Cuando un enorme asteroide impactó contra la Tierra hace unos 66 millones de años, las consecuencias fueron devastadoras. El evento de Chicxulub alteró el clima, interrumpió las cadenas alimentarias y contribuyó a una extinción masiva que acabó con aproximadamente tres cuartas partes de las especies del planeta, incluidos todos los dinosaurios no avianos.
Pero aquella catástrofe también creó una oportunidad evolutiva extraordinaria. Los mamíferos no aparecieron después del impacto: llevaban más de 100 millones de años coexistiendo con los dinosaurios. Lo que cambió fue el mundo que encontraron después.
Los dinosaurios desaparecieron y dejaron miles de nichos vacíos
Durante el Mesozoico, la mayoría de los mamíferos eran animales relativamente pequeños. Había una diversidad considerable de formas y estilos de vida, pero los grandes nichos terrestres estaban dominados fundamentalmente por dinosaurios.
Después de la extinción del límite Cretácico-Paleógeno, esa estructura ecológica se derrumbó.
Desaparecieron grandes herbívoros y depredadores, dejando disponibles enormes cantidades de alimento, territorio y oportunidades ecológicas. Los mamíferos supervivientes pudieron empezar a ocupar espacios que anteriormente estaban dominados por otros grupos.
Su pequeño tamaño probablemente fue una ventaja durante la crisis inicial. Necesitaban menos alimento y muchas especies podían consumir insectos, semillas u otros recursos relativamente resistentes al colapso de las plantas. Algunos mamíferos también tenían hábitos excavadores o utilizaban refugios, características que pudieron ayudarles a sobrevivir a las condiciones extremas inmediatamente posteriores al impacto.

Después llegó una explosión de formas y tamaños
Cuando los ecosistemas comenzaron a recuperarse, los mamíferos iniciaron una espectacular diversificación.
El cambio se observa claramente en el tamaño corporal. Durante millones de años habían permanecido principalmente en dimensiones modestas, pero después de la desaparición de los dinosaurios el límite superior de tamaño aumentó rápidamente. El registro fósil muestra una expansión casi exponencial del tamaño máximo de los mamíferos terrestres durante el Cenozoico temprano.
No fue simplemente una carrera por hacerse grandes.
También evolucionaron nuevas dietas, formas de locomoción y anatomías. Aparecieron especies especializadas en comer plantas, carne, frutas o insectos, mientras otras se adaptaban a vivir en árboles, correr por espacios abiertos o excavar bajo tierra.
Con el tiempo, esta radiación terminaría originando la enorme variedad de mamíferos que conocemos actualmente.
Una historia algo más complicada de lo que parecía
Durante décadas, los paleontólogos han debatido exactamente cuándo comenzó la diversificación de los mamíferos placentarios.
Los análisis moleculares indican que algunos de sus grandes linajes probablemente ya se habían separado antes del impacto. Sin embargo, el registro fósil y estudios más recientes sugieren que muchos de los grupos modernos experimentaron su gran expansión justo después de la extinción. Un análisis publicado en Current Biology en 2023 situó el origen de los placentarios en el Cretácico tardío, pero encontró que numerosos órdenes modernos surgieron alrededor o después del límite K/Pg.
Eso convierte al asteroide en algo más que el verdugo de los dinosaurios.
No creó a los mamíferos ni garantizó automáticamente su éxito. Pero eliminó muchas de las restricciones ecológicas que habían condicionado su evolución durante millones de años.
La extinción fue una catástrofe para innumerables especies, pero para los mamíferos supervivientes también significó la apertura repentina de un planeta lleno de oportunidades. De aquella transformación surgirían, millones de años después, elefantes, ballenas, murciélagos, primates y, finalmente, nosotros.