Ciencia

Los virus más abundantes de la Tierra están controlando silenciosamente los ecosistemas del planeta

Los bacteriófagos infectan exclusivamente a bacterias y están presentes en océanos, suelos e incluso en nuestro intestino. Lejos de ser simples destructores, regulan poblaciones microbianas, reciclan nutrientes, transportan genes y participan en procesos globales que afectan al carbono y al funcionamiento de los ecosistemas
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En una gota de agua de mar puede haber millones de virus. La mayoría no infecta a animales ni plantas: su objetivo son las bacterias. Son los bacteriófagos, o simplemente fagos, y constituyen una de las entidades biológicas más abundantes del planeta.

Su número global se estima en torno a 10³¹ partículas, una cantidad difícil incluso de imaginar. Pero lo importante no es solo cuántos hay, sino lo que hacen. Al infectar y destruir bacterias de forma muy específica, los fagos regulan comunidades microbianas completas y afectan procesos que van desde la biodiversidad de los océanos hasta el reciclaje de nutrientes.

Cuando una bacteria gana demasiado, aparecen sus virus

Una de las ideas clásicas para explicar esta relación se conoce como “Kill the Winner”, o “matar al ganador”.

Cuando una especie bacteriana encuentra condiciones ideales y empieza a multiplicarse rápidamente, también aumenta la probabilidad de encontrarse con los virus especializados en infectarla. A medida que la población dominante crece, sus fagos también pueden hacerlo hasta provocar una fuerte mortalidad.

Eso impide que una única bacteria monopolice todos los recursos y permite que otras especies menos competitivas sobrevivan. El resultado es una comunidad más diversa y dinámica.

Los fagos, por tanto, no son simplemente depredadores microscópicos. También funcionan como reguladores de los ecosistemas.

Cada día destruyen una parte importante de las bacterias del océano

Su influencia es especialmente impresionante en el mar.

Las estimaciones indican que los virus pueden lisar aproximadamente entre el 20% y el 40% de las bacterias de las aguas superficiales oceánicas cada día. Cuando una célula se rompe, su carbono, nitrógeno, fósforo y otras moléculas regresan al agua en forma de materia orgánica.

Este proceso se conoce como viral shunt.

En vez de pasar directamente hacia organismos mayores de la cadena alimentaria, parte de esos nutrientes vuelve al circuito microbiano y puede ser reutilizada rápidamente por otras bacterias y microorganismos.

Su efecto sobre el carbono es complejo. La lisis puede mantener materia orgánica circulando cerca de la superficie, pero algunos restos también pueden agregarse y contribuir al transporte de carbono hacia aguas profundas. Por eso, entender a los virus marinos se ha vuelto importante incluso para estudiar los ciclos biogeoquímicos globales.

También aceleran la evolución

Los bacteriófagos tienen otra capacidad importante: pueden transportar material genético entre bacterias.

Durante la infección, algunos fagos incorporan accidentalmente fragmentos de ADN de una célula y posteriormente los transfieren a otra. Este proceso, llamado transducción, contribuye al intercambio genético y puede acelerar la adaptación de las poblaciones bacterianas.

Así, un virus puede modificar un ecosistema no solo eliminando bacterias, sino también ayudando indirectamente a cambiar su genética.

Del suelo agrícola a nuestro intestino

En los suelos ocurre algo parecido. Los fagos influyen sobre microorganismos que participan en los ciclos del carbono y el nitrógeno y pueden afectar a bacterias vinculadas con la salud de las plantas. Por eso también se investiga su posible utilización contra patógenos agrícolas.

Y en el cuerpo humano existe otro enorme territorio por explorar.

El fagoma intestinal, formado por los bacteriófagos que viven en nuestro aparato digestivo, constituye una parte dominante del viroma intestinal. Estos virus interactúan constantemente con las bacterias del microbioma e incluso existen evidencias de que pueden relacionarse directamente con nuestro sistema inmunitario.

Durante décadas pensamos en los virus principalmente como agentes de enfermedad. Los bacteriófagos muestran una imagen mucho más amplia: sin ellos, las comunidades microbianas, los ciclos de nutrientes y probablemente buena parte del equilibrio ecológico del planeta funcionarían de una manera completamente distinta.

 

 

Fuente: Noticias de la Ciencia y la Tecnología.

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